El 23 de enero de 1958 un golpe militar acabó con la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. No es casualidad que, este miércoles, en la misma fecha pero con 61 años de diferencia el régimen chavista de Nicolás Maduro se haya asomado al abismo con otros protagonistas y otras maneras. 

La oposición venezolana, neutralizada e incompareciente desde la imposición de la Asamblea Constituyente en verano de 2017, ha puesto a Maduro en el alambre con un golpe de efecto de consecuencias imprevisibles. El recién designado presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, ha sido el encargado de personificar el desafío al aparato chavista con su jura como presidente encargado o interino de Venezuela. 

Las protestas en la calle le han costado, por ahora, la vida a 16 personas, según la Comisión Interamericana. La ONG OVCS detallaba algunas de esas muertes: tres personas en Caracas, otras tres en el estado llanero de Barinas (oeste), dos más en cada una de las regiones sureñas de Amazonas y Bolívar, otras dos en el estado de Táchira, fronterizo con Colombia, y una en el estado occidental de Portuguesa.

Una fuente de la Fiscalía había dicho antes a Efe que se investigaban seis muertes en escenarios de protestas y que en la parroquia de Sucre, en el oeste de Caracas, dos personas perdieron la vida en las últimas horas "en hechos que no involucran a funcionarios del orden público" y que ya estaban siendo investigados por fiscales

Respaldado por la mayoría opositora de la cámara y arropado por una masiva manifestación en varios puntos del país, Guaidó está dispuesto a asumir las funciones de la presidencia de forma interina para encabezar una suerte de transición democrática. El objetivo último es celebrar unas elecciones libres. Su proclamación exprés se apoya en la interpretación del artículo 233 de la Constitución venezolana. Esto es lo que dice el artículo de marras y en este enlace puedes consultarlo íntegro:

"Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: su muerte, su renuncia, o su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia; su incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional; el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato. [... ] Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional" 

"Hoy más que nunca necesitamos organización y reconocernos entre nosotros. Hoy hemos logrado nuestro objetivo. ¡Vamos bien Venezuela!", ha proclamado en su Twitter Guaidó poco después de 'tomar posesión'. 

Los reconocimientos de la comunidad internacional se sucedieron en segundos tras la declaración de intenciones de Guaidó. La postura de los EEUU de Donald Trump, que lo ha proclamado al instante como el "presidente legítimo" ha dado empuje a la oposición, que se ha lanzado a la calle a celebrar. Las manifestaciones han devenido en enfrentamientos entre policía y manifestantes. Tras la instantánea reacción de la Casa Blanca, países como Brasil, Chile, Colombia o Argentina han secundado al presidente interino. México y otros países de la órbita chavista han mantenido su postura mientras que la UE ha preferido hacer una declaración de mínimos que elude reconocer la legitimidad del presidente interino y se limita a pedir elecciones libres. 

El ministro de Exteriores español, Josep Borrell, ha llamado a "no hacer seguidismo" y ha apelado a que la Unión Europea adopte una posición común ante la nueva situación. 

Al otro lado del Atlántico, el cierre de filas de EEUU con Guaidó parece férreo y total. "Si Maduro y sus compinches eligen responder con violencia, dañar a cualquiera de la (AN) Asamblea Nacional o a otros responsables elegidos debidamente tenemos para adoptar todas las opciones encima de la mesa", ha declarado un alto funcionario de Washington a la agencia Efe. 

El papel del Ejército

La alta tensión que se ha desencadenado este 23 de enero de 2019 sólo se explica con el choque de legitimidades que chavismo y oposición llevan fraguando desde hace años. El aparato del Gobierno de Maduro no reconoce la legitimidad del Parlamento (Asamblea Nacional) desde hace años y resolvió la disputa imponiendo a las bravas una Asamblea Constituyente. Un órgano diferente al poder ejecutivo y al legislativo, con poderes "plenipotenciarios" y en teoría superior a la voluntad de Maduro. 

La oposición venezolana y buena parte de la comunidad internacional no reconocieron la legitimidad de esta Asamblea y tacharon de "fraude colosal" las elecciones que la formaron. Unos comicios en los que hubo un millón de votos fantasma y que estuvieron precedidos de semanas de manifestaciones con varias víctimas mortales. 

El mutuo desconocimiento de ambos bandos y la alta tensión en las calles ha convertido de nuevo Venezuela en un polvorín al borde de una guerra civil. El Ejército será clave en el mantenimiento del orden y en el futuro inmediato del país y de sus dos presidentes

"Los cuadros de arriba están comprometidos con Maduro. Los mandos intermedios o bajos, los que pasan hambre y están oprimidos, pueden dejar de obedecer órdenes arbitrarias para no estar comprometidos ante la nueva situación", advierte a EL ESPAÑOL una fuente conocedora del Ejército venezolano.  

Por lo pronto, Nicolás Maduro rompe las relaciones diplomáticas con Washington y ha dado 72 horas para que todos los trabajadores de la embajada estadounidense abandonen Venezuela. En paralelo, la maquinaria legal del Tribunal Supremo (controlado por el chavismo) se ha puesto en marcha para "tomar medidas de manera inmediata" ante la "conducta delictiva" del Parlamento.  "Esta sala exhorta al Ministerio Público a determinar las responsabilidades que pudieran tener los integrantes de la Asamblea Nacional ante la objetiva materialización de conductas constitutivas de tipo delictivo", ha declarado el magistrado Juan José Mendoza.