Era día 11 cuando un grupo de terroristas asaltó la misión diplomática en medio de la pasividad de los agentes del país huésped que tenía que ayudar a proteger la legación. El asedio duró toda la noche y acabó con varios muertos. La seguridad era insuficiente. El Gobierno recibió información deficiente sobre lo que estaba sucediendo. El presidente no se refirió en su primera intervención al ataque como un "atentado terrorista" y la primera versión pública de los acontecimientos fue errónea. Sucedió en plena campaña electoral. Nueve comisiones oficiales han investigado los hechos.

Sin contar la última frase, el atentado contra la misión estadounidense en Bengasi el 11 de septiembre de 2012 y el ataque contra la embajada española en Kabul este viernes tienen puntos en común. Queda por saber si el Gobierno de Mariano Rajoy dará explicaciones y si el Parlamento que salga de las elecciones investigará el dramático asalto contra la misión en Afganistán en el que fueron asesinados dos policías, Jorge García Tudela e Isidro Gabino Sanmartín.

Los terroristas de Bengasi mataron al embajador de Estados Unidos en Libia, Christopher Stevens, y a otros tres empleados del Gobierno estadounidense en un asalto con misiles y granadas. Los atacantes lograron entrar en el edificio principal y en otro anexo de la CIA. Los intentos de rescatar al embajador y a los otros tres empleados públicos fracasaron.

El primer mensaje que transmitió el Gobierno de Obama fue que los asaltantes habían salido de una turba espontánea que protestaba contra The Innocence of Muslims, un vídeo colgado en YouTube por un egipcio que vivía en Los Ángeles.

Ése fue el mensaje del Departamento de Estado en las primeras horas después de lo que era el primer ataque en el que moría un embajador estadounidense desde 1979. Lo dijo unas horas después Susan Rice, entonces embajadora de Estados Unidos ante la ONU. Las cámaras de seguridad de la representación en Bengasi mostraron después que no había protestas. El asalto fue organizado por un grupo de insurgentes islámicos en el caos tras la guerra civil libia y la caída del Gobierno.

La reacción de Obama 

Al día siguiente del asalto, el 12 de septiembre de 2012, Barack Obama hizo una declaración en el jardín de la Casa Blanca de homenaje a las víctimas y condena del "ataque atroz". Faltaban unas pocas semanas para las elecciones presidenciales y Mitt Romney, su rival republicano, le reprochó en el siguiente debate que hubiera tardado dos semanas en utilizar la expresión "atentado terrorista", tal vez en un intento retórico de rebajar la gravedad de lo sucedido.

Las críticas públicas se centraron después en las insuficientes medidas de seguridad alrededor del complejo estadounidense de Bengasi, la lentitud en la llegada de refuerzos y la incorrecta transmisión de la amenaza en Libia.

Obama ganó las elecciones, pero Rice tuvo que renunciar a ser secretaria de Estado y lo que sucedió aquella noche sigue persiguiendo a Hillary Clinton, que entonces era la responsable de Exteriores y que ahora se presenta a la Casa Blanca. La candidata Clinton sigue testificando. Lo hizo el pasado 22 de octubre ante la comisión de investigación de la Cámara de Representantes, la única que sigue abierta de las nueve que han examinado los hechos. La polémica sobre qué se sabía en cada momento, cómo actuó después y cómo lo contó en su email privado sigue dañando a la candidata más de tres años después.

ERRORES MÁS GRAVES

El relato erróneo que hizo el Gobierno español de lo que ocurrió en la embajada de Kabul va mucho más allá de los fallos de información sobre Bengasi. Mariano Rajoy se apresuró a decir el viernes que no se trataba de un ataque "contra nosotros", que había sólo un herido y no muy grave y que todo el personal de la embajada había sido "liberado". "Lo que parecía que era una mala noticia, por fortuna, no era así", dijo el presidente.

La información que le había llegado a Rajoy no era correcta: dos policías habían sido asesinados, el ataque sí era contra la embajada española y el asalto continuaba mientras el personal de la legación se refugiaba en un búnker. Los asediados tuvieron acceso a las declaraciones de Rajoy y temieron que las fuerzas especiales se hubieran olvidado de ellos. Aterrorizados, pensaron que los matarían los talibanes o que los soldados estadounidenses los confundirían con los asaltantes creyendo que ya no quedaba nadie en la embajada.

En el caso de Bengasi, el embajador pidió que se reforzara la seguridad de la misión en julio, dos meses antes del ataque. Hillary Clinton asegura que la demanda no llegó ni a ella ni a sus colaboradores más inmediatos.

En la embajada española de Kabul, los problemas de seguridad se remontan al menos a 2009, según contaba ya entonces Monica Bernabé en El Mundo. Diplomáticos españoles aseguran ahora que en el Ministerio de Exteriores se comentaba a menudo el hecho de que la embajada estuviera fuera de la green zone donde están otras legaciones y donde hay más controles, y que no hubiera ni bloques de hormigón cortando la entrada.

La puerta, que ni siquiera era blindada, estaba estropeada desde hacía meses. El Gobierno español no ha informado de las peticiones recibidas ni de la situación de seguridad en Kabul. El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, incluso defendió este sábado que la seguridad era adecuada y ofreció como ejemplo la falta de placa o bandera que identificara la misión española.

Hillary Clinton explicó a finales de octubre en la comisión de investigación que la mayoría de las 600 peticiones para reforzar la seguridad en Bengasi fueron atendidas. También dijo que otras no llegaron hasta su mesa. Clinton fue interrogada por los congresistas durante 11 horas con alguna pausa.

Ni el presidente ni la secretaria de Estado de Estados Unidos hicieron declaraciones tan incorrectas como las de sus homólogos españoles. Comprobaron el número de muertos antes de anunciarlos y no intentaron distanciarse del asalto. Los fallos de seguridad se remontaban a meses, no a años. Pero lo que puede hacer más diferentes ambos ataques terroristas es la respuesta de las instituciones.

Esta semana, la comisión de la Cámara de Representantes anunció que había interrogado a su testigo número 60. Los congresistas aspiran llegar hasta 70. Están examinando 100.000 páginas de documentación de los Departamentos de Estado, de Justicia y de Defensa, de la Casa Blanca y de la CIA. Entre los documentos se incluyen los e-mails de Clinton: los de la cuenta del Departamento de Estado y los de su cuenta privada, que también utilizó. 

Los demócratas se quejan de que el último escrutinio es excesivo, porque ya ha habido otras investigaciones que han demostrado que hubo errores en el Departamento de Estado, pero no han concluido que Clinton estuviera encubriendo la verdad.

El presidente Obama fue reelegido en noviembre de 2012 sin que el caos en Bengasi tuviera un impacto claro en la votación. Pero la gestión de aquella crisis es ahora uno de los puntos débiles de Clinton. La mayoría de los estadounidenses están "insatisfechos" con la respuesta de la ex secretaria de Estado sobre el atentado y una ligera mayoría dice que esto es importante para decidir su voto.

Investigar los errores, según dijo Obama en 2012, es la manera "de que no vuelvan a pasar".