Fundão es conocido por su festival de la cereza y su castillo. Ahora, además, este municipio portugués quiere esquivar la amenaza del envejecimiento y la despoblación y convertirse en el paradigma del sueño europeo para inmigrantes y refugiados.

Fundão ha acogido a 19 refugiados rescatados por el Aquarius en el Mediterráneo, el mayor grupo procedente del barco humanitario que ha llegado a Portugal.

Localizada entre las sierras de Estrela y Gardunha, unos 270 kilómetros al norte de Lisboa, esta localidad agrícola de unos 30.000 habitantes se vuelca en el cultivo de la cereza y pelea por aumentar su cuota de turistas con ofertas de senderismo y alojamiento rural.

Centro comercial de referencia

En sus calles, las huellas de un pasado espléndido en el que llegó a ser un centro comercial de referencia por sus minas de estaño y su industria textil. Parte de ese legado es el seminario, una construcción con más de un siglo de antigüedad por la que pasaron millares de jóvenes para recibir formación religiosa.

Concluida su actividad, el ayuntamiento se hizo cargo para alojar a estudiantes de las excolonias portuguesas y albergar el Centro de Acogida para Trabajo Temporal, que atiende a los trabajadores que acuden a las campañas de recogida de fruta. Ahora también es el nuevo hogar de los refugiados.

El proyecto de convertir Fundão en centro de acogida de referencia creció a instancias de quien fuera su vecino más ilustre, António Guterres, secretario general de Naciones Unidas. El edificio, imponente por fuera, es gélido y austero por dentro y necesita con urgencia una reforma. Las aulas utilizadas antaño para impartir religión son ahora usadas para enseñar portugués a los recién llegados, procedentes de Eritrea, Nigeria, Yemen y Sudán.

Comparten habitaciones básicas, guardan sus pertenencias en bolsas y maletas y apenas cuentan con dos baños en el área de dormitorios. Un equipo de jóvenes encabezadas por la psicóloga Paula Pio vela por su integración, que pasa por conseguirles un empleo. El objetivo es lograr que consideren Fundão como su nueva casa y se queden cuando termine el programa de acogida.

No es tarea fácil, admite Pio. Los últimos seis refugiados que pasaron por Fundão terminaron por marcharse y uno de los 19 del Aquarius ya viajó a Alemania para reunirse con su familia. La mayoría quiere cumplir su "sueño europeo" en Alemania o Francia por la expectativa de lograr mejores sueldos.

Europa, "una fantasía"

"Durante estos años construyeron toda una fantasía acerca de lo que sería su vida en Europa", pero, insiste la psicóloga, en Portugal -con un salario mínimo de 600 euros- deben considerar que también los costes de vida bajan y las posibilidades de inserción laboral se multiplican.

Llegaron en septiembre y la mayoría trabaja en empresas de la localidad y en las fincas agrícolas. Xose Primo es uno de los vecinos más concienciados sobre la necesidad de colaborar en la integración. En su tienda de electricidad trabajó Ahmed y ahora Major Tesfay. "Miraban hacia la tienda al pasar y decidimos proponerles un trabajo. Es importante que se integren", explica Primo, que ha enseñado a Major a montar en bicicleta y le prepara para conducir.

A unos 20 kilómetros de Fundão, en la Quinta das Rasas, Gebru y Hadush, de Eritrea, aprenden a podar cerezos junto a trabajadores nepalíes e indios, bajo la supervisión del chileno Pablo Galaz.

Pablo, que llegó a Portugal procedente de Holanda, confía en que los refugiados se queden en esta localidad tanquila, donde son bien acogidos y no tendrán problema para trabajar: "Ellos no vienen a quitar puestos de trabajo, hacen el trabajo que los portugueses no quieren", explica.

Fundão abre la puerta a una nueva vida para los refugiados y, a la vez, busca mejorar su propio futuro. "Somos un territorio envejecido que necesita de gente para desarrollar las posibilidades de este territorio", reconoce a Efe Alcina Cerdeira, concejala de Acción Social e Integración.

El programa de acogida para los refugiados dura 18 meses. Los del Aquarius llevan ya cuatro. "Están muy avanzados, pero todavía no quieren salir del seminario", explica Paula Pio. Cuando termine el plazo, "esperemos que quieran quedarse". "Creo que Fundão los ganó por la paz y por la serenidad", concluye.