La escena parecía el final de una película de suspense jurídico. Tras décadas de permitir el polémico “divorcio exprés” entre musulmanes, cinco jueces del Tribunal Supremo indio iban a decidir si era constitucional o no que un marido musulmán pueda romper el matrimonio simplemente diciendo “talaq” tres veces. Entre los siete demandantes estaban Ishrat Jahan, a quien su marido llamó por teléfono desde Dubái para acabar con 15 años de matrimonio; Gulshan Parveen, que recibió el “talaq, talaq, talaq” escrito en un sello de 10 rupias; Atiya Sabri, que leyó las palabras en una carta certificada, como otra demandante llamada Afreen Rehman...

Tras una tensa sesión, tres de los cinco jueces declararon inconstitucional la costumbre del divorcio unilateral, rápido y definitivo al que tienen derecho los maridos musulmanes con solo pronunciar o escribir tres veces la palabra “talaq” (“divorcio” en árabe). Desde hace unos días, tal práctica ha pasado a dejar de tener validez jurídica y además se ha convertido en un delito que puede acarrear tres años de prisión. Para muchos, ya era hora de que se impidiese un hecho claramente injusto con las mujeres; para algunos, se trata de una intromisión del poder terrenal en los asuntos religiosos de los musulmanes. Sin embargo, el “talaq” o divorcio “exprés” no aparece mencionado en el Corán ni siquiera en la Sharia o ley tradicional islámica.

La resolución, que tras haber sido sancionada por el presidente pone el punto final a una lucha que ha durado décadas, está en sintonía con decisiones legales similares tomadas en otros países musulmanes como Turquía (que prohibió el triple talaq en 1926), Egipto (1929), Túnez (1955), el vecino Pakuistán (1961), Bangladesh (1971) y Sri Lanka (2006). La comunidad musulmana india es la segunda más numerosa del mundo, con 200 millones de personas.

El hecho de que haya sido un gobierno fundamentalista hindú como el de Narendra Modi quien haya dado el impulso final a la prohibición y criminalización del “talaq exprés”, y que la decisión final haya coincidido en el tiempo con la represión en Cachemira, donde se ha suspendido la autonomía de la única región de mayoría musulmana del país, ha provocado críticas sobre el carácter, más político que humanitario, de la prohibición.

“Modi ha querido proyectar su poder, y por extensión la hegemonía hindú, sobre la población musulmana india”, se quejaba un comentarista político en el canal indio NDTV. Sin embargo, el fin del talaq de vía rápida forma parte del proyecto de implantar un código civil uniforme que, aun respetando los derechos religiosos de todos los indios, recoja unos principios legales comunes a todos y destierre prácticas injustas o discriminatorias que afecten a los derechos fundamentales de las personas. En el caso del divorcio exprés, bastaba con que el marido -la mujer no tenía derecho a ello- pronunciase en voz alta “talaq” tres veces seguidas para deshacer completamente un matrimonio musulmán que, por otra parte, no se suele inscribir en registro alguno porque no es obligatorio.

Una tradición adaptada a los tiempos


Tradicionalmente, el divorcio solo se hacía efectivo si el hombre lo denunciaba durante tres ciclos menstruales consecutivos, para que la esposa tuviese la oportunidad de enmendar sus supuestas faltas y para confirmar que ésta no estaba embarazada. Sin embargo, en los últimos tiempos se llegó a admitir el talaq más expeditivo por teléfono, escrito en papel, correo electrónico e incluso en mensaje de Whatsapp, dando lugar a casos grotescos como los sufridos por las demandantes. Gran parte de la comunidad musulmana considera esta práctica un abuso discriminatorio y no acepta su validez, ni siquiera en países como Afganistán. En 2017, un millón de musulmanas indias firmaron una petición al gobierno para terminar con esta costumbre. Ese mismo año se hizo célebre el caso de Shayara Bano, una mujer de 35 años que, tras sufrir golpes y encierros por parte de su marido y su familia política, recibió por correo certificado el “talaq”. Con el divorcio perdió la custodia de sus dos hijos, de 13 y 11 años, lo que le impulsó a emprender una lucha legal. Con una sentencia favorable, Bano hizo historia y abrió el camino para que otras indias musulmanas no tuvieran que sufrir la vergüenza de un divorcio arbitrario, unilateral y sin derechos.

Harsh Mander, que encabezó una campaña para impedir que se prohibiese el talaq, afirmó que “bajo la excusa de proteger a las mujeres se está criminalizando a los hombres” y que ahora “se pueden dar situaciones tan injustas como que el marido ingrese en prisión y encima la pareja continúe casada”.

Póster indio contra el "talaq"

Según Mander, “si un marido hindú abandona a su esposa no afrontará consecuencias; pero si un musulmán hace el ´talaq´ y la deja, puede ir a la cárcel. Esto demuestra que lo que se busca es atacar a los hombres musulmanes exclusivamente”. Se da la circunstancia de que el primer ministro Modi, que suele definirse a sí mismo como un “monje guerrero”, está casado desde 1968 con una maestra con la que convivió tres años y a la que más tarde abandonó para emprender su carrera política.

Por su parte, Asaduddin Owaisi, diputado por el partido Majlis-e-Ittehad-ul-Muslimeen, se dirigía de manera airada a los jueces del Tribunal Supremo: “Habéis despenalizado la homosexualidad y el adulterio y ahora criminalizáis el triple talaq. ¡Desde luego queréis hacer una nueva India! ¿Esperáis que la mujer espere tres años a que el marido salga de la cárcel? ¿Quién la va a mantener mientras tanto?”. “Se convertirá en una ladrona o tendrá que suicidarse”, replicó Ghulam Nabi Azad, otro político musulmán de la oposición. En la misma sesión, el ministro de Justicia confirmaba que siguen produciendo triples talaq, y que dos semanas después de la prohibición se han reportado más de 500 casos.

La Constitución india, que entró en vigor en 1950, concede la libertad de contraer matrimonio o ejecutar divorcios a los seguidores de todas las religiones según sus respectivos ritos y costumbres y solo quien lo desee debe inscribir la unión o separación en el registro civil. En la India hay unos dos millones y medio de mujeres separadas o divorciadas, un número que dobla al de hombres. En una sociedad con grandes desigualdades entre sexos como es la india, las solteras, separadas, divorciadas e incluso viudas acarrean un estigma social que les marca de por vida y la tradición les relega a un rol secundario no exento de vergüenza.

El Talaq-e-Bidat (tal es el nombre completo de esta práctica), descrito como “machismo disfrazado de religión”, fue la fórmula preferida por casi el 80% de los hombres para deshacerse de su esposa musulmana, según recogió un estudio del Movimiento de Mujeres Musulmanas, una organización conectada con el partido de Modi que impulsó la reciente prohibición. Frente a este grupo, el Panel de Leyes Personales Musulmanes de la India argumenta que “si bien se trata de un acto pecaminoso, el triple talaq existe desde hace 1.400 años y es un asunto de fe para los musulmanes; algunos maridos, si se les impide divorciarse, pueden recurrir a medios criminales para acabar con la esposa, matándola o quemándola viva”.