Caracas

La falta de azúcar pone en vilo la producción de Coca Cola en Venezuela, mientras la escasez de cebada hace lo propio con la cerveza que produce Polar, la mayor empresa del rubro en el país suramericano que ya ha paralizado todas sus plantas. Tampoco hay maíz suficiente para elaborar la harina con la que se preparan las típicas arepas, alimento tradicional que consume a diario el grueso de la población, ni suficiente harina de trigo, lo que se traduce en que las colas para comprar una barra de pan racionado sean largas y se vean a diario.

Las empresas que se dedican a la elaboración de alimentos y bebidas han visto reducido su acceso a las materias primas. La Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea) ha divulgado que la disminución de la producción en el sector durante el mes de abril fue de 21,8%. Juvenal Arveláez, presidente de Cavidea, ha destacado que además del limitado acceso a los principales insumos el gremio también se ha visto afectado por el racionamiento eléctrico que sufre la nación desde hace más de un mes.

El Gobierno venezolano no ha dado buenas noticias que permitan creer que la situación mejorará pronto. Miguel Ángel Pérez Abad, ministro de Industria y Comercio, ha anunciado que el Estado recortará aún más las importaciones. Apenas se destinarán 20 mil millones de dólares para compras en el exterior, un 46% menos si se compara con las cifras de 2015, en medio de lo que el funcionario ha calificado como “un programa bastante austero”.

En Venezuela es el Estado el encargado de vender divisas extranjeras a las empresas privadas y a los ciudadanos. Desde 2003 está vigente un rígido control cambiario.

No hay azúcar, no hay cebada

La embotelladora Coca Cola Femsa, que cuenta con cuatro fábricas y más de 7.000 empleados en Venezuela, ha paralizado la producción de bebidas azucaradas, aunque continúa con las dietéticas, según ha difundido en un comunicado. “Se han agotado los inventarios de azúcar refinada de uso industrial existentes”, se lee en la nota de la empresa que asegura que sigue en conversaciones con proveedores y autoridades del país para buscar alternativas para “solventar esta coyuntura”.

La noticia ha dado la vuelta al mundo y fuentes vinculadas a Pepsi, principal rival de Coca Cola en el negocio de las gaseosas, han asegurado que en las próximas semanas también le llegará el turno de parar por las mismas razones.

Otras bebidas tampoco escapan a la crisis venezolana. Cervecería Polar, fundada en 1941, es la mayor productora del sector en el país, abarcando el 80% del mercado de cervezas. A finales del mes de abril paralizó sus cuatro plantas por falta de cebada, cereal que por razones climáticas no se puede producir en Venezuela. El Estado es el encargado de asignar divisas al sector privado y desde Polar aseguran que no han podido comprar dólares para pagar las deudas con los proveedores en el exterior, ni para importar más cargamentos de su principal insumo.

El Gobierno de Nicolás Maduro ha acusado a Lorenzo Mendoza, dueño de Polar, de estar detrás de los planes desestabilizadores para acabar con la “revolución bolivariana”, en los que ha calificado como una “guerra económica”. Mendoza es uno de los hombres más ricos del país, con una fortuna personal calculada en mil quinientos millones de dólares, según la revista Forbes. Él ha negado su participación en cualquier conspiración y sus empresas, que también lideran el sector de alimentos, han denunciado “una evidente discriminación” gubernamental en su contra.

La crisis del pan

La Polar es dueña de la marca Harina PAN, nombre comercial de la harina de maíz con la que se preparan las arepas, un pan de maíz, asado o frito, que es el principal alimento de los venezolanos.

Desde Cavidea se ha informado que el inventario de maíz ha llegado a “niveles críticos” por lo que han solicitado a las autoridades que se normalice “con urgencia” el acceso a materias primas para que las industrias productoras de alimentos básicos puedan abastecerse.

José Antonio García, de la Central Obrera Únete, ha advertido en un comunicado que la producción de maíz es la más baja en los últimos 15 años y apenas cubre la mitad de la demanda nacional. Del texto se extrae que la escasez de esta materia prima pondrá en riesgo el trabajo de más de 10 mil obreros que trabajan en las procesadoras. Otros tantos miles de trabajadores dedicados a la distribución y más de 250 mil personas que se desempeñan en el sector alimentos también se verán afectadas. “La escasez de la harina de maíz precocida tendrá impactos devastadores en la alimentación venezolana”.

La Fundación Bengoa, dedicada al desarrollo de acciones para mejorar la alimentación y nutrición, ha detectado un incremento de 9% de niños con deficiencias por falta de nutrientes, según un estudio realizado en escuelas de Caracas, Maracaibo y Mérida. Esta tendencia coincide con las últimas cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadísticas que reflejan que el consumo de alimentos entre el año 2012 y 2014 bajó de 2.304 a 1.831 calorías al día. No existen más cifras oficiales actualizadas, pero la Asamblea Nacional ha declarado una crisis alimentaria nacional ha solicitado colaboración a la FAO y a Unicef para enfrentar la aguda situación que ha deteriorado la calidad de vida de los ciudadanos.

Lo que en otros tiempos era habitual en la mesa de los venezolanos, hoy no se consigue. Es el caso del pan. Las colas para comprar una barra son enormes y ni siquiera eso garantiza que se pueda conseguir el alimento todos los días. “No hay pan” es el letrero que se repite en varias panaderías de la capital venezolana, que han optado por racionar: sólo se pueden vender dos baguettes por persona. Otras venden el producto en determinados horarios: desde las 13 horas hasta las 17 horas, por ejemplo.

A finales de abril llegaron 64 mil toneladas de harina de trigo a los puertos del país, tal como informó el Ministerio de Alimentación, Rodolfo Marco Torres. Después de eso la Federación Venezolana de Industriales de la Panificación y Afines (Fevipan) informó que en 20 días se debía estabilizar el sector panadero, pero ha pasado el tiempo y todavía siguen las complicaciones para que los consumidores puedan acceder al pan, un alimento que en la Venezuela de hoy se ha convertido en un lujo.

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