Amanece un 1 de enero. O cualquier otro día digno de una celebración previa. La cabeza late como un bombo y la pregunta aparece antes incluso que el café, desde el primer pestañeo aún sobre la almohada: "¿Qué tomo?, ¿paracetamol o ibuprofeno?"
La escena es cotidiana y la duda, recurrente. Pero, como recuerda Boticaria García, "la ciencia tiene la respuesta". Y no, no es una cuestión de costumbre ni de lo que haya en el botiquín, sino de por dónde circulan los medicamentos dentro del cuerpo después de "una noche de farra".
El alcohol, explica la farmacéutica, se procesa en el hígado. Y el paracetamol también. Para entenderlo sin tecnicismos, propone una imagen clara: "Imagínate el órgano como una carretera de un solo carril". En esa vía que menciona la divulgadora, ya está el coche del alcohol, "atascado en medio".
Partiendo de esa base, si a ese embotellamiento se le suma otro vehículo más —el de la citada medicina, en este caso— , el resultado es previsible: "colisión asegurada y la víscera paga el pato". Por eso, si se ha bebido, tomar este analgésico y antipirético para la resaca no es la mejor solución.
Sin embargo, el ibuprofeno juega otra partida. Aunque también pasa por la misma carretera, no lo hace de igual forma. Según Boticaria García, "toma otras vías secundarias y no se cruza tanto con el alcohol". Dicho de otra manera: la coincidencia es menor y el riesgo, por lo tanto, también.
Así que, frente al paracetamol, esta alternativa se presenta como una opción más adecuada cuando el dolor de cabeza llega de la mano de la resaca.
Eso sí, no hay ideas mágicas ni analgésicos que eviten otros posibles efectos adversos. Esta segunda propuesta, mucho más óptima, también tiene su propia letra pequeña.
Imagen de archivo de una celebración navideña.
"Puede irritar el estómago", advierte la creadora de contenido. Esa es, siguiendo con las metáforas, "la autopista donde el ibuprofeno la lía". Y conviene no olvidarlo.
La recomendación en estos casos es sencilla y práctica: si se opta por tomarlo, mejor no hacerlo en ayunas. Ingerir algo de comida puede marcar la diferencia.
En resumen, "paracetamol más alcohol: atasco en el hígado, evítalo", comenta. La alternativa, en cambio, "es mejor opción", pero siempre con esa condición básica de acompañarlo con alimento.
Y un último apunte que desmonta otro de los mitos habituales del botiquín: para la resaca, "el ibuprofeno de 400 sirve igual que el de 600", con la ventaja añadida de que tiene menos efectos secundarios. Lo más cercano a un win-win en esta situación. En sus propias palabras, "un consejo de tu farmacéutica".
