Cada vez son más las familias en España que se deciden a ofrecer a sus hijos una infancia alejada del estrés y el ruido de las grandes ciudades para que crezcan rodeados de naturaleza y disfruten de la vida rural y la tranquilidad de un pueblo. Una opción que gana cada vez más terreno entre muchos hogares con niños.
Una de estas familias es la que forman Sonia, Miguel y sus tres hijos. Un matrimonio cuya historia daba a conocer hace apenas unas semanas la cadena COPE, a través del programa 'Poniendo las Calles'.
Esta pareja ha decidido cambiar la ciudad por vivir en un pequeño pueblo de tan solo 16 habitantes ubicado en el valle de Atez, en Navarra. Una vida rural de la que aseguran que lo que más les ha atraído desde el primer momento es "la calma, la tranquilidad y la posibilidad de estar en contacto con la naturaleza", explicaban en el programa.
Una forma de vida en la que, para ellos, "la vida pasa más despacio" y con la que los pequeños placeres cobran el protagonismo que merecen en el día a día. Un protagonismo que a menudo apaga el propio ritmo frenético de las grandes ciudades.
En lo relativo a su rumbo laboral, este no ha cambiado para Sonia, quien es médico y trabaja en el centro de salud de Pamplona, a donde tiene que desplazarse habitualmente. En el caso de Miguel, él es ganadero por vocación desde hace casi quince años, tras dejar su trabajo fijo de mantenimiento en una empresa de termoplásticos y cogiendo así el relevo de su padre tras la jubilación.
En cuanto a los tres hijos del matrimonio, Sonia asegura que han crecido rodeados de campo y animales. Además, en el colegio "se conocen todos desde pequeños a mayores", algo que hace que puedan aprender unos de otros sin importar las edades y que fomenta "relaciones muy bonitas y diferentes".
En cuanto a las dificultades, estos padres destacan la dependencia total del coche para los servicios básicos, como hacer la compra o para cualquier otra gestión. En cuyo caso tienen que viajar hasta Pamplona, que está a unos 20 minutos.
Aun así, aseguran estar "acostumbrados". Aunque la reciente apertura de una pequeña tienda a dos kilómetros les ha facilitado mucho los recados de última hora.
Un estilo de vida que, más allá del romanticismo rural, implica organización, adaptación y compromiso, pero que les ha permitido ganar en calidad de vida, tiempo en familia y conexión con lo esencial. Para ellos, volver a la ciudad no está en los planes.
