Roma

"¿No han sido suficientes miles de fallecidos?", dijo con mucha dureza estos días el alcalde de Bérgamo, Giorgio Gori, una de las ciudades más afectadas en la epidemia por coronavirus en Italia. Pueden parecer unas palabras muy duras, pero bien es cierto que en los últimos días, algunos transalpinos se están tomando a la ligera la última fase de la desescalada.

No hay diferencias de edad, aunque hay cierto desinterés predominante entre los jóvenes a lo hora de seguir manteniendo las medidas de protección. Es como si, partiendo del hecho que ya ha pasado lo peor en términos de contagios, ya no fuera necesario guardar precauciones. El problema está empezando a preocupar mucho en Italia, por ejemplo, ocupando la portada del pasado jueves del célebre diario Corriere della Sera. El otro gran diario del país, La Repubblica, se refiere a los nuevos infractores como "los desobedientes del aperitivo".

Milán, Roma, Florencia, Turín, Palermo, Bérgamo. De Norte a Sur de la célebre bota, "rebeldes" de los aperitivos están protagonizando la vida nocturna italiana sin mascarillas, ni guantes, ni desinfectantes, ni distancia interpersonal de seguridad. Los presidentes regionales y los alcaldes, por su parte, están dispuestos a "volver a cerrar todo", como durante el confinamiento vivido a lo largo de más de dos meses. Las nuevas normas, que asignan importante autonomía a los entes locales en la gestión del coronavirus, se lo permitirán si fuera necesario en zonas específicas que se convertirían en unas nuevas zonas rojas.

Los medios italianos han hecho hincapié en la preocupación del primer ministro del país, Giuseppe Conte, en relación al problema: "El riesgo del coronavirus sigue, todavía no ha acabado. No es el momento de organizar fiestas y disfrutar de la movida –en italiano se emplea habitualmente el término español movida para referirse a la diversión nocturna–. De otro modo, la curva de contagios volverá a subir", declaró este miércoles el jefe del Gobierno transalpino. Desde el arranque de la última fase de desconfinamiento y consecuente convivencia con el coronavirus, el presidente del Ejecutivo itálico ha reiterado en varias ocasiones la posibilidad de un nuevo repunte en las estadísticas de positivos por Covid-19 como consecuencia de un mal necesario para volver a reiniciar la actividad económica del país.

Patrullas nocturnas

La situación se ha vuelto tan crítica en los últimos días, que el Ministerio del Interior italiano, dirigido por Luciana Lamorgese, tiene previsto un plan en el que las fuerzas del orden transalpinas presidien los principales lugares de movida de las ciudades italianas; llevando a cabo labores de patrullaje, incluso por la noche. El objetivo es el de evitar que haya aglomeraciones de personas en las inmediaciones de bares y restaurantes, que podría favorecer un repunte en el ritmo de los nuevos contagios. El Ministerio de Interior transalpino cuenta ya con la colaboración del jefe de la Policía de Estado italiana, Franco Gabrielli, quien considera importante intervenir "antes de que sea demasiado tarde".

Actualmente están prohibidas las aglomeraciones de personas, tanto en lugares abiertos como sobre todo cerrados. Atendiendo a las informaciones aportadas por los medios italianos, los cuerpos y agentes policiales que hasta ahora se encargaban de hacer respetar el confinamiento generalizado, ahora se concentrarán, a partir de las 18:00 horas, en los centros históricos y en los lugares de movida nocturna de las principales ciudades transalpinas. En el caso de que algunos sigan infringiendo la normativa de desconfinamiento, las fuerzas del orden tendrán que poner multas a quienes se salten la normativa, con sanciones que pueden oscilar desde los 400 hasta los 3.000 euros de multa.

Riesgo epidemiológico real

Las autoridades italianas, igualmente, hacen saber que el primero objetivo de los cuerpos policiales es hacer entender las medidas a los infractores, sobre la base de un real riesgo epidemiológico. Si el problema persistiera, entonces sí habrá que recurrir con contundencia a las sanciones administrativas. Tal como recuerda por ejemplo el Corriere, los establecimientos, así pues bares, locales y restaurantes, pueden verse perjudicados porque podrían arriesgar "una suspensión temporal de la licencia".

Terraza con clientes cenando en Roma. Efe

Tal como se ha explicado estos últimos día en la prensa del país, las autoridades italianas han permitido la existencia de mesas y veladores en el exterior de los establecimientos, incluso sin la necesidad de pagar impuestos por ello, para que a cambio de que los hosteleros colaboren en hacer cumplir la normativa anticontagio en la última y delicada fase de desescalada que contempla la convivencia con el coronavirus y una cierta probabilidad de repunte en el ritmo de los nuevos contagios.

Desde el pasado lunes los italianos pueden ir a los bares y a los restaurantes, con total normalidad; pero respetando las medidas de seguridad, así pues, recurriendo a mascarillas, guantes, geles desinfectantes y distancia interpersonal. Cada cliente tendrá que tener a su disposición 4 metros cuadrados y entre las mesas deberá haber una separación de 2 metros de distancia. No estarán permitidos los bufés y todos los profesionales de los establecimientos hosteleros tendrán que llevar mascarillas y guantes.

Los clientes, al igual que en cualquier otro contexto público cerrado, tendrán que entrar de forma ordenada y controlada. Todo ello, atendiendo a la capacidad máxima del local en cuestión, contando ya con las reducciones de asientos debido al criterio sanitario del distanciamiento interpersonal. Se permite la comida para llevar, siempre que no se formen aglomeraciones fuera de los establecimientos.