Buenos Aires

Los gritos de “Alberto, presidente” todavía resuenan en las calles de Buenos Aires. El que fuera jefe de gabinete de Néstor Kirchner de 2003 a 2007 se impuso el domingo al actual presidente Mauricio Macri por más de 8 puntos de diferencia y este mismo lunes ya se despertaba con una montaña de tareas pendientes a las que tendrá que enfrentarse más pronto que tarde. Problemas mucho más importantes que el debate del que se hacía eco una parte de la prensa argentina de si la pareja de Alberto Fernández, la periodista Fabiola Yáñez, puede ser o no dama de honor sin estar casados. Y eso que su investidura no será hasta el próximo 10 de diciembre.

Posiblemente el primer reto que tenga Fernández como presidente sea el de ser presidente. Son muchas las voces que creen que en el fondo será su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, presidente entre 2007 y 2015, la que realmente mandará. Así, si en 1973 se popularizó la expresión “Cámpora al gobierno, Perón al poder” porque este último no podía presentarse a las elecciones al estar en el exilio, hay quienes ven en el tándem ‘Fernández-Fernández’ la misma situación, aunque no por imposibilidad de presentarse sino por tacticismo electoral.

Por ello, las primeras decisiones de Alberto Fernández podrían ir encaminadas a mostrar su fuerza dentro de una coalición amplia donde el sector más ‘cristinista’ no es el centro de la ecuación, pero sí que dispone de importantes resortes. La elección de ministros será en este sentido clave. Fuentes cercanas al Frente de Todos (la coalición electoral peronista) señalan que el presidente electo “no será para nada un títere porque ahora quien va a tener el poder real es él, no sólo por ser presidente, sino porque es quien puede tejer alianzas con gobernadores y futuros nombramientos”.

Delicada transición

El siguiente escalón que tendrá que subir será la propia transición de poder con el actual presidente, Mauricio Macri. Las relaciones no son buenas y la distancia ideológica es obvia, dos hechos que no facilitan el cambio de ciclo. Hasta el 10 de diciembre Macri seguirá siendo presidente y no querrá perder la oportunidad de mantener al máximo posible su popularidad. De hecho, el 40% de las urnas son un resultado mejor del que pronosticaban las encuestas y muy meritorio dada la situación del país, lo que podría suponer una base importante sobre la que construir el futuro.

Ese futuro hipotético a dos años vista de la renovación de la mitad de las cámaras o a cuatro de una elección presidencial todavía lejana pueden hacer que el presidente saliente no tome todas las medidas impopulares que podría necesitar el país en estos momentos. De momento, el Banco Central ha anunciado una limitación de 200 dólares al mes en el mercado cambiario para evitar que el precio de las divisas extranjeras se disparen a cotas insospechadas. Pero esa es una medida de un ente relativamente autónomo, falta saber si el gobierno la acompañará de alguna manera o si acordará algo con Alberto Fernández para hacer este mes y medio lo más dirigible posible.

En las últimas semanas se ha criticado mucho que Mauricio Macri no haya tomado alguna medida para frenar la venta de reservas internacionales que se han visto menguadas desde las primarias de agosto y que muchos acusan a un fin electoralista para evitar un dólar todavía más alto. Así, posiblemente la llegada de Fernández coincidirá con unas reservas bajo mínimos a los que deberá responder con medidas contundentes como las planteadas ya por el Banco Central.

En esta transición también se enmarca la capacidad de Fernández y su equipo de poder tranquilizar a los mercados internacionales y ganarse su confianza. Los vientos de desconfianza que podrían soplar según auguran las grandes consultoras, entidades financieras, compañías multinacionales o los llamados ‘inversionistas’ agravarían la ya maltrecha economía argentina dejándola al borde de la UCI.

Renegociar la deuda



Pero sin duda uno de los retos más complicados que tendrá que afrontar el que fuera jefe de gabinete de Néstor Kirchner será la deuda. En primer lugar, en los próximos meses debe hacerse efectivo el último envío del FMI de 5.400 millones de euros correspondientes al rescate firmado por Macri en 2018 de 56.000 millones. Sin embargo, el Fondo Monetario lleva advirtiendo las últimas semanas que hasta que no negocie un plan de pago con el futuro presidente electo no haría la entrega. Esa será una de las primeras negociaciones de Fernández y su equipo ante la necesidad de liquidez.

Otra será cómo afrontar el pago de los recibos que comienzan a llegar a Argentina. En los próximos cuatro meses vencen más de 15.000 millones de dólares en una situación complicada para el país latinoamericano. Durante la campaña Fernández habló del ‘modelo uruguayo’, una ampliación en el tiempo de pago sin cobro extra de intereses, y que funcionó en el país vecino. Otros dentro de la coalición apuestan por una fórmula más cercana a la que llevó a cabo el gobierno de Néstor Kirchner y realizar una deuda. Financial Times avisaba de una posible quita del 40% en algunos bonos.

A esto se añade una situación social dramática con un 35% de pobreza, una tasa de paro récord en las últimas décadas y una inflación que no deja de crecer. Los tres elementos pueden actuar como fichas de dominó y una mala decisión en torno a uno de ellos podría empeorar la situación de los otros dos datos. Así, Fernández y su equipo deberán establecer si en los próximos meses la prioridad es crear empleo, dar una cobertura básica a la población o controlar los precios para que la población no se empobrezca más.

Roces con Bolsonaro



Por último, y no menos importante, el abogado de 60 años también deberá mirar hacia el exterior. En un momento en el que América del Sur vive en tensión y con numerosos cambios las relaciones internacionales jugarán un papel clave en el devenir de Argentina y de organismos como Mercosur, Unasur o el llamado Grupo de Lima.

De los cinco países con los que comparte fronteras, solo en Paraguay hay una situación de calma. Con Brasil, principal socio argentino, la relación ha empezado mal. Bolsonaro ya ha amenazado con sanciones tras la victoria de Fernández que en su primer discurso, el presidente electo pidió la liberación del ex mandatario Lula Da Silva. Chile se encuentra en medio de protestas, Evo Morales está acusado de manipulación electoral en Bolivia y la izquierda uruguaya podría perder el poder en la segunda vuelta de las elecciones tras 15 años en el poder.

A todo lo anterior habría que sumarle la polémica que siempre suscita Venezuela y las Malvinas así como la relación con las principales corporaciones mediáticas argentinas que ya tuvieron grandes disputas durante el mandato de Cristina Fernández de Kirchner. Nada mal para llevar 24 horas siendo elegido y faltar todavía un mes y medio para ser investido presidente.

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