Joana Rei Cristina Pita

Lula da Silva y Jair Bolsonaro se enfrentan este domingo para decidir quién ocupará el Palacio del Planalto durante los próximos cuatro años. Hay nueve candidatos más, pero la lucha se hace en un mano a mano entre dos viejos rivales. La polarización, que parecía no poder escalar más después de los comicios del 2018, ha subido de tono en los últimos años y tres de cada cuatro votantes temen sufrir agresiones a cuenta de sus posiciones políticas. 

Bolsonaro, enarbola un discurso 'trumpista', pone en tela de juicio el voto electrónico y no deja claro si aceptará el resultado de una posible derrota. Lula parte como favorito en todos los sondeos, y tilda de “genocida” a su oponente por su gestión de la pandemia.

Una "lucha del bien contra el mal" y de "la democracia contra el fascismo" son los motes que enmarcan las elecciones de este domingo. En contra de lo que suele ser habitual, puede incluso que de esta primera ronda salga el ganador. De no ser así, los dos se verían las caras de nuevo, el 30 de octubre

Protagonistas

Lula da Silva

No se sabe cuántas vidas puede tener el político brasileño. En 2018, a pocos meses de las elecciones presidenciales, Lula cayó en desgracia, ingresando en la cárcel por el megacaso de corrupción Lava Jato. La sentencia le condenó a 12 años de cárcel y le inhabilitó para el ejercicio de cualquier cargo político. Entonces, Lula, que partía como el gran favorito a las elecciones, tuvo que retirarse de la carrera electoral, nombrar a un sucesor y asistir como Fernando Haddad, su delfín, perdía las elecciones para Jair Bolsonaro. Desde la cárcel, Lula siempre clamó inocencia y dijo ser víctima de una persecución política. El tiempo y la Justicia han terminado por darle la razón. 

En marzo del año pasado, el Tribunal Supremo de Brasil anuló todas sus condenas y revocó su inhabilitación para ejercer cargos políticos al considerar que el Tribunal de Curitiba, liderado por Sérgio Moro, no tenía competencias para juzgar los casos. Más, en junio del mismo año, el Supremo dictaminaba también que Sérgio Moro, el juez que condenó a Lula, el héroe anticorrupción del país, había actuado de forma parcial, y "estaba predispuesto contra Lula".

Brasil encuesta

El líder del Partido de los Trabajadores salió de la cárcel y en julio de este año anunció su candidatura a las presidenciales de este domingo, para "recuperar la democracia" en el país. A pocos días de las votaciones lidera las encuestas con 50% de la intención de voto y parece poco probable que no sea suya la silla en el Palácio del Planalto.

Jair Bolsonaro

Con él, la extrema derecha volvió a los mandos de Brasil. Este excapitán del ejército, que alababa la dictadura militar en su discurso, metió al Ejército en las instituciones y liberalizó la posesión de armas entre los ciudadanos. Sus cuatro años de Gobierno han estado terriblemente marcados por la gestión de la Covid-19. La "gripecita" sin importancia que acabó por matar a más de 680.000 brasileños mientras el presidente del país se negaba a confinar a sus ciudadanos porque "tenían que trabajar", desalentaba el uso de las mascarillas, al citar -como información falsa- que las víctimas de la gripe española murieron más por usar máscaras que por la gripe, y negaba la eficacia de las vacunas, señalando una falsa relación entre la vacuna de la Covid y el riesgo de contraer VIH. 

Entremedias, ha instalado el discurso 'trumpista' de desconfianza hacía el voto electrónico y un supuesto fraude en las elecciones que ni siquiera se han realizado aún. Su popularidad ha caído en estos cuatro años de legislatura y los sondeos le dan una intención de voto del 33%. De confirmarse, queda por ver si aceptará los resultados o intentará algún "golpe" al estilo de Trump para intentar revertir la derrota.

Sondeo septiembre | Porcentaje de voto a las elecciones presidenciales de 2022

Fuente: Datafolha | 30 de septiembre de 2022 | Otros partidos (3%)

Sérgio Moro

Durante este año su candidatura a la presidencia de la República se dio como cierta, pero, al final, su presencia política en la papeleta se limita a una posición en el Senado por el estado de Paraná. Pero es un personaje ineludible en este ciclo electoral. Sin él, Lula no habría sido condenado a 12 años de cárcel, pena que trajo también la inhabilitación política del líder del PT. Y de haber sido candidato, Bolsonaro no hubiese ganado las elecciones con casi total seguridad. 

Además, tras la toma de posesión del ultraderechista, Moro aceptó integrar su Gobierno en un superministerio formado por la unión del Ministerio de Justicia con el de Seguridad Pública, por lo que tenía a su cargo la Policía Federal también. Moro pasaba, así, del "jamás entraré en política" pronunciado en 2016, a ocupar uno de los cargos más importantes del Gobierno.

