Berlín

La policía en Düsseldorf investigaba el martes si el incendio ocurrido ese día en un hogar para refugiados situado cerca del aeropuerto de esa ciudad del oeste germano había sido provocado y si dos detenidos tras el suceso estaban relacionados con el siniestro. Los bomberos tuvieron que rescatar de las llamas a 130 de los asilados que se encontraban dentro del recinto incendiado en el momento de registrare el fuego, pasadas las doce del mediodía.

Lo ocurrido en Düsseldorf parece seguir el guión de muchos de los ataques que sufren los hogares de refugiados en Alemania, país que sólo en 2015 recibió a 1,1 millones de demandantes de asilo, mucho más que cualquier otro país de Europa. La Oficina Federal de Investigación Federal (BKA, por sus siglas alemanas), ha informado de que el año pasado hubo hasta 1.031 denuncias por actos violentos de este tipo.

En 2013 se denunciaron apenas 63 de estas agresiones, cuyo número en 2015 se ha visto multiplicado por 16. En lo que va de año, según datos hechos públicos el pasado mes de abril, ya se han registrado 347 ataques contra hogares de acogida para refugiados o en los alrededores de estas instalaciones. En términos generales, los crímenes racistas aumentaron en 2015 un 87% en Alemania.

Selmin Çalişkan, secretaria general de la sección germana Amnistía Internacional (AI), teme que, en realidad, el número de estos crímenes xenófobos sea mucho mayor. “Ahora hay más agresiones contra hogares de refugiados o gente con otro color de piel, el número ha explotado y, en este contexto, las autoridades tienen que actuar sin seguir estereotipos, a la hora de investigar, porque, de no ser así, pueden verse esos crímenes como crímenes corrientes, y no lo son, son crímenes motivados por racismo”, dice Çalişkan a EL ESPAÑOL.

El auge de los crímenes xenófobos

La responsable de AI Alemania mostraba su preocupación este jueves sobre la situación de la violencia racista en el país de la canciller Angela Merkel al presentar en Berlín un informe criticando la actuación de las autoridades germanas ante el auge de los crímenes xenófobos. “El número de ataques motivados por racismo nunca ha sido tan alto”, subrayaba Çalişkan en la presentación del documento, titulado “Vivir en la inseguridad: cómo Alemania deja en la estacada a las víctimas de violencia racista”.

En el informe se pide, en concreto, que el Gobierno alemán lance una investigación independiente para ver si el racismo institucional impide que se puedan detectar, perseguir y castigar crímenes racistas. “Estamos muy preocupados por que el Estado no persiga adecuadamente a los autores de esos crímenes”, Çalişkan, que se muestra convencida de que “existe un racismo institucional en Alemania”.

EL 'EJEMPLAR' CASO DEL GRUPO NEONAZI NSU

Por “racismo institucional” entienden en AI una serie de “actitudes y desviaciones” que toman las autoridades, policiales y judiciales, a la hora de afrontar casos de crímenes racistas. Así lo explicó el jueves junto a Çalişkan el investigador Marco Perolini, autor del estudio. Dando un ejemplo de los efectos de este fenómeno xenófobo, Çalişkan recuerda el caso del extinto grupo neonazi Resistencia Nacionalsocialista (NSU, por sus siglas en alemán), que acabó con la vida de diez personas y dejó a una veintena de heridos entre 2000 y 2007.

“A la familia de Theodoros Bulgarides no se le dejó de preguntar si él había estado vendiendo droga”, apunta Çalişkan, aludiendo al comerciante griego asesinado por la NSU en Múnich hace ya once años. En AI “no decimos que los policías o los fiscales sean racistas, no queremos echar la culpa a las autoridades policiales, pero la institución policial, en su conjunto, tiene que ver cómo funcionan sus procesos internos”, alerta Çalişkan.

Según ella, hay responsables políticos que, al relacionar temas como la inmigración y criminalidad, también están contribuyendo a un clima de xenofobia. Desde que la pasada Nochevieja se registraran en Colonia (oeste) y otras ciudades germanas agresiones y robos masivos a mujeres a manos, mayoritariamente, de grupos de personas de origen inmigrante - hasta 61 de los identificados proceden del Magreb -, parte de la población germana mira ahora con mayor suspicacia a los migrantes.

Esta semana, sin embargo, la BKA publicó los primeros datos sobre criminalidad en este colectivo, llegando a concluir que los “inmigrantes no son más criminales que los alemanes”. “Los datos de la BKA ayudan a combatir esos miedos que utilizan algunos, generando resentimiento y estereotipos”, declara Çalişkan.

Sin embargo, esas ideas preconcebidas, según Perolini, todavía son en buena medida lo que hace que Alemania esté “fallando” frente a los crímenes de odio racial en términos de identificación, persecución y prevención. En palabras de Çalişkan nada más comenzar su intervención en la presentación del informe de AI: “el Estado no es capaz de defender a los ciudadanos del racismo”.

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