Ahí está, al otro lado de la línea, Ian Bremmer. Con gafas de pasta y camisa floral, con gesto impasible, algo cansado y sin tiempo, como es natural. Bremmer es uno de los consultores políticos más prestigiosos del mundo. El hombre que fundó Eurasia Group en el 98 con 25.000 dólares y, dos décadas más tarde, cerró el año con una facturación de 100 millones.

Analista y apaleador (o halagador, según corresponda), con amigos y enemigos aquí y allá, entre demócratas y republicanos. Bremmer es el ideólogo involuntario del America First (un concepto que nació como crítica al programa político de Donald Trump, pero que al magnate de Nueva York le entusiasmó. Qué importará que Bremmer sea o no de los suyos si el lema se vende solo).

Bremmer es también el politólogo astuto y nada complaciente que armó el medio GZero, escribió libros como Nosotros contra ellos. El fracaso del globalismo y equiparó su oficio al del taxista. "Quieres que el tiempo sea lo suficientemente malo para que la gente se mueva en tu coche, pero no tan malo como para negarse a salir de casa".

—Vaya semana.

—¡De locos!

A Ian Bremmer la Gran Retirada de Afganistán lo mantiene ocupado y despierto, sin horas de descanso y con la diferencia horaria entre Kabul y su casa a cuestas. Ocho horas y media. Y, sin embargo, está dispuesto a charlar sobre lo que viene con un europeo (la cursiva se entenderá más adelante). China, Oriente Medio, terrorismo, el dólar y el abandono de los afganos por parte de los americanos.

El consultor de camisa alegre no se corta un pelo. Tiene la conciencia bien clara de los errores cometidos (por nosotros y por ellos), de los límites del perdón (más por nosotros que por ellos) y de que nadie debe fustigarse eternamente (no está de más recordarlo de vez en cuando).

¿Somos testigos de la caída del imperio americano?

No, ¡qué va! En absoluto.

¿De qué somos testigos?

Somos testigos de un nuevo paso hacia lo que yo llamo el mundo G-Cero. Estados Unidos dejará de ser el policía del mundo y de aspirar a ser arquitecto y comandante de sus valores morales. Algo que viene desarrollándose desde tiempo atrás, y que ahora resulta dolorosamente evidente con lo ocurrido en Afganistán durante los últimos días. Pero eso no implica que el imperio americano esté en declive.

¿Qué lo mantiene?

El poder de Estados Unidos es tecnológico, militar y financiero (¡tiene el dólar!). Nada de eso está desapareciendo. Es más, Estados Unidos sale de la pandemia en una posición más fuerte. Con todo, mis amigos europeos tienen el desafío de asumir un mundo donde Estados Unidos es cada vez más unilateral. Incluso con Joe Biden. No era únicamente cosa de Donald Trump.

No hay manera fácil ni elegante de perder una guerra

¿No ve amenazada la fiabilidad del dólar?

La situación de China y la de Estados Unidos están lejos de parecerse. China, como sabes, no tiene una moneda convertible. Y eso, en parte, se debe a su preocupación por que el capital que tiene fuera de sus fronteras se diluya. Ves a China previniendo a sus compañías de registrar sus patentes en los Estados Unidos. Su marco regulatorio es arbitrario. Además, tienen un serio desafío demográfico y cada vez más países cabreados con ellos por diferentes razones: los australianos, los canadienses, los británicos, los europeos...

Eso puede cambiar.

Claro que China es cada vez más poderosa. Su economía está creciendo y probablemente supere a la estadounidense de aquí a 2030. Se acerca a una paridad tecnológica con Estados Unidos. Pero eso no quiere decir que China cuente con un modelo para el mundo que seduzca a todos. El problema es más bien que el sistema político americano está lejos de merecer la admiración del mundo.

¿Qué quiere decir?

Si preguntas a la gente a lo largo y ancho del mundo si le gustaría vivir aquí, te dirá que sí. Que sus hijos estudien en colegios americanos. Tener una casa en Estados Unidos. Pero si les preguntas si quieren adoptar un sistema político como el de Washington, te responderán que hay que estar loco para quererlo. "¡Estados Unidos es políticamente disfuncional! ¡Está increíblemente dividido! ¡Y lo del 6 de enero!". Puede que, en ese sentido, prefieran Canadá, Alemania o Japón. Por no decir que tenemos una población incapaz de unirse en torno a la bandera. Da igual que sea por la pandemia o por Afganistán. Este es un grave problema para el país más poderoso del mundo.

¿Son conscientes sus compatriotas de la imagen de debilidad que han mostrado con esta salida de Afganistán?

Creo que les da igual. Algunos americanos están preocupados, claro. Pero creo que a la mayoría le da igual. Biden tiene una doctrina de política exterior que tiene muy en cuenta a la clase media. Voy a ser más preciso: a la clase media americana. Una clase media que entiende que el establishment globalista de Washington se desentendió de ellos. El fin de la guerra en Afganistán está estrechamente ligado con esta política pensada para la clase media.

¿Cómo valora la decisión de Biden?

Voy a ser muy claro. Creo que ha tomado la decisión correcta. Ha mostrado un liderazgo y una valentía que Barack Obama y Trump no asumieron. No hay una forma fácil ni elegante de perder una guerra. Es más fácil dar una patada al balón y que alguien lidie con ello más adelante. Ahora bien, soy sumamente crítico con la forma en que se ha ejecutado el plan. Con falta de coordinación con los aliados. Con falta de planificación. Con errores de inteligencia. Sí, podemos hablar sobre esto. Pero creo que la decisión es la correcta.

Pese a dar alas al argumento chino: "Los americanos, tarde o temprano, te abandonarán. Incluso si eres aliado".

Ya sé que dicen eso los chinos, ya. Y que se lo dicen a los taiwaneses para que pierdan la esperanza de que Estados Unidos les defienda.

Los europeos no pueden fingir que son los únicos comprometidos con la democracia

¿Y si eres un aliado europeo?

Vale. Voy a ser claro. Tú eres europeo. Los europeos deberíais recordar Ucrania y miraros en el espejo. Nosotros abandonamos Ucrania. Y cuando digo nosotros, digo nosotros [señala a un lado y otro de la pantalla]. Los ucranianos pidieron ayuda a los europeos tras la invasión rusa. Los europeos se la negaron. Suplicaron entrar en la UE. Los europeos se lo negaron. Suplicaron entrar en la OTAN. Todos en la OTAN se lo negaron. Cuando los rusos invadieron el país, los ucranianos no tuvieron apoyo. No les defendimos a pesar de que, tras la caída de la Unión Soviética, nos comprometimos a hacerlo. ¡Decidimos no hacerlo! Y fue una decisión de los americanos y de los eu-ro-pe-os. 

De modo que ¿por qué eso vale para Ucrania y no para Afganistán? Con el agravante de que en Afganistán no nos quieren y en Ucrania sí. ¡Los europeos no pueden hacerse los sorprendidos! Sí, los americanos debieron estar del lado de los europeos. Sí, los europeos tienen derecho a protestar. Porque ha sido un error. Pero los europeos no pueden fingir que son los únicos comprometidos con la democracia. Es falso.

Y ahora ¿qué podemos esperar de Estados Unidos? ¿Repliegue? ¿America Alone? ¿Y si tiene lugar una insurrección masiva en Irak?

¿Irak? No creo que Oriente Medio tenga demasiado valor para Estados Unidos. Ya no estamos tan interesados en los combustibles fósiles y es obvio que el terrorismo más preocupante procede de los supremacistas blancos. Esto no quiere decir que Estados Unidos vaya a abandonar estos países pronto, pero dejarán de ser tan importantes. Los que lo son cada vez más son China, Japón, Australia, Corea del Sur, India... Cuando te centras en algo, dejas de centrarte en otra cosa. Esa es la clave. Y esto [la Gran Retirada], creo, debió hacerse durante el mandato de Obama.

Entiendo que Europa pagará un precio más alto.

Sí, creo que Europa va a pagar un precio más alto que Estados Unidos. Vamos a ver un aumento del radicalismo islámico. Y, probablemente, violencia. Vais a tener a muchísima gente enfadada y radicalizada. Más refugiados. Igual no serán tantos como sucedió con Siria. Habrá que estar alerta.

¿Y no teme un enfrentamiento directo entre Estados Unidos y China?

Son tan interdependientes que no. Sí, la Casa Blanca sostiene que los tiempos de cooperación han terminado. Pero Blackrock dijo ayer a los inversores americanos que deberían triplicar su presencia en China. Goldman Sachs no va a cortar su relación con China. Tampoco Hollywood. Ni la NBA. Todavía queremos el dinero chino. Los productos chinos. Los turistas chinos. Los estudiantes chinos. Y los chinos todavía quieren sacarle partido al asunto. Hay mucha retórica al respecto, pero no estamos en una Guerra Fría con China.

¿Dónde estamos, entonces?

En un punto del matrimonio donde no hay amor, pero sí hay niños en la casa. Los dos quieren a sus hijos. De modo que el matrimonio sigue adelante por los hijos. Es la realidad. No es cómoda y no hace feliz a ninguna de las partes. Pero no se tiene por qué romper.

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