Caracas

Marchas pacíficas, represión policial, bombas lacrimógenas, tanquetas y agresiones físicas. Esta es la historia Gabriel Santana y el día a día de miles de miles de opositores venezolanos.  Pasamos 24 horas en las calles de Caracas con Gabo, estudiante de ciencias políticas, en el Día Internacional del Trabajador durante una de las semanas más turbulentas de la crisis política que enfrenta al Gobierno chavista de Nicolás Maduro y a una oposición que se echa cada día a la calle para defender sus derechos.

Noticias relacionadas

30 de abril, 18.00 horas


Gabriel, estudiante de ciencias políticas, se reúne con los vecinos de la comunidad Pajarito, un barrio popular de Caracas con el que saldrá a marchar el día siguiente. Junto a Daniella Liendo y Raffaella Maiuri, conversan con manifestantes de la comunidad sobre el protocolo de actuación a seguir antes, durante y después de una marcha; los primeros auxilios, y qué hacer en caso de detención policial.



Gabo considera que se trata de una conversación fundamental para aquellos que quieren marchar en Caracas. Ya no resulta extraño para ningún manifestante el encontrarse con bombas lacrimógenas, el uso de las llamadas “ballenas”, o incluso agresiones físicas por parte de la Polícia Nacional Bolivariana. Esta conversación adquiere especial importancia tras el fallecimiento de 28 estudiantes en el mes de abril.

1 de mayo, 10.00 horas

Gabriel sale a marchar con los vecinos de Pajarito en dirección Altamira, que era uno de los puntos de concentración en la zona este de Caracas, en dirección Tribunal Supremo de Justicia. Desde el punto oeste la ciudad marcharían hacia el Consejo Nacional Electoral.

Concentrado con la mayoría de los manifestantes, se empieza a ver que hay otra manifestación convocada por el Gobierno, y que seguía la misma ruta que iban a tomar los opositores.

11.30 horas

Para evitar la confrontación con la simultánea marcha, deciden subir por la ruta más septentrional, casi pegada al monte Ávila. El objetivo era cruzar por la llamada Cota Mil.

Sin embargo, cuenta Gabriel, que ésta fue una mala decisión pues la entrada a Cota Mil era estrecha, lo cual permitía al cuerpo policial situarse ahí y estratégicamente contraatacar.

Enrentamientos entre policía y manifestantes el 1 de mayo en Caracas Juan Andrés Blanco


12.45 horas

Gabriel y su grupo llegan a Cota Mil. Aquí se encuentra con su hermano, Carlos Luis, que también había decidido acudir a la manifestación con amigos. Desde ahí, la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) lanza bombas lacrimógenas de manera directa contra la concentración.

Gabriel, en ese momento, no puede sino acordarse de Juan Pablo Pernalete, el estudiante que falleció en la capital venezolana tras impactarle en el pecho una bomba como ésta.


13.30 horas

Gabriel comenta la tensión que se iba generando entre los manifestantes por la represión que estaba recibiendo por parte de la Guardia Nacional. Deciden, pues, que la solución para evitar la agresión es caminar hacia la autopista.

Opositores repelen las agresiones de la policía venezolana en las calles de Caracas


14.00 horas

Llegados a la autopista, Gabriel cuenta cómo se podían ver los piquetes preparados para entorpecer el paso: piedras, verjas de púas... “Cualquier objeto para impedir el paso”. Comenta, además, la frustración de los manifestantes. Deciden unirse a la manifestación que saldría desde el oeste.


14.15 horas

Por el camino, se encuentran con más de 100 Guardias Nacionales, con dos “tanquetas” y las llamadas “ballenas” (máquinas que expulsan agua a presión para reprimir las manifestaciones). Tras ver la represión de la GNB con bombas lacrimógenas, el grupo retrocede.

'Ballenas' de la policía lanzan agua a los manifestantes Juan Andrés Blanco


15.45 horas

Los manifestantes se acercan a la Carlota, el aeropuerto militar en el centro de Caracas, que queda a un lado de la autopista. Como reacción a la represión que se estaba viviendo, los manifestantes tumban una de las rejas del aeropuerto. Se empieza a ver violencia por parte de ambos sectores.

Manifestantes se preparan para lanzar una piedra en las calles de la capital venezolana Juan Andrés Blanco

En ese momento el cuerpo policial avanza contra ellos, cualquier persona que estuviera en aquel lugar sería considerada manifestante. Las tanquetas avanzan sobre los protestantes.


16.30 horas

En medio de la represión por acercarse a la Carlota, Gabriel recibe una llamada de su madre preguntando por el paradero de su hermano, Carlos Luis Urbina, que había decidido quedarse en Cota Mil, mientras que Gabriel había decidido acudir a la autopista. Le dicen que no ha llegado a casa todavía.

En ese momento, Gabriel teme que hayan detenido a su hermano por manifestarse.

17.00 horas

Gabriel recibe otra llamada. Han encontrado a Carlos Luis. Tras ser dispersado del núcleo de Cota Mil, decide volver caminando a su casa. En la esquina de su casa, un motorista le ofrece llevarle, pues han visto a seis policías nacionales –el sector policial “más violento”, según comenta Gabriel– por la zona.

En ese mismo instante aparecen los agentes, tiran a Carlos Luis de la moto, y lo atracan. Tras segundos de indecisión del Cuerpo del Estado sobre qué hacer con él, le propinan varios golpes en la cara, y en las costillas. Acto seguido, lo trasladan al piquete que se había formado en la colina, poniéndolo a disposición de la Guardia Nacional, para que se lo pudiera detener y procesar. En este momento, la Guardia Nacional negocia con Carlos Luis que si se limpia la cara de todo rastro de sangre, lo dejarán marchar. “Una forma rápida de que el agredido no pueda alegar que eso se lo hicieron los cuerpos del Estado” añade Gabriel.


Carlos Luis sale libre, y se topa con dos “polichacaos”, los policías del municipio de Chacao, el sector más opositor de Caracas. Éstos lo escoltan a su casa.

17.30 horas


La represión de la zona de la autopista crece. Los manifestantes han prendido fuego a una de las “ballenas” sin agua, y el cuerpo policial responde contra esto. Gabriel decide que es hora de irse.

Gabriel llega a casa después de un día intenso y accidentado. Con una racionalidad intachable hablamos sobre su día, comentamos sus pasos. No se asusta ante los acontecimientos de hoy, sólo le llena de terror el pensar lo que podría haber sido de su hermano si le hubieran llegado a detener. 

Anochece en Venezuela. Mañana será otro día, mañana será otra lucha.

Manifestantes con mascarillas para evitar los gases lacrimógenos de la policía Juan Andrés Blanco