Bruselas

“No me hago muchas ilusiones sobre este año porque todo sigue siendo difícil, como siempre en Europa”. El pesimismo ha sido la nota dominante en la primera rueda de prensa de 2016 que ha dado este viernes el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. “El desfile de problemas no resueltos es largo, y este año se añadirán otros nuevos a la lista, como la cuestión de Reino Unido”, ha admitido. Y ha dedicado más de una hora a desgranarlos en detalle.

 

Una vez congelado el problema griego, la crisis más grave que vive ahora la Unión Europea es la de los refugiados, reconoce Juncker. De los 160.000 demandantes de asilo que los estados miembros se comprometieron a repartirse en septiembre, sólo se ha relocalizado a 272. Algunos países, especialmente los del este, se niega a acoger refugiados. Turquía sigue sin cumplir su compromiso de sellar su frontera con Grecia, pese al acuerdo firmado con Bruselas a cambio de 3.000 millones de euros.

 

La presión migratoria ha llevado a varios países a reintroducir los controles en las fronteras interiores del espacio de libre circulación Schengen: Alemania, Austria, Francia, Suecia, Dinamarca y Noruega. “Nada se ha resuelto”, ha lamentado el presidente del Ejecutivo comunitario. Juncker no entiende las críticas a la UE y al Ejecutivo comunitario, que ha hecho “todo lo posible”. A su juicio, los culpables son algunos estados miembros “a los que les parece difícil aplicar las decisiones adoptadas”. Se refería, sin citarlos, a países como Hungría, República Checa o Polonia.

 

Los costes del fin de Schengen

 

Juncker ha criticado también la reintroducción de controles fronterizos en el centro y norte de Europa. Los que se realizan en el puente Oresund, entre Copenhague y la ciudad sueca de Malmö, han tenido ya un coste de 300 millones de euros, pese a que sólo llevan dos semanas. Los retrasos provocados por los controles tienen un coste aproximado de 55.000 millones por camión, según los cálculos de Bruselas. “Si continuamos así, el coste adicional de los controles fronterizos en Europa podría llegar a los 3.000 millones de euros”, ha asegurado el presidente de la Comisión.

A su juicio, los líderes europeos no tienen suficientemente en cuenta los vínculos entre el espacio sin fronteras Schengen, el euro y el mercado interior. “Schengen es uno de los mayores logros de la integración europea. Sin Schengen, sin el libre movimiento de trabajadores, sin la libertad de los ciudadanos europeos para viajar, el euro no tiene sentido”, sostiene Juncker. “Si alguien quiere matar Schengen, lo que hará es acabar con el mercado interior también, y eso llevará a problemas de paro en Europa sin control. Menos Schengen significa menos crecimiento y empleo”, ha subrayado.

 

En juego, la credibilidad de la UE en el mundo

 

El caos y la falta de soluciones para la crisis de los refugiados está socavando la credibilidad de la UE en la escena internacional. Juncker ha dicho que le resulta “embarazoso” hablar de esta cuestión, por ejemplo, con los mandatarios de Jordania, que acoge a unos 650.000 refugiados sirios. Si Europa quisiera hacer un esfuerzo similar, tendría que absorber a 100 millones de refugiados, ha señalado. “Deberíamos ser más modestos en lo que decimos en lugar de dar lecciones a otros países sobre buen gobierno y cómo asistir a la gente que lo necesita. Menos arrogancia y más acción”, ha reclamado.

La Comisión seguirá presionando a los países para que cumplan sus compromisos y no permitirá que los países del este escapen a sus obligaciones. “No voy a renunciar, en particular con aquellos países que creen que van en la buena dirección negándose a acoger a ningún refugiado. Les tenemos que convencer de que es una decisión que se ha adoptado y debe aplicarse”, ha señalado Juncker.

 

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