Sonia Aparicio Ofelia de Pablo Javier Zurita

Casi 9.000 personas murieron en Nepal tras los dos terremotos de mayo y abril de 2015, que causaron más de 17.000 heridos y afectaron a más de 8 millones de personas. Y no fue esa su única tragedia. A punto de cumplirse un año de los seísmos, el tráfico de mujeres y niños se ha disparado. Las mafias se aprovechan de la pobreza y la falta de oportunidades en las zonas rurales para cazar a sus víctimas. Y saben bien lo que buscan: viudas, huérfanos y personas sin trabajo o sin hogar son sus principales objetivos, habitualmente captados para la red por amigos o familiares cercanos.

Las cifras ponen de manifiesto la dimensión del problema: solo en 2015, 4.000 mujeres y niñas fueron interceptadas en la frontera por la ONG local Maiti Nepal -socia de Ayuda en Acción en el país-, camino hacia la promesa de un futuro mejor que esconde una vida de esclavitud y abusos. Ni ellas mismas saben de dónde son o no quieren decirlo. Muchas necesitan cuidados especiales: psicológicos, por el trauma vivido; sanitarios, tras contraer el sida o enfermedades como la hepatitis en violaciones y en prostíbulos. En los centros y casas acogida de Maiti Nepal encuentran las condiciones adecuadas para rehacer sus vidas y dejar de ser un blanco potencial para estas mafias.

Sus testimonios, desgarradores, son un grito de llamada a la acción contra un problema global: el tráfico de personas mueve más de 30.000 millones de euros al año en todo el mundo. Y el 70% de sus víctimas son mujeres y niños. Solo en Nepal, entre 12.000 y 15.000 mujeres y niñas caen en sus redes cada año.

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