Bruselas

"Hay una crisis política en España, no en Bélgica", ha sostenido este miércoles el primer ministro belga, el liberal valón Charles Michel, durante un debate parlamentario consagrado monográficamente a Cataluña. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos días desmienten sus tesis. El expresidente catalán, Carles Puigdemont, y cuatro exconsellers se encuentran autoexiliados en Bruselas, pendientes de una euroorden emitida por la Audiencia Nacional. Y sus socios de Gobierno, los nacionalistas flamencos de la N-VA se solidarizan con Puigdemont y arremeten contra el Gobierno de Mariano Rajoy.

La crisis catalana se ha convertido en un asunto de política interna de Bélgica y amenaza la supervivencia del Gobierno de Michel. Durante dos horas, el primer ministro ha tenido que contestar a una docena de interpelaciones críticas de los grupos de oposición por su posición sobre Cataluña. Los parlamentarios han acusado a Michel de no controlar a sus ministros de la NV-A, que promueven su propia agenda independentista, y de permitir que Bruselas se convierta en "la capital del nacionalismo, el repliegue identitario y el egoísmo".

"Todos los ciudadanos deben responder de sus actos, incluido el señor Puigdemont. Con los mismos derechos y deberes. Sin privilegios, pero también sin ser tratados como subciudadanos", ha contestado el primer ministro belga. Una intervención en la que se ha desmarcado totalmente de las críticas de la N-VA a Rajoy y ha pedido respeto para cualquier decisión que adopte la justicia belga sobre la euroorden contra el expresidente catalán.

"La orden de detención y entrega es un tema de la justicia, no es ni será un tema del Gobierno", ha asegurado Michel. Su Ejecutivo no tiene intención de pronunciarse en ningún momento. "En tanto que primer ministro, velaré para que no haya interferencias en el principio de separación de poderes y de independencia judicial", señala.

España, el único interlocutor

Incluso si finalmente Puigdemont decide pedir asilo político en Bélgica, algo que el expresidente catalán ha dicho que no hará, Michel ha querido dejar claro que la decisión final no estaría en sus manos. La tramitación corresponderá a un órgano independiente, el Comisariado General para los Refugiados y Apátridas. "No hay intervención de un secretario de Estado, de un ministro ni del Consejo de ministros", sostiene el primer ministro.

Su prioridad era claramente rebajar la tensión diplomática con el Gobierno español que han provocado las declaraciones de sus ministros de la N-VA. "No hay ambigüedad, tenemos un interlocutor que es el Gobierno de Madrid, España, y mantenemos contactos permanentes por todos los canales para evitar malentendidos", ha resaltado Michel.

Incluso su tradicional apelación al diálogo entre Madrid y Barcelona ha sido más matizada que en ocasiones anteriores. A su juicio, son las elecciones autonómicas del 21-D convocadas por Rajoy las que abren la vía para este diálogo y una solución política en las próximas semanas

Durante la tarde, el Parlamento flamenco ha rechazado por mayoría aplastante una moción presentada por el partido de extrema derecha Vlaams Belang para pedir el reconocimiento de la independencia de Cataluña. La propuesta ha sido tumbada por 4 votos a favor y 95 en contra. Ni siquiera los nacionalistas flamencos de la N-VA, que forman parte del Gobierno belga, la han apoyado pese a su simpatía por Puigdemont.

En cualquier caso, es improbable que la intervención de Michel vaya a zanjar las tensiones en el Gobierno belga por la crisis catalana. Entre los asistentes al acto de Puigdemont con alcaldes de este martes se encontraban representantes de la N-VA, a los que el expresidente catalán agradeció expresamente su apoyo. La crisis catalana seguirá siendo también una crisis en Bélgica.

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