Nueva York

Es un Supermartes bis, más pequeño que el de principios de marzo, pero tanto o más determinante y envuelto en un clima mucho más violento.

 

Florida, Illinois, Missouri, Carolina del Norte y Ohio votan este martes en las primarias presidenciales de Estados Unidos. Este año, es la segunda cita más importante del calendario de primarias: después del “Supermartes”, se ponen en juego la mayor cantidad de delegados, además de dos estados que han elegido presidentes, Florida y Ohio.

 

En esos dos estados estarán puestas todas las miradas y no sólo por su peso político. En la interna del Partido Republicano, los dos candidatos afines al establishment republicano, el senador de Florida, Marco Rubio, y el gobernador de Ohio, John Kasich, tendrán una última oportunidad, en sus estados, para frenar a Donald Trump, líder en la carrera hacia la nominación.

 

Nada indica que podrán hacerlo. En Florida, Rubio, que este lunes cruzó el estado de punta a punta en un último y desesperado intento por mantener con vida su campaña, está casi 20 puntos detrás de Trump, según el promedio de encuestas de RealClearPolitics. En Ohio, las dos últimas encuestas arrojan un empate entre Kasich y el magnate inmobiliario. Trump lidera también en Carolina del Norte, Illinois y Missouri.

 

Rubio y Kasich han reconocido que una derrota en sus estados a manos de Trump aniquilaría sus campañas. Para ellos, la elección es a “matar o morir”. Su estrategia es clara: impedir que Trump reúna los 1.237 delegados necesarios para asegurar la nominación del partido y, así, forzar una Convención Nacional dividida para arrebatarle la candidatura a Trump en rondas de votaciones sucesivas entre los delegados.

El multimillonario ha logrado encender una porción del electorado republicano que parece dispuesta a perdonarle todo. Las encuestas en boca de urna de las primarias revelan que la gran mayoría de los votantes que se han inclinado por Trump lo hizo por dos motivos: “dice las cosas como son” y es un “outsider”, ajeno a la élite política que domina Washington.

“Todos los republicanos con los que habló sienten que no va a ser un cobarde, que va a defender lo que cree y va a recuperar nuestra grandeza. No creo que nos mienta, creo que es una buena persona y que los medios lo han mostrado como una mala persona y un mentiroso”, comenta Sonja B., una maestra de Dakota del Sur de 43 años. “Mira a sus hijos. Es multimillonario y los hace trabajar”, agrega.

 

Trump tiene 460 delegados; el senador de Texas, Ted Cruz, 369; Rubio ha reunido 163, y Kasich, 63.

ÁNIMOS ENCENDIDOS

La primaria de los republicanos está caldeada. Las protestas y la violencia han dado la nota en los últimos actos de campaña de Trump. Lejos de intentar calmar los ánimos, Trump, fiel a su estilo, ha subido la apuesta al acusar a los candidatos demócratas Hillary Clinton y Bernie Sanders de enviar manifestantes a un evento suyo en Chicago, días atrás.

“Bernie Sanders miente cuando dice que a sus disruptores no se les dice que vayan a mis eventos. ¡Ten cuidado Bernie, o mis seguidores irán a los tuyos!”, ha amenazado el magnate en Twitter.

 

La interna demócrata ofrece otra historia. Hillary Clinton aparece al frente de las encuestas en todos los estados en disputa y mantiene su fortaleza en el sur del país con un amplio margen en Florida y Carolina del Norte. Clinton busca marcar una distancia casi irreversible respecto de Sanders, quien aún da batalla. Ambos criticaron con dureza a Trump en un ida y vuelta con votantes organizado por la cadena CNN, en Ohio.

 

“Trump está haciendo una campaña cínica, traficando con el odio y el miedo, y jugando con nuestros peores instintos. Somos mejores que esto”, disparó Clinton. “Es un mentiroso patológico”, fustigó Sanders, a quien la gente regaló vítores y aplausos.

Sanders recordó que Trump se había ofrecido a pagar los costes legales del hombre, arrestado en evento del magnate en Carolina del Norte por golpear a un manifestante afroamericano. “Eso significa que Donald Trump está literalmente incitando a la violencia con sus seguidores”, acusó Sanders, quien le reclamó “bajar el tono” y decirle a sus seguidores que la violencia “era inaceptable en el proceso político norteamericano”.

 

El senador socialista de Vermont ha concentrado su campaña en Illinois y Ohio en busca de repetir la sorpresa que dio hace poco en Michigan, donde se impuso contra todos los vaticinios de las encuestas.

 

Aun así, debe construir una hercúlea remontada para lograr ser el estandarte demócrata. Clinton ha cosechado ya 766 delegados; Sanders, 551. Además, Clinton mantiene una amplia ventaja entre los superdelegados, que tienen libertad para respaldar a cualquier candidato.

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