Tres años después de acceder al poder, el primer ministro irlandés, el democristiano Leo Varadkar, acude el sábado a las elecciones generales con el impulso de su firme gestión del 'brexit' y la economía, aunque desgastado por los graves problemas que afectan a la sanidad pública y la vivienda.

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Su partido, el Fine Gael (FG), gobierna desde 2011, cuando tomó las riendas de un país que un año antes se vio obligado a pedir un rescate a la Unión Europea (UE) y al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Guiados por la "troika", los conservadores aplicaron un duro plan de ajuste y la economía, una década después, registra la tasa de crecimiento más alta de la UE y se acerca al pleno empleo.

Además, Varadkar, de 41 años, tomó las riendas con una imagen personal muy atractiva, reflejo, se dijo, de una Irlanda moderna y cómoda con su nuevo líder, el hijo de un inmigrante indio y el primer jefe de Gobierno abiertamente gay.

Él mismo habló de "revolución social" cuando el electorado votó en un referéndum en 2015 a favor de la legalización del matrimonio entre homosexuales y de la reforma de la ley del aborto, entre las más duras del mundo, en otra consulta en 2018.

Durante los últimos tres años, el "taoiseach" (primer ministro) también se ha apuntado un éxito diplomático, tanto en casa como en el extranjero, por su sólida gestión de la salida del Reino Unido de la UE, al obtener garantías de Londres y Bruselas para amortiguar el impacto que tendrá este divorcio en Irlanda.

A pesar de todos estos factores, la mayoría de las encuestas efectuadas hasta la fecha sitúan a la cabeza, prácticamente empatados, al centrista Fianna Fáil (FF), liderado por Micheál Martin, y al izquierdista Sinn Féin, antiguo brazo político del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA), si bien ninguno obtendría la mayoría absoluta.

Aires de cambio

"La gente quiere un cambio", explica a Efe Joanne Eglington, maestra de primaria de 35 años y cuya situación personal es paradigmática de mucha gente de su generación.

"La economía - dice - está experimentando de nuevo un 'boom', pero la gente corriente no lo nota. Las políticas de austeridad aplicadas tras la crisis han afectado a mucha gente y ahora hay nuevos problemas. Hay escasez de viviendas y los alquileres son prohibitivos".

Ante la constante subida de su alquiler en Dublín, donde un apartamento de una habitación cuesta de media unos 1.400 euros al mes y una casa familiar más de 2.500, Eglington se ha mudado a casa de sus padres para ahorrar, a pesar de que la opinión generalizada entre sus coetáneos es que "nunca podremos comprar una casa".

Para Seamus Byrne, granjero de 58 años del condado de Meath, una de sus principales preocupaciones es la sanidad. Acude cada semana a un hospital de Dublín para recibir terapia ocupacional, después de lastimarse la mano en un accidente laboral.

"Estuve esperando casi nueve meses para empezar el tratamiento de recuperación. Las listas de espera son demasiado largas en la sanidad pública. Es cierto que Fine Gael heredó este problema, pero lleva nueve años en el poder y no ha mejorado nada", subraya Byrne.

Ninguno de los dos cree que el FF sería capaz de solucionar la crisis de vivienda o de sanidad. Como muchos votantes, todavía ven a este partido como el causante del colapso de la economía nacional en 2010.

No obstante, juega a favor de su líder el hecho de que la formación centrista, desde la oposición, ha apoyado en la última legislatura, a través de un pacto de confianza, los presupuestos generales de Varadkar y se ha abstenido en votaciones clave, como en mociones de censura.

Los centristas y el Sinn Féin alternativas

Desde 2016, el FG ha gobernado en minoría con varios diputados independientes y Micheál Martin decidió sostener al Ejecutivo para que Varadkar tuviera margen de maniobra en sus negociaciones sobre el Brexit, clave para el futuro de este país.

A ojos de la ciudadanía, el dirigente centrista ha actuado con sentido de Estado y cree que podría obtener un beneficio en las urnas.

Ahora las encuestas conceden ventaja a Martin, quien, en caso de ganar, no ha descartado recurrir al apoyo de los democristianos del FG o, incluso, formar una gran coalición su gran rival, con el que se ha repartido casi exclusivamente el poder desde la fundación de Irlanda hace casi un siglo.

Brexit y reunificación de Irlanda

Ambos partidos también han dejado claro que no formarán gobierno con el Sinn Féin, al que aún relacionan con la campaña terrorista que desarrolló su antiguo brazo armando, el IRA, durante el pasado conflicto norirlandés.

Asimismo, consideran que sus políticas económicas, muy críticas con la austeridad, son peligrosas para la marcha de la economía nacional, a la que podría endeudar con propuestas encaminadas, por ejemplo, a la construcción de más vivienda social o a la congelación de los alquileres.

Sea como fuere, la líder del Sinn Féin, Mary Lou McDonald, resulta más atractiva para el electorado que su antecesor en el cargo, el histórico dirigente Gerry Adams, pues representa a una nueva generación de nacionalistas sin vínculos con el IRA.

Por otra parte, McDonald ha recuperado el objetivo histórico de reunificar Irlanda, después de que el electorado norirlandés rechazó el Brexit en el referéndum de 2016, y asegura que se podría convocar una consulta al respecto dentro de cinco años, una posibilidad que rechazan Varadkar y Martin.

En este contexto, las encuestas conceden a los republicanos un apoyo de en torno al 25 %, similar al del FF, y ligeramente por delante del FG, que, no obstante, según los expertos, podría haber remontado en los últimos días. 

El complejo sistema electoral irlandés, de transferencia de votos, no beneficiará a McDonald, quien ha presentado menos candidatos, y los observadores opinan que se mantendrá como tercera fuerza nacional.

Democristianos y centristas volverán a disputarse el poder, aunque deberán buscar coaliciones con partidos más pequeños, como los Verdes, o independientes.