Nueva York

Hacerse con los estados clave. Esa máxima de la política de Estados Unidos dominará gran parte de las campañas de Hillary Clinton y Donald Trump en la recta final hacia la contienda del próximo 8 de noviembre, en la cual los dos candidatos dedicarán todos sus esfuerzos en alcanzar el “número mágico” de 270 votos en el colegio electoral, el cuerpo que elegirá al próximo presidente de Estados Unidos.

En Estados Unidos, la elección presidencial es indirecta. Más allá de qué candidato obtenga más papeletas en las urnas, el presidente es elegido por un órgano que integran 538 delegados provenientes de los 50 estados del país. En cada estado, el candidato que gana, aunque sea por un voto, se queda con todos los delegados de ese estado. Los estados más poblados, como California, Texas o Nueva York tienen más delegados que los menos poblados, como Wyoming o Kansas. Los delegados luego concurren al colegio electoral y votan de manera similar a los diputados en un parlamento al elegir un primer ministro en una democracia parlamentaria.

Las encuestas le brindan una clara ventaja a Clinton en el colegio electoral, y en un año electoral que no encuentra parangón en la historia moderna del país, algunos sondeos sugieren que tiene posibilidades de quedarse con bastiones republicanos, como Georgia y Arizona, o, incluso, Texas.

La delantera de los demócratas en el sistema político norteamericano está arraigada en la historia, el presente demográfico del país y el atípico escenario político creado por Trump.

En las últimas seis elecciones presidenciales desde 1992, cuando Bill Clinton derrotó a George H.W. Bush, los demócratas ganaron en 18 estados y el Distrito de Columbia. Esos estados representan 242 votos en el colegio electoral, un colchón que algunos expertos han bautizado la “pared azul”.

Este año, la elección presidencial tendrá el electorado más diverso en la historia: casi uno de cada tres votantes pertenecerá a una minoría, ya sea hispano, negro, asiático u otra minoría racial o étnica, todos los rincones del electorado donde los demócratas miden mejor que los republicanos -y Clinton mide mucho mejor que Trump.

Esa creciente diversidad encierra un problema para los republicanos: para contrarrestarla, necesitan un mayor respaldo entre los votantes blancos. Pero Stuart Stevens, estratega de Mitt Romney en su campaña de 2012, ha recordado a EL ESPAÑOL que Trump aparece peor posicionado ahora entre las mujeres blancas y los blancos con título universitario. “Trump mide peor con las mujeres, los votantes educados y los hispanos”, asegura el experto.

Sobran números, y todos pintan el mismo panorama. El promedio de encuestas del sitio RealClearPolitics le otorga a Clinton 229 delegados, y, a Trump, 154, con otros 155 delegados en juego en los llamados “swing states”, donde se define la elección presidencial. En el pronóstico del New York Times, Clinton obtiene 248 delegados; Trump, 111, y hay otros 179 en disputa en 13 estados. El modelo estadístico de FiveThirtyEight, de Nate Silver, quien pronóstico el resultado de las dos últimas elecciones, predice que la demócrata conseguirá más de 300 delegados el 8 de noviembre próximo. Otros modelos, como el de la Universidad Princeton, muestran un escenario similar.

En muchos estados en disputa, como Florida, Nevada, Arizona, Colorado, Virginia o Carolina del Norte, el voto latino es crucial. Los demócratas apuestan a que los hispanos, movilizados por el discurso xenofóbico y racista de Trump, votarán en una mayor proporción a la de elecciones anteriores, y le darán a Clinton una ventaja decisiva en varios “swing states”.

Para Thomas Mann, investigador de la Brookings Institution, la diferencia que mantiene Clinton en los sondeos de opinión ya no refleja sólo un “salto temporal” tras las convenciones partidarias, que se realizaron a fines de julio, sino una “medida precisa” de la ventaja respecto de Trump en la carrera presidencial.

¿TEXAS DEMÓCRATA?

La última gran encuesta, del Washington Post y SurveyMonkey, líder global en encuestas por Internet, a más de 74.000 votantes registrados en todo el país, soltó una bomba: en Texas, bastión republicano, Clinton tiene el respaldo del 46% de los votantes, contra un 45% de Trump. En Georgia, las encuestas marcan un virtual empate. Lo mismo ocurre en Arizona.

El Dallas Morning News, diario de peso en Texas, ha pedido el voto para la demócrata para presidente, algo que no ocurría "desde antes de la Segunda Guerra Mundial". "Hemos criticado el manejo que ha hecho Clinton de algunos asuntos; pero a diferencia de Donald Trump, Hillary Clinton tiene experiencia en el gobierno, un historial de servicio público y disponibilidad para adentrarse en la verdadera política.", reza un editorial del miércoles.

Clinton había dicho en una entrevista en mayo con New York Magazine que si los negros y los hispanos votaban en altas proporciones podría llegar a quedarse con Texas y extender la ventaja en el colegio electoral. Stevens dijo es “difícil”, pero no lo descartó. “Todo es posible. Trump es un candidato singularmente débil”, ha dicho Stevens.

Con todo, las encuestas sobre el “voto popular” y los “swing states” han oscilado. Clinton mantiene una ventaja, pero menor a la de hace unas semanas. Aún faltan todos los debates presidenciales, y quedan dos meses de campaña por delante. Clinton y Trump son los dos candidatos más impopulares de la historia y la mayoría de los estadounidenses no confía en ninguno de ellos.

Trump no sólo debe conquistar Ohio, uno de los estados más relevantes en las elecciones, si quiere tener una posibilidad de alcanzar la Casa Blanca. Su estrategia, muy enfocada en movilizar a los votantes blancos con bajo nivel educativo, aspira a conquistar estados como Pensilvania, Michigan y también Virginia con su mensaje en contra del libre comercio, la reindustrialización del país y la protección de las minas de carbón.

Noticias relacionadas