Los tentáculos del caso Epstein hacen tambalear los cimientos de muchos estamentos de la sociedad... y las monarquías europeas no se salvan del tsunami mediático que está provocando la desclasificación de los archivos. El escándalo afecta a príncipes, futuras reinas y princesas.
La última en dar explicaciones ha sido Sofía de Suecia, que ha hablado por primera vez de su vínculo con el magnate condenado por tráfico sexual de menores. Su nombre apareció en los correos filtrados de 2005, que muestran que la empresaria sueco‑estadounidense Barbro Ehnbom escribió al pederasta hoy fallecido para organizar un encuentro con la royal.
Entonces, ella era sólo una joven modelo que soñaba con ser actriz y estaba recién llegada a Nueva York. Ni siquiera conocía al príncipe Carlos Felipe... con quien se casaría en 2015 tras un noviazgo de siete años aproximadamente.
Los documentos señalan que hubo varios encuentros entre la Princesa y Epstein y que este la invitó a su isla privada, recibiendo un no como respuesta. Los mails que han visto la luz también revelan que Sofía habría obtenido su visa en Estados Unidos gracias precisamente a la mediación de Jeffrey.
En su día, Casa Real de Noruega salió al paso de las primeras informaciones, admitiendo algunos encuentros y negando supuestas ayudas o vínculos más estrechos.
"Las informaciones de que la princesa recibió ayuda de Epstein para su formación como actriz o una visa para Estados Unidos son incorrectas. Por lo tanto, nunca ha dependido de él ni ha tenido contacto con él durante 20 años", dijeron.
Ahora ha sido la propia protagonista la que ha hablado durante una de sus visitas institucionales, respondiendo a los periodistas que la esperaban en la Cumbre de Jóvenes Ctrl+Rights. Tranquila y con claridad ha explicado: "Nos conocimos en un restaurante, en un ambiente social donde me presentaron, y en una proyección de cine con muchos otros. Por suerte, eso fue todo".
Es decir, admite esos encuentros casuales hace dos décadas, aunque dice que entonces desconocía su lado más oscuro.
"Pero ahora que he leído sobre todos los terribles crímenes a los que ha sometido a las jóvenes, estoy muy agradecida de no haber tenido nada que ver con él en las pocas ocasiones que coincidimos en mis 20 años", ha asegurado. Tampoco ha olvidado mandar un mensaje importante: "Mis condolencias a todas las víctimas. Espero que se haga justicia".
De este modo, la Princesa trata de dar por finalizada una polémica que afecta también a la Casa Real británica y a la Noruega. Andrés Mountbatten-Windsor, hermano de Carlos III, ha perdido todos sus títulos por su implicación en el caso Epstein e incluso ha tenido que abandonar la que era su residencia oficial. El Rey de Inglaterra quiere que se desvincule completamente de la institución y se ha ofrecido a colaborar con la policía para esclarecer el tema.
También han tenido que dar explicaciones Mette-Marit de Noruega y sus suegros, los Reyes, tras la filtración de los correos de la heredera consorte con el pederasta que reflejaban una relación de amistad entre ambos.
“La princesa heredera se distancia firmemente de los abusos y actos criminales de Epstein. Lamenta mucho no haber comprendido antes qué tipo de persona era”, señalan desde palacio, al mismo tiempo que subrayan que ella desea explicar lo ocurrido con más detalle.
Sin embargo, aclaran que no podrá hacerlo por ahora: “Se encuentra en una situación muy difícil. Espera comprensión, ya que necesita tiempo para recomponerse”.
Como adelanto, sí ha dado unas escuetas pero contundentes declaraciones entonando el mea culpa. “Deseo presentar una profunda disculpa por mi amistad con Jeffrey Epstein. Es importante para mí pedir perdón a todos aquellos a quienes he decepcionado”, afirma. Y también lamenta la situación en la que pone a Carlos Gustavo y Silvia de Noruega, consciente de que sus actos afectan a la Corona.