Sin embargo, el idilio con Bolsonaro duraría poco y, en abril de 2020, Sérgio Moro anunciaba su dimisión. El juez sugirió que existían "interferencias políticas" en la lucha contra la corrupción, entre ellas la decisión de Bolsonaro de destituir de la dirección de la Policía Federal a Mauricio Valeixo, un hombre de la plena confianza del ministro. En su discurso, Moro acusó también a Bolsonaro de intentar interferir en el trabajo de la Policía Federal. 

Mientras el Tribunal Supremo anulaba la condena de Lula y le acusaba de falta de imparcialidad, el exjuez ingresó en el partido Unión Brasil y en el aire estaba una posible candidatura a la presidencia que al final no se confirmó. Pero su sombra acecha en todos los rincones de la historia política del país de los últimos cuatro años.

Otros candidatos

Vera Lúcia (Partido Socialista de los Trabajadores Unificados)

Es una de los dos candidatos negros de estas elecciones y se presenta a la presidencia por segunda vez, tras estrenarse en 2018. Es cofundadora del partido y, a sus 54 años, se ha presentado a las alcaldías de São Paulo y Aracaju. Es licenciada en Ciencias Sociales y fue directora de los sindicatos Central Única de los Trabajadores y Federación Nacional de los Trabajadores del Textil.

Leo Péricles (Unidad Popular)

Junto con Vera Lúcia es el otro candidato negro en estas elecciones. De hecho, toda su lista electoral está compuesta por personas negras. Tiene 40 años, es mecánico de profesión y entró en la política a través del movimiento estudiantil. Fue uno de los líderes del Movimiento contra la realización del Mundial de Brasil en 2014.

Sofia Manzano (Partido Comunista Brasileño)

Se presenta por segunda vez a las presidenciales por el partido en el que está afiliada desde 1989. A sus 51 años, Manzano es economista y profesora universitaria y fue presidenta de la Unión de la Juventud Comunista.

Ciro Gomes (Partido Democrático Laborista)

Es su cuarto intento de llegar a la presidencia. Con 64 años, abogado y profesor universitario, Gomes empezó la carrera como diputado del estado de Ceará antes de ser elegido como alcalde de la capital, Fortaleza, cargo que ocupó en 1989 y 1990. Fue Gobernador del Estado entre 1991 y 1994 y ocupó el cargo de ministro de Hacienda en 1994, en el Gobierno de Itamar Franco, y ministro de la Integración Nacional en el Gobierno de Lula, entre 2003 y 2006. Del 2007 al 2011 fue diputado federal.

Fuente: Folha de S.Paulo | Elaboración propia | Partidos

Simone Tebet (Movimiento Democrático Brasileño)

Abogada y profesora universitaria de Derecho, Tebet es senadora, cargo que ocupa desde 2015 y empezó su carrera política en 2002, como diputada del estado de Mato Grosso do Sul. Fue alcaldesa de la ciudad de Três Lagoas por tres mandatos, antes de ser elegida como vicegobernadora del Estado. 

Felipe D'Ávila (Novo)

Politólogo y especialista en Administración pública, Felipe D’Ávila se estrena como candidato en estas elecciones, a los 58 años. En 2008 fundó el Centro de Liderazgo Público, una plataforma sin fines de lucro dedicada a la formación de líderes políticos.

Padre Kelmon (Partido Laborista Brasileño)

Cura ortodoxo, líder del Movimiento Cristiano Conservador, se presenta a sus primeras elecciones. Es un seguidor de Bolsonaro que ha hablado en manifestaciones a favor del presidente e incluso le ha demostrado su apoyo en los recientes debates en campaña electoral. 

Soraya Thronicke (Unión Brasil)

Es la primera vez que disputa el puesto del Palacio del Planalto tras ser nombrada por el partido, al desistir su primer candidato, Luciano Bivar. Tiene 49 años y es senadora, cargo para el que fue elegida en 2018. Abogada y empresaria, empezó a hacerse notar en política en las protestas contra la expresidenta Dilma Rousseff.

José Maria Eymael (Democracia Cristiana)

Se presenta a las elecciones por sexta vez, a sus 82 años, el candidato más veterano. Fue diputado federal entre 1986 y 1995 por el estado de São Paulo y se presentó a la alcaldía de la ciudad cuatro veces, aunque sin éxito.   

Las claves

Polarización

Si en 2018 se dijo que esas eran las elecciones más polarizadas de siempre, estos comicios han conseguido superar el ambiente de tensión vivido entonces. Pese a que hay 11 candidatos, las elecciones se decidirán en torno a dos: Lula o Bolsonaro. Los discursos han subido de tono y en los mítines electorales las críticas, más que al adversario, se hacen frente a un enemigo político irreconciliable. Si Bolsonaro habla de estas elecciones como "una lucha del bien contra el mal", Lula ha dicho que "si alguien está poseído por el diablo ese es Bolsonaro" a quién tildó de "genocida" por su gestión de la Covid. 

