Diego Sánchez / Agencias
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Las claves

Casi siete millones de personas (según los organizadores) han salido a las calles de las principales ciudades de EEUU para protestar pacíficamente bajo el lema No Kings ("No queremos reyes") contra lo que consideran una deriva autoritaria del presidente Donald Trump.

La convocatoria aúna una amplia gama de reivindicaciones, entre las que destacan el rechazo a las redadas antimigratorias del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), el despliegue de la Guardia Nacional en algunas ciudades demócratas, los ataques a la prensa o la vulneración de la separación de poderes.

La plataforma convocante ha insistido en el carácter pacífico de las protestas, enmarcadas en un intento por preservar los fundamentos que inspiraron la Declaración de Independencia estadounidense para librarse del yugo de la monarquía británica en 1776.

El nombre del movimiento "No Kings" alude a la percepción de que el presidente actúa como un monarca y recuerda al poder absoluto que, en su día, motivó la insurrección de las colonias estadounidenses y la posterior Guerra de la Independencia.

La organización organizó las marchas en más de 2.600 ciudades del país. A la espera de que se conozcan cifras oficiales, los núcleos más grandes del país, como Nueva York, Chicago, Filadelfia o Los Ángeles, han protagonizado las movilizaciones más masivas. Según la organización, se han rozado los siete millones de asistentes.

Massimo Mascoli, es un ingeniero electrónico jubilado de 68 años que reside actualmente en Nueva Jersey y que creció en Italia. Entrevistado por la BBC, aseguró estar en las marchas porque "no puede ver a Estados Unidos caer en el fascismo como lo hizo su país de origen en el siglo pasado". 

Es la segunda concentración bajo este lema, después de la marcha que el pasado 14 de junio movilizó a cinco millones de personas, según los convocantes.

Varios miembros del partido demócrata, entre ellas, Bernie Sanders, han participado en las protestas, en unas movilizaciones que aportan un soplo de aire fresco para una oposición incapaz de encontrar un líder capaz de contrarrestar el poder mediático de Trump.

Muchos manifestantes han portado banderas estadounidenses y prendas de ropa amarillas, un color utilizado en otros movimientos pacíficos como las protestas de Hong Kong de 2019. También hay disfraces de animales y caricaturas del presidente.

Respuesta republicana

Aunque las marchas se desarrollaron sin incidentes, la reacción republicana no se ha hecho esperar. El propio presidente de EEUU ha respondido a las protestas con un vídeo generado por inteligencia artificial en el que se le ve pilotando un caza en el que está escrito "King Trump". 

Durante su 'vuelo', Trump lleva una corona y lanza barro a los manifestantes desde su caza, todo mientras suena el clásico del cine de acción estadounidense 'Danger Zone', popularizada por la película 'Top Gun'.

El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, calificó las marchas como una muestra de "odio contra EEUU" liderada por "simpatizantes de Hamás", "marxistas" y "miembros de Antifa", en alusión al movimiento antifascista que fue declarado como grupo terrorista por la administración Trump.

El gobernador de Texas, Greg Abbott, aliado de Trump, ordenó el despliegue de la Guardia Nacional en Austin para prevenir actos violentos, a pesar de que la plataforma convocante, integrada por unas 200 organizaciones, ha recalcado el carácter pacífico de la marcha y la prohibición de llevar armas a la misma.

Control policial 

La agencia Reuters asegura que el gobierno federal ha barajado la utilización de cámaras de última generación que incluyen mecanismos de reconocimiento facial para identificar a los participantes.

Para el director de la asociación Property of the People, Ryan Shapiro, la vigilancia policial de una manifestación política "representa una amenaza existencial para la democracia estadounidense" y "subraya la necesidad de protestas masivas".

En la misma línea, los demócratas acusan a Trump de poner en riesgo la Primera Enmienda de la Constitución, que protege la libertad de expresión, por su presunto intento de silenciar las manifestaciones y acallar las voces críticas.