Una organización opaca conocida como Canary Mission ha generado una ola de inquietud en los campus universitarios de EEUU tras publicar una lista de estudiantes y académicos extranjeros a los que acusa de antisemitismo y activismo antiisraelí, como informó The New York Times.
La publicación coincide con una intensificación de las políticas migratorias del Gobierno de Donald Trump, que en marzo firmó una orden ejecutiva para combatir el antisemitismo en las universidades, y ya ha derivado en múltiples detenciones.
La nueva sección del sitio web de Canary Mission, titulada "Desenmascarando a extranjeros", fue lanzada el 24 de marzo y señala a 7 personas -entre ellas 3 profesores actuales o anteriores de la Universidad de Columbia- como posibles candidatos a la deportación.
El grupo sostiene que su misión es "exponer el odio contra EEUU, Israel y los judíos en los campus de América del Norte".
Los perfiles publicados en esta lista incluyen fotografías, historiales académicos y supuestas pruebas de actividades antiisraelíes, como columnas de opinión, participación en protestas o vínculos con organizaciones propalestinas.
Algunos de los señalados ya habían sido detenidos o amenazados por las autoridades migratorias antes de aparecer en la web, lo que ha desatado interrogantes sobre si esta organización oficiosa está sirviendo como fuente informal para las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Aunque el Departamento de Estado ha evitado comentar si utiliza estas listas para tomar decisiones sobre visados, abogados y activistas ven coincidencias demasiado precisas: "Es evidente que hay una conexión, aunque sea indirecta", apunta Jonathan Wallace, abogado de uno de los afectados. Y añade: "Canary Mission actúa como un depredador en este ecosistema de persecución ideológica".
Uno de los casos más emblemáticos es el de Rumeysa Ozturk, una estudiante de posgrado turca en la Universidad de Tufts. Su nombre, fotografía y currículum aparecieron en la web de Canary Mission a principios de marzo, tras haber coescrito un artículo en el periódico estudiantil en el que criticaba la respuesta institucional frente a la guerra en Gaza.
El 25 de marzo, agentes federales la arrestaron mientras caminaba por Somerville, Massachusetts. Iba camino a romper el ayuno del Ramadán con amigos. La escena, captada en vídeo y difundida ampliamente, ha sido comparada con tácticas represivas propias de regímenes autoritarios.
Otro caso que alimenta las sospechas es el de Momodou Taal, estudiante británico-gambiano en la Universidad de Cornell. La organización sionista Betar -que colabora con Canary Mission y ha sido calificada como extremista por la Liga Antidifamación- emitió una "alerta de deportación" contra Taal el 13 de marzo.
Un día después, el Departamento de Estado revocó su visado. Taal anunció poco después que abandonaba su lucha legal para quedarse en EEUU y se marchaba del país.
Betar ha afirmado públicamente haber enviado al Gobierno una lista con 3.000 nombres de inmigrantes a los que acusa de "apoyar el terrorismo", en referencia a supuestas muestras de respaldo a Hamás.
Aunque la organización rechaza las acusaciones de islamofobia, su historial de acoso en internet y el lema "Cada judío, un .22" -en referencia a un arma de fuego- han sido objeto de duras críticas.
La falta de transparencia de Canary Mission añade un componente aún más inquietante. A diferencia de las organizaciones sin ánimo de lucro, no tiene estatus fiscal reconocido ni presenta declaraciones sobre su estructura, financiación o ubicación.
Se sabe que ha recibido donaciones de fundaciones judías, como una contribución de 50.000 dólares del empresario Michael Leven, exdirector de operaciones de la cadena de hoteles Las Vegas Sands. Leven justificó sus donaciones afirmando que quería ayudar a "identificar antisemitas" y "sacar a la luz su odio".
A lo largo de una década, Canary Mission ha creado más de 2.000 perfiles públicos, no solo de inmigrantes, sino también de ciudadanos estadounidenses. Profesores y estudiantes judíos críticos con el Gobierno de Israel también figuran entre los señalados.
Muchos temen por su reputación profesional. Las entradas del sitio suelen aparecer entre los primeros resultados en buscadores como Google.
Para el profesor Zachary Lockman, especialista en estudios de Oriente Medio e islámicos en la Universidad de Nueva York, estas campañas de señalamiento forman parte de una ofensiva ideológica de larga duración: "Esto lleva años ocurriendo, pero desde el ataque de Hamás del 7 de octubre y con Trump en el poder, se ha intensificado radicalmente", advirtió.
Andrew Ross, colega de Lockman en NYU, también figura en la lista. Denuncia haber recibido amenazas de muerte, campañas para que lo despidieran y mensajes intimidatorios durante años.
Algunos, bajo esta presión, han llegado a retractarse públicamente de su activismo y son trasladados a una sección del sitio como "ex Canaries", a modo de penitencia simbólica.
En 2018, la Asociación de Estudios de Oriente Medio publicó un informe titulado "Exposing Canary Mission", en el que denunciaba "manipulación, omisiones, citas fuera de contexto y culpas por asociación".
El decano de Derecho de Berkeley, Erwin Chemerinsky, también se sumó a las críticas en 2023, alertando del daño "enorme" que estos archivos causan a los estudiantes.
Para muchos en el mundo académico, el fenómeno de Canary Mission representa un peligroso retroceso: listas negras digitales que evocan la era del macartismo, ahora con un clic.
