Mientras Boris Johnson sigue al mando de Reino Unido desde la cama de un hospital de Londres, el Gobierno británico admite un gran fiasco, otro más en Europa, con los test para la detección rápida del coronavirus. Ninguno de las 17 millones y medio de pruebas de anticuerpos comprados por Downing Street es lo suficientemente fiable para ser utilizado. 

El Ejecutivo, que había vendido la compra masiva de tests como una "revolución" en la estrategia contra la pandemia, ha tenido que reconocer que está pidiendo el reembolso de estos kits fallidos y que ya renegocia con los proveedores para intentar conseguir una partida que sí pueda ser eficaz.

John Newton, el responsable de test de las autoridades sanitarias, concretó que el material comprado en China sólo es capaz de detectar con precisión el virus en las personas que presentan "síntomas graves", según recoge The Times.

Estrategia fallida

El doctor John Bell, profesor de Medicina de la Universidad de Oxford, ha confirmado el mal funcionamiento de estos test, de los que no se ha facilitado su procedencia exacta: "Los que hemos comprobado no funcionan, lamentablemente. Hemos detectado falsos negativos y falsos positivos"

En vez de lanzarse al mercado para acopiar tests de detección rápida, el Gobierno británico quiere ahora trabajar con otras compañías médicas para mejorar la eficacia de los test de anticuerpos. Newton, el científico al que Downing Street ha encargado supervisar la estrategia de control de la epidemia, ha indicado que hará falta "al menos un mes" hasta que den con un método eficaz para diagnosticar a la población

El Ejecutivo de Boris Johnson, por boca de su ministro de Sanidad, había prometido realizar hasta 100.000 test al día este mes de abril. Llegaron incluso a indicar que serían repartidos a los ciudadanos vía Amazon o a través de la popular tienda de parafarmacias Boots. 

La mercancía que será devuelta a China da al traste con la ambiciosa estrategia que había diseñado Downing Street: test masivos para aislar a los positivos y levantar el confinamiento lo antes posible para evitar una herida de muerte a la economía británica. 

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