Publicada
Actualizada

A pesar de que Hollywood se empeñe en congelar el tiempo para las mujeres, el reloj sigue avanzando. Su tictac acaba de marcar los 40 años de Lindsay Lohan, una de esas estrellas catalogadas como niña Disney que, por supuesto, descarