Particularmente durante los últimos cinco años, las fuerzas del populismo se han multiplicado a nivel mundial. Las razones tienen múltiples facetas, pero es innegable que las crecientes frustración y miedo a la globalización y ─al mismo tiempo─ el creciente ritmo del cambio tecnológico y de la innovación son factores que influyen en gran medida.

 

Estas ansiedades se manifiestan de diversas maneras: desde hostilidad ante el libre comercio hasta exigencias de imposición de barreras a la migración y a la libre circulación para trabajadores altamente calificados. 

 

La pandemia del coronavirus no ha hecho más que echar leña al fuego. Los populistas ya han comenzado a aprovecharse descaradamente de la crisis. Por ejemplo, cuando el brote llegó a Italia, el primer impulso de un líder de un país vecino fue solicitar el cierre de la frontera, cosa que en el momento era precisamente lo contrario a lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud. En otros lugares, las referencias al mal llamado "virus chino" ayudan a propagar una retórica del miedo.

 

Las legítimas preocupaciones acerca de lo que nos depara el futuro ─especialmente en estos tiempos tan inquietantes─ amenazan con permitir que tales fuerzas sigan medrando. Estos populistas no son una entidad homogénea y exhiben gran cantidad de diferencias en la amplia gama de políticas que implementan. Sin embargo, lo que sí comparten es su visión del mundo: una visión cerrada sobre sí misma y que, invariablemente, menosprecia la opinión de los expertos y los científicos.

Las legítimas preocupaciones acerca de lo que nos depara el futuro ─especialmente en estos tiempos tan inquietantes─ amenazan con permitir que tales fuerzas sigan medrando

 

Mediante el uso de lugares comunes seductores y eslóganes simplistas, han logrado granjearse el apoyo de gran cantidad de personas. Pero ¿ofrecen verdaderas respuestas a los enormes desafíos que enfrenta al mundo de hoy en día ─como la imperiosa necesidad de desarrollar métodos de prevención contra el covid-19 y otras enfermedades infecciosas─, o soluciones a otros problemas gravísimos como la emergencia climática? La respuesta es que no, porque estos problemas no pueden resolverse sin los avances tecnológicos y el desarrollo científico.

 

Y sin embargo, ellos también dependen de la colaboración. No obstante, ahora mismo la preocupación principal es que, si bien muchas compañías farmacéuticas que normalmente rivalizan entre sí están trabajando en conjunto para hallar una vacuna, los enfoques nacionalistas amenazan con eclipsar el bien común.

 

Al trabajar como parte de una red mundial de investigación, la compañía médica alemana CureVac está a la cabeza de los esfuerzos para desarrollar una vacuna. Esto beneficiaría a toda la humanidad. Sin embargo, algunos líderes nacionalistas simplemente no comprenden este espíritu de cooperación que incentiva los avances científicos y tienen la desvergonzada intención de comprar los derechos de su vacuna exclusivamente para sus propios ciudadanos.

 

Como afirmó esta semana Severin Schwan, el director general de Roche, esto resultaría devastador para el objetivo mundial de acabar con la pandemia de coronavirus. "Exhorto a todo el que me escuche a no caer en la trampa de pensar que la solución es simplemente introducir en su país todo lo que haga falta y después cerrar la frontera", dijo Schwan. "Sería completamente censurable el caer en comportamientos nacionalistas, que de hecho causarían interrupciones en la cadena de suministros y perjudicarían a personas en todo el mundo".

Cuando el desafío es a escala mundial, las colaboración tiene que traspasar fronteras para ser verdaderamente efectiva

Cuando el desafío es a escala mundial, la colaboración tiene que traspasar fronteras para ser verdaderamente efectiva. No hay más que ver algunos casos anteriores donde la colaboración ha logrado imponerse. Por ejemplo, lo que ocurrió con la penicilina: Sir Alexander Fleming hizo el descubrimiento inicial, y después otros científicos continuaron con su trabajo y lograron muchos más avances. Los equipos estadounidenses se unieron después, convirtiendo a la penicilina en un esfuerzo internacional. Otro excelente ejemplo fue el desarrollo de una vacuna para el Ébola, que requirió de la colaboración de científicos en tres continentes para volverse una realidad.

 

Y no es solamente es el ámbito de la medicina donde la colaboración produce beneficios para todos nosotros. Lo mismo ocurre con el cambio climático. El pasado mes de octubre, nuevos datos satelitales mostraron que el agujero en la capa de ozono alcanzó su menor dimensión desde su descubrimiento. La paulatina reducción en el agujero puede atribuirse a una serie de normativas internacionales para el uso de clorofluorocarbonos (CFC) que se adoptaron desde 1987 en adelante para regular el consumo y producción de compuestos que agotaban la capa de ozono. 

 

Es imperativo que la innovación nunca se detenga. El populismo puede haber ayudado a sacar a la luz el descontento latente de la sociedad, pero las soluciones a estos males exigirán el uso de la tecnología y el constante progreso intelectual de la humanidad. Como Albert Einstein dijo una vez: "No se puede resolver un problema en el mismo nivel en que surgió. Es necesario resolverlo desde un nivel superior.”

 

Los problemas mundiales como la actual crisis del covid-19 y la emergencia climática no respetan fronteras. Las soluciones a estos problemas tan apremiantes tienen más probabilidades de surgir cuando las personas coordinan sus esfuerzos a través de todos los sectores, culturas y fronteras nacionales, y no cuando sucumben a la miopía del populismo. Hoy en día, que estamos viviendo una crisis sanitaria mundial de magnitud inaudita, esto es más importante que nunca.

*** Ari Ahonen es el CEO de la Technology Academy Finland, un organismo que supervisa el premio bienal Millennium Technology Prize.