Bruselas

El primer ministro británico, el dimisionario David Cameron, se ha encontrado este martes con un ambiente frío, casi hostil, en su última cumbre de la Unión Europea en Bruselas. El resto de líderes no han ahorrado críticas contra él por haber convocado por “cálculos políticos” el referéndum que ha llevado al brexit. Pese a sus diferencias sobre cómo gestionar la separación -si debe ser rápida o lenta, amistosa o conflictiva- todos han coincidido sin fisuras en el mismo mensaje: no permitirán que Londres tenga un divorcio con privilegios.

El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha aprovechado la cumbre para presentar a los jefes de Estado y de Gobierno de los 28 su primera estimación del impacto del brexit en la eurozona. Según sus cálculos, el crecimiento se reducirá entre un 0,3% y un 0,5% en los próximos tres años, han explicado fuentes europeas.

El ambiente de la reunión "ha sido de tristeza y pesar", ha admitido Cameron en su rueda de prensa final en Bruselas. El primer ministro británico ha culpado de su derrota en el referéndum a la laxitud de las políticas migratorias de la UE. Un análisis contra el que se ha revuelto el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. "Si durante años dices a tus ciudadanos que la UE va mal y es burocrática y tecnocrática, no puede sorprenderte que los votantes te crean", le ha replicado.

No habrá privilegios para Londres

Pese a todo, el primer ministro británico ha pedido a sus socios una actitud "constructiva" durante el proceso de separación. "Aunque dejemos la UE, no debemos dar la espalda a Europa. Estos países son nuestros vecinos, amigos, aliados y socios. Espero que logremos la relación más estrecha posible en términos de comercio, cooperación y seguridad. Es bueno para nosotros y para ellos", ha dicho. No obstante, él mismo ha reconocido que "es imposible tener todos los beneficios de ser un miembro sin los costes de pertenecer a la UE".

 

Reino Unido ya disfruta ahora de un estatus especial, único, en la UE. Se beneficia de una Europa a la carta. Ejerce de líder en las políticas que le interesan, como la negociación de acuerdos comerciales, el mercado único digital o la reducción de la burocracia. Y no participa en las que le disgustan, como el euro o el espacio sin fronteras Schengen.

 

El líder de la campaña del brexit, Boris Johnson, que aspira a suceder a Cameron, sostiene que también es posible un divorcio a la carta. Londres seguirá beneficiándose del mercado único y a la vez “recuperará el control democrático de la política migratoria”, ha escrito en su columna del Telegraph. Por su parte, Nigel Farage, el número uno del Partido por la Independencia de Reino Unido (UKIP) ha reclamado este martes en la Eurocámara poder seguir exportando a la UE sin aranceles.

 

Los jefes de Estado y de Gobierno europeos han querido lanzar desde Bruselas una ofensiva coordinada para desmontar las tesis de Johnson y Farage. Tras la separación, Reino Unido no podrá quedarse con las políticas de la UE que le gusten y desechar el resto. El primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, ha sido el que mejor ha sabido condensar el recado de la Unión Europea a Londres. “Esto no es Facebook, donde definir el estatus es complicado. O estamos casados o estamos divorciados. No puede haber una posición intermedia”, ha apuntado.

 

Sin libre circulación de personas no hay mercado único

 

Pero ha sido la canciller alemana, Ángela Merkel, quizá la dirigente más comprensiva con Cameron, la que paradójicamente ha marcado la línea dura que después han seguido el resto de líderes europeos. “El que quiera dejar esta familia no puede esperar deshacerse de todas sus responsabilidades pero mantener sus privilegios”, ha dicho Merkel en un discurso en el Bundestag antes de viajar a Bruselas.

 

“Por ejemplo, el que quiera un libre acceso al mercado interior tendrá que respetar a cambio las libertades básicas de la UE”, aduce la canciller. Es decir, el libre movimiento de personas, capitales, mercancías y servicios. “Eso se aplica a Reino Unido y a todos los demás”, ha señalado. Merkel ha esgrimido el ejemplo de Noruega, que participa en el mercado interior pero a cambio debe aceptar la libre circulación de trabajadores comunitarios y realizar aportaciones al presupuesto de la UE. Además, no tiene voz ni voto en la elaboración de las reglas europeas.

 

También el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha dejado claro que Londres no puede beneficiarse de un divorcio a la carta. “De cara a esas negociaciones (de separación), esperamos que nadie pretenda quedarse con lo que le interesa de Europa y no con lo que no le interesa”, ha dicho. Su prioridad será defender los derechos de los españoles que ya residen en Reino Unido.

 

Para el primer ministro belga, Charles Michel, la UE no puede permitir convertirse en rehén de la política británica. "No tengo la intención de aceptar que se nos someta a un chantaje indefinido por parte de Reino Unido. No tengo la intención de aceptar que Reino Unido juegue con el resto de Europa durante meses y meses. Por eso tenemos que ser claros y firmes", ha subrayado.

 

Paciencia, pero sin contactos preparatorios

 

La segunda advertencia que han lanzado los líderes europeos a Londres es que no habrá ningún tipo de negociación sobre el brexit hasta que las autoridades británicas activen la cláusula de divorcio, el artículo 50 del Tratado.

Una vez que se invoca esta cláusula, comienza a correr el plazo de dos años hasta la separación total. Por eso, los políticos británicos quieren mantener contactos informales previos para saber a qué atenerse, preparar el diálogo y tener más tiempo. Cameron ha dicho que deja la decisión en manos del próximo primer ministro, que se elegirá probablemente en octubre.

 

Los dirigentes de la UE están divididos sobre la rapidez con la que debe llevarse a cabo el divorcio. El pleno de la Eurocámara ha aprobado este martes una resolución en la que solicita a Londres que active el artículo 50 “inmediatamente” para evitar la incertidumbre y frenar cualquier contagio de referendos de salida en otros países. Es la misma posición que defiende el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, Francia, Bélgica o Italia.

 

En el extremo contrario se sitúan la canciller Merkel o el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, que están dispuestos a dar más tiempo a Reino Unido. Pero también ellos están de acuerdo en que no habrá contactos exploratorios previos. “Seremos pacientes si es necesario”, ha dicho Tusk. “Pero quiero dejarlo muy claro: sin notificación de Reino Unido no iniciaremos ninguna negociación sobre el proceso de divorcio o sobre nuestras relaciones futuras”, afirma. Juncker ha prohibido incluso a comisarios y altos funcionarios dialogar con los británicos.

 

Varios líderes europeos han culpado directamente a Cameron del brexit por haber convocado el referéndum sobre la UE para aplacar a los euroescépticos de su partido y ganar terreno al UKIP. La presidenta lituana, Dalia Grybauskaité, ha lamentado “las ambiciones personales y las batallas entre los políticos del partido tory”. Y el luxemburgués Bettel ha arremetido contra los “cálculos políticos nacionales” del primer ministro británico.

Pero el más duro ha sido el presidente francés, François Hollande, que durante su rueda de prensa final parecía a veces alegrarse del brexit. "No se trata de castigar a Reino Unido, ni mucho menos a los ciudadanos británicos. Pero al mismo tiempo ha asumido riesgos y el pueblo británico debe saber que durante un tiempo, sin duda, sufrirá las consecuencias", ha dicho Hollande.

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