Los catalanes franceses, o del Norte, como se llaman a sí mismos, también se han levantado en armas, pero en este caso porque no quieren perder el nombre de su región ni mezclarse en una autonomía más grande.

Hasta ahora, siempre habían sido la región Languedoc-Roussillon, con su centro neurálgico en Perpignan. Sin embargo, desde el 1 de octubre tendrán que unirse a la vecina Midi-Pyrénées y pasar a llamarse Occitania, un nombre que ha provocado la rebelión de unos 450.000 catalanes que viven al otro lado de la frontera, según informa The New York Times.

El Gobierno francés aprobó en julio pasar de 22 a 13 regiones para reducir los gastos administrativos. Pero nunca pensó que estos cambios iban a provocar la revolución de una población que hasta ahora sólo había reivindicado sus diferencias culturales y no tanto su identidad nacional.

Sin embargo, los habitantes de esta región creen que el cambio de nombre, que tiene que ser efectivo ya en todos los papeles oficiales, va a borrar del mapa de un plumazo sus tradiciones, su lengua y su historia común con los vecinos catalanes.

Por eso, han organizado una gran manifestación este sábado en Perpignan e interpuesto un recurso administrativo ante el Consejo de Estado para, al menos, conseguir que se incluyan dos palabras junto a Occitania: "País Catalán".

"Un nombre da identidad, por lo que esta reforma nos ha hecho mucho más conscientes de lo que realmente somos, sobre todo porque se nos dice que nuestra cultura será enterrada bajo un nombre que nunca ha sido el nuestro", reclama Sylvia Andolfo, que ha colocado una bandera catalana en la puerta de su pastelería en Perpignan.

El presidente de un partido regional llamado Unitat Catalana, Brice Lafontaine, insiste en que "Occitania no significa nada para los habitantes de esta región. Somos los catalanes del Norte y queremos seguir siéndolo".

Pero Lafontaine va más allá y considera que el primer ministro francés, Manuel Valls, los está traicionando, a ellos y a sus orígenes: "Él nació en Barcelona y habla catalán y ahora no lucha a favor del reconocimiento de nuestra cultura".

Las reivindicaciones de la mayoría de los catalanes franceses poco tienen que ver con las de sus vecinos del sur. En esta región, a la que llegaron muchos españoles tras la Guerra Civil del otro lado de la frontera, quieren que se reconozca sus diferencias culturales y no tanto una independencia política.

De hecho, casi todos definen su identidad catalana como cultural y no tanto política. Por ejemplo, Andolfo reconoce su simpatía por los catalanes que quieren separarse de España pero no siente ningún deseo de ver a los franceses catalanes romper con Francia.



"Mi abuela vino de Cataluña en 1939. Nunca me habló en catalán porque siempre tuvo miedo a Franco, y creía que el francés era mi futuro, mi camino para encontrar un trabajo", explica. Eso sí, su hija acude a un colegio bilingüe para aprender francés y catalán.

Y es que el francés es la única lengua que se escucha por la ciudad, excepto en el distrito de Santiago, cuya comunidad gitana habla catalán.

Muchos empresarios han intentado dar alternativas al nombre de Occitania y hablan de una región ampliada que podría llamarse "Pirineos Mediterráneo", algo neutral y que potencia como marca los activos naturales de la región.

Es cierto que el Gobierno francés permitió a la población votar el nuevo nombre pero con la unión de las dos regiones, los catalanes franceses son sólo el 10% de ese censo y era muy improbable conseguir que se impusiera su nomenclatura.

Por ahora, sólo les queda el apoyo de algunos alcaldes de la zona que han decidido agregar el "catalán" al nombre de sus ciudades en las carreteras y a la entrada y salida de las poblaciones.