Berlín

Las grandes instituciones científicas de Alemania, que reúnen cerca de 273 centros e institutos dedicados a la investigación, se pronunciaban el miércoles de esta semana en un comunicado conjunto que debería hacer pensar a más de un responsable político en Alemania porque proponían un modus operandi frente al COVID-19 que en poco se parece a la desescalada puesta en marcha por la canciller Angela Merkel y compañía.

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El documento que firmaban los presidentes de la Sociedad Frauenhofer, la Asociación Helmholtz de Centros de Investigación de Alemania, la Sociedad Max Planck para la Promoción de la Ciencia y Asociación Leibniz, hablaba entre otras cosas, de una “estrategia en dos fases”.

“En la primera, el número de infecciones es reducido aún más hasta que sea posible el rastreo efectivo de nuevas infecciones. En una segunda fase, se sigue una estrategia adaptada basada en un número bajo de nuevas infecciones”, se lee en el comunicado. En él, se consideran necesarias, entre otras cosas, el “establecimiento o continuación de medidas de higiene, la expansión de capacidad de test y rastreo y el control adaptativo en el acompañamiento de las restricciones de contacto”.

El comunicado lo firman, entre otros, Otmar D. Wiestler, el presidente de la Asociación Helmholtz de Centros de Investigación de Alemania. Desde esa institución ya se ha alertado, en el actual contexto de desescalada, de los peligros de un posible rebrote de la enfermedad causada por el nuevo agente infeccioso.

“En el momento en el que se supera un cierto nivel en el relajamiento, volveremos al crecimiento exponencial de los infectados por el virus”, ha dicho Michael Meyer-Hermann, epidemiólgo de la Asociación Helmholtz. La opinión y preocupación de Meyer-Hermann la comparte Christian Drosten, director del Instituto de Virología del Hospital Universitario Charité de Berlín y uno de los asesores habituales de la canciller Angela Merkel.

“Ese documento que han firmado la Sociedad Frauenhofer, la Asociación Helmholtz, la Sociedad Max Planck y la Asociación Leibniz representa el consenso científico alemán. La suya es una opinión muy razonable”, dice a EL ESPAÑOL Frank T. Hufert, director del Instituto para la Microbiología y la Virología de la Escuela Superior de Medicina de Brandeburgo.

Él se define como “contrario a la política de relajamiento” puesta en marcha por Merkel. “Entiendo que hay que sopesar entre la vida y la economía, pero como médico para mí siempre va a tener prioridad la vida de la gente”, sostiene Hufert. A su entender, la canciller no ha podido mantener una línea de restricciones dura con el virus ante la presión de los presidentes de los estados federados germanos.

Un trabajador de una tienda de electrónica atiende a un cliente en Berlín. Reuters

La jefa del Gobierno alemán y los dieciséis presidentes de los Länder –los estados federados alemanes– acordaban el pasado 15 de abril aligerar con cautela las medidas de distanciamiento social implementadas a mediados de marzo para frenar la propagación del SARS-CoV-2, el virus que provoca el COVID-19. A ese acuerdo ha seguido un interminable e intenso debate sobre cómo y cuándo seguir aligerando unas medidas que ya han parado al país lo suficiente como para que el Ejecutivo prevea sufrir en 2020 la mayor crisis económica de la historia desde la Segunda Guerra Mundial.

El debate no acaba porque, cada quince días, la canciller y los presidentes se reúnen para analizar la situación y decidir sin dan más pasos o no en la desescalada. En teoría, las medidas se podrían endurecer de nuevo. Pero el debate, por lo pronto, sólo va en dirección del aligeramiento. Así, el jueves Merkel informaba, por ejemplo, de que los lugares de culto religioso podrán volver a la actividad la semana próxima.

Desescalada en 'patchwork'

Alemania está saliendo del semi-confinamiento en el que entró en marzo gracias a un ejercicio político que se parece mucho al 'patchwork' en la costura. En el 'patchwork' diferentes trozos de tela se unen para formar una superficie de tejido mayor.

En la desescalada alemana, cada Länder bien pudiera ser un trozo de tela. Eso sí, hay unas reglas generales –como la de mantener la distancia mínima de seguridad de metro y medio-. Pero luego cada Länder aligera más o menos según qué cosas de acuerdo con la decisión de sus responsables políticos.

“Somos un país federal, hay divergencias y diferencias regionales y en un país como Alemania va a ser siempre así”, decía la propia Merkel este jueves a cuenta del federalismo y cómo éste se enfrenta a la pandemia.

La obligatoriedad de las mascarillas en transporte público y comercios, por ejemplo, se terminó de implementar esta semana, pero no en todas partes están estipuladas las multas para quienes no la llevan. En Baviera (sur teutón), puede haber multas de 150 euros a personas que no la lleven. Al comercio que deje entrar a un consumidor sin mascarilla le pueden caer hasta 5.000 euros.

En Renania del Norte-Westfalia (oeste germano), las multas serían de diez euros a partir del próximo lunes. Ese día se empezarían a poner sanciones de entre 15 y 30 euros en Baden-Wurtemberg (suroeste). Por otro lado, en Hesse (oeste), reincidir en no llevar mascarilla implica multas de 50 euros.

“Lo que se está haciendo en Alemania es un gran error. Se está queriendo relajar las medidas en todas partes. Esto tiene dos problemáticas”, apunta Hufert, el director del Instituto para la Microbiología y la Virología de la Escuela Superior de Medicina de Brandeburgo.

Una mujer acude a la iglesia en el municipio de Clèveris, en el estado de Renania del Norte-Westfalia, Reuters

“Un problema es psicológico: la gente piensa que la crisis ha pasado, y así la sociedad empieza a retomar el contacto. Porque a la sociedad se le transmite el mensaje de que la crisis ha terminado, y eso no es lo que está ocurriendo. Luego está el problema en los trabajos. Ahí la infección no se puede evitar, se puede reducir pero no se puede evitar. Y lo mismo pasa con las escuelas”, abunda este experto.

Alude Hufert, entre otras cosas, a cómo los centros escolares han vuelto estos días a la actividad en Alemania para reiniciar los últimos cursos de la enseñanza media.

En Sajonia (este), por ejemplo, el próximo miércoles vuelven los niños a la escuela a partir del cuarto curso. “Una escuela es un evento masivo diario. No tiene sentido reabrirlas”, recalca Hufert. Oficialmente, los eventos masivos siguen prohibidos hasta el próximo 31 de agosto en todo el país, según lo acordado a mediados de abril por Merkel y los presidentes de los Länder.

El número reproductivo básico debe disminuir

Hufert insiste en señalar en que la comunidad científica, donde ahora hacen estas instituciones, hay consenso para afirmar que “el número reproductivo básico –el indicador de cuántas personas son infectadas por un enfermo de COVID-19– tiene que seguir bajando”.

En marzo, ese número alcanzó valores de hasta 2,5. En el momento de escribir estas líneas, ese indicador está entre 0,66 y 0,90, según los datos del Instituto Robert Koch (RKI, por sus siglas alemanas), la agencia federal de prevención y control de enfermedades. Alemania presentaba el viernes 160.758 casos de infectados por el nuevo coronavirus. Ese número incluye 126.900 recuperados y 6.481 muertes, según el RKI.

Hufert dice que ve al país con opciones lograr lo que se ha hecho en países como Corea del Sur o Taiwán, naciones cuya gestión del COVID-19 pasa por ser modélica internacionalmente. Pero relajar las medidas de distanciamiento social ponen en riesgo esa posibilidad.

“Creo que la relajación no va a funcionar, porque se tarda en ver los efectos, el tiempo de incubación es catorce días, se tardan dos semanas en ver qué pasa, y luego las cosas pueden acelerarse mucho con el virus”, concluye Hufert.

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