París

A Marine Le Pen, candidata a ocupar la jefatura de Estado, le “faltó altura” en el debate contra Emmanuel Macron, su contrincante en esta histórica carrera hacia el Palacio del Elíseo. No, esta apreciación no proviene del campo de su adversario, sino de su propio padre y fundador de la formación política que ella misma representa, Jean-Marie Le Pen.

Interrogado la mañana de este jueves en la radio RTL, el fundador del Frente Nacional insistía: "Supongo que fue su entorno el que la aconsejó de esta manera. Debían esperar el derrumbamiento o el colapso psicológico de un hombre –Emmanuel Macron- que no parece ser demasiado sólido".

Así, Jean-Marie Le Pen, la oveja negra del FN, recordaba que detrás de la imagen de la candidata frontista, cuya campaña se ha centrado en su propia persona, marcando distancias con su incómoda e inherente herencia, existe un “entorno”: la galaxia de Marine Le Pen, una camarilla que le aconseja y asesora, un clan donde las relaciones profesionales y personales se entremezclan sin reparos.

La mano derecha de Marine



Sin duda, uno de los pilares esenciales de este entorno es Florian Philippot, vicepresidente del Frente Nacional y diputado europeo, brazo derecho de Le Pen. Philippot, de 35 años, es uno de los principales responsables de la estrategia de “desdiabolización” de la candidata. Un caballo de batalla que ha asumido como propio durante estos históricos comicios, omnipresente en los platós de televisión y en los estudios de radio, con el objetivo de refundar la imagen del FN y defender su polémico proyecto sobre el abandono de la moneda única.

Philippot en una imagen de archivo Reuters

Como consejero de Marine Le Pen desde 2009, Philippot cuenta con los favores de su líder. Así, no es extraño encontrar, entre las filas de la formación, a su hermano: Damien Philippot. Quien trabajara en el instituto de sondeos Ifop, también aconseja hoy a la aspirante al Elíseo, dirigiendo la célula de “redacción” de la campaña presidencial.

El cuñado, al mando de la 'célula de ideas'

Todo, o casi, queda en familia en la formación de extrema derecha. Philippe Olivier, cuñado de la líder frontista, también tiene su espacio en el seno del partido. El codirector la “célula de ideas e imágenes” es, además, uno de los principales consejeros de Marine Le Pen.

Sin embargo, esta relación no siempre fue tan idílica: en 1998, tras la escisión del FN con Bruno Mégret, Olivier decidió tomar partido por este último, dejando de lado al fundador de la formación, Jean-Marie Le Pen. Todo para volver en 2016 y convertirse en uno de los miembros esenciales de la campaña Marine2017.

Su pareja 

Siguiendo su círculo más intimo, personal y profesional, aparece Louis Aliot, ex colaborador de Jean-Marie Le Pen, vicepresidente del FN y actual pareja de la candidata. Aliot encarna la simbiosis más evidente entre la intimidad y la política que caracteriza a la formación de extrema derecha. Partidario de la estrategia de “desdemonización” de Marine Le Pen, la pareja de la candidata no dudó en aclarar que esta normalización de su imagen “concierne a nuestra presunción de antisemitas. No al islam, no a la inmigración: un terreno en el que no es necesariamente malo ser demonizado”.

Alejado del primer plano mediático a lo largo de la campaña presidencial, Marine Le Pen se ha apresurado a asegurar que, de ganar estos comicios, Aliot no ocupará ningún cargo ministerial, todo para evitar posibles “nepotismos”.

El eurodiputado 'nacional-católico'



En esta variopinta galaxia, Nicolas Bay juega un papel central. El diputado europeo de 39 años es el director de campaña de Marine Le Pen. Este defensor de la línea “nacional-católica” de Marion Maréchal-Le Pen, sobrina de la candidata, es también el secretario general del FN.

Si bien Nicolas Bay se ha convertido hoy en una pieza indispensable del aparato de extrema derecha -siendo el encargado de preparar las próximas elecciones legislativas-, en 2004, durante una entrevista televisada, no dudaba en calificar a Marine Le Pen de “Tanguy –término destinado a designar a los jóvenes que aún viven a costa de sus padres- de la política regional (…) Tiene 36 años y vive en el castillo de su padre en Saint-Cloud, su padre le paga por estar en la sede del FN y su marido también cobra de su suegro (…)”. Por aquel entonces, Bay había dejado de lado a la formación de extrema derecha para unirse a las filas del MNR (Movimiento Nacional Republicano) liderado por Bruno Mégret. A día de hoy, parece que nunca es tarde para volver a las filas frontistas...



Más allá de este círculo visible y conocido, aparecen diversas personalidades, muy cercanas a la candidata a ocupar la presidencia de la V República, con un pasado ligado al GUD (Grupo Unión Defensa), una organización estudiantil de extrema derecha, muy activa en la década de 1970 y conocida por su extrema violencia.



Philippe Péninque es uno de los principales pilares de la “GUD connection” que rodea a Marine Le Pen. Su relación se remonta a 1994, cuando ambos defendían codo con codo a varios militantes del GUD y del FNJ (Frente Nacional de la Juventud) ante los tribunales. Péninque, el mismo militante activo del GUD, “apareció en 2005 en una reunión del FN destinada a reestructurar las finanzas del partido, un proceso en el que participó en 2007-2008, imponiendo las bases de una línea ‘nacional republicana’”, explica Marine Turchi, periodista especializada en la formación de extrema derecha en el diario Mediapart y coautora del libro de investigación Marine est au courant de tout... (Marine está al corriente de todo, Flammarion, 2017).

Las malas compañías



En este entorno poco “recomendable”, aparece Axel Loustau, el amigo al que Le Pen prefiere mantener en la sombra. Sin embargo, su empresa Presses de France ha sido la encargada de imprimir los panfletos y pósters oficiales de la campaña de la candidata frontista.

En 2013, Marine Le Pen confía al ex miembro del GUD la tesorería de su micro-partido Jeanne, una pieza clave en un montaje financiero que podría haber costado un millón de euros a las arcas públicas francesas. La micro-formación funcionaba como un sistema de préstamos concedidos a los diferentes candidatos frontistas para financiar sus respectivas campañas, con una tasa de interés del 6,5%.

Según las reglas electorales, el Estado reembolsa los costes de campaña a los candidatos que alcanzan, al menos, un 5% de los sufragios, lo que les permitía reembolsa los prestamos al micro-partido, y a éste ganar el respectivo porcentaje de los intereses. Loustau ha sido imputado en el proceso judicial encargado de investigar este sistema de estafa.

La lista de antiguos activistas del GUD en el entorno de Marine Le Pen es larga. Frédéric Chatillon, ex líder del movimiento de extrema derecha, es uno de los prestatarios preferidos de la aspirante a la presidencia, “participando en la búsqueda de apadrinamientos de alcaldes para su candidata durante la última campaña presidencial (…) y jugando un rol financiero que le convierte en una especie de banquero del FN”, relata Turchi. Poco importa que Chatillon haya sido imputado en múltiples ocasiones por la Justicia, si dichas causas pendientes con la Justicia están directamente relacionadas con la financiación de las campañas del Frente Nacional.

En esta variopinta galaxia, no podemos olvidar a Wallerand de Saint-Just, el tesorero del FN. Cercano también al movimiento Grupo Unión Defensa, Wallerand de Saint-Just fue, junto con su amigo Philippe Péninque, uno de los pilares claves de la reestructuración financiera del FN en 2000…

Así, detrás de Marine Le Pen, de su estrategia de “desdemonización”, de su pretendida ruptura con la herencia fascista de su padre, continúa presente una fuerza latente ligada a la extrema derecha más radical. Una camarilla que la candidata prefiere mantener detrás del telón mientras la carrera hacia el Palacio del Elíseo siga en juego.