Y mientras los candidatos inflan los discursos, las calles se inflaman. Según una encuesta de Datafolha, tres de cada cuatro votantes temen ser víctimas de agresiones por motivos políticos. De hecho, a inicios de este mes, un seguidor de Lula fue apuñalado por un seguidor de Bolsonaro tras una discusión. Y, en julio, un militante del Partido de los Trabajadores fue asesinado a tiros por un policía que irrumpió en su cumpleaños al grito de "Aquí somos de Bolsonaro".

Bolsonaro niega responsabilidades en el incremento de la violencia, pero su discurso, hablando de fraude electoral aún antes de las votaciones, no ayuda a serenar los ánimos: "Cuando él dice que sólo aceptará el resultado de las elecciones si son limpias y ataca a las urnas electrónicas y el tribunal superior electoral, él ya está estableciendo un tumulto previo", sintetiza Marco Teixeira, politólogo e investigador de la Fundación Getúlio Vargas.

Resultados de las elecciones presidenciales de 2018 en primera y segunda vuelta

Voto útil

Ante la amenaza de que Bolsonaro revalide su mandato, ha surgido una fuerte campaña por el voto útil, "sobre todo los que tienen una posición contra el actual presidente de la República, incluso sin apoyar a Lula", explica Teixeira. Es el caso del expresidente Fernando Henrique Cardoso, que ha defendido "un voto prodemocracia". 

"Pido a los electores que voten en quien está comprometido con la lucha contra la pobreza y la desigualdad, quien defiende los derechos iguales para todos, independientemente de su raza, género y orientación sexual, quien se enorgullece de la diversidad cultural y la nación brasileña, valora la educación y la ciencia y está empeñado en preservar nuestro patrimonio ambiental, el fortalecimiento de las instituciones que aseguran nuestras libertades y el restablecimiento del papel histórico de Brasil en el contexto internacional", ha dicho el expresidente en un comunicado que fue interpretado como una petición al voto por Lula.

"No se trata solo de Henrique Cardoso, también algunos de los exministros de Bolsonaro, y hasta un jurista que hizo campaña por el impeachment de Dilma, abogan por decidir las elecciones en la primera vuelta. Eso viene fortaleciendo la campaña de Lula, que subió dos puntos y la posibilidad de no tener una segunda vuelta no es descabellada. Podemos decidir las elecciones en el primer turno", insiste Teixeira.

De hecho, el sondeo de Datafolha, del 29 de septiembre, daba a Lula un 50% de los votos, mientras que Bolsonaro no pasaría de los 36%, ampliando así las posibilidades de Lula de ganar las elecciones sin necesitar pasar por la segunda vuelta.

Indecisos

Según el sondeo de Datafolha, cerca de 81% de los votantes ya tiene decidido su voto. Una masa suficiente para decidir las elecciones, pero, cuando nos centramos en una posible victoria en la primera vuelta, ese 19% de indecisos podría ser clave. De ese mismo sondeo se extrae otro dato importante, que es que 11% de los votantes afirman poder cambiar su voto en la primera vuelta para el que esté en primero en los sondeos y, así, imponer el voto útil. Sobre todo en el caso de los que nunca votarían Bolsonaro.

"Este votante, que podría estar pensando en votar en Ciro Gomes o Simone Tebet y llevar las elecciones a la segunda vuelta, ahora a lo mejor se está asustando con la posición de Bolsonaro", asegura. Esta posición se confirma con los datos de Datafolha, que señalan que uno en cada cinco electores de estos candidatos estarían dispuestos cambiar de voto para Lula.

La mayor parte del electorado indeciso son mujeres y votantes con menos estudios y rentas más bajas, de las regiones del sur y suroeste brasileño. Un electorado tendencialmente más afín a Lula que podría facilitar su victoria ya el 2 de octubre. Además, Bolsonaro es el candidato con mayor índice de rechazo, que oscila entre el 55% y el 60%, por lo que una victoria sorpresa, que contradiga los sondeos, es muy poco probable.

"Bolsonaro mantiene a su electorado fiel, esos 30% de seguidores pero no suma votos fuera de su equipo, de su burbuja y eso le va a derrotar inevitablemente", dice el politólogo. Incluso, insiste, si las elecciones terminan decidiéndose en una segunda vuelta. "Son dos semanas más de campaña, es un tiempo muy corto para conseguir cambiar las cosas. Todas las encuestas muestran que los electores de Lula y Bolsonaro, en un 80%, tienen su decisión tomada y no van a cambiar nada, la lucha es por el porcentaje residual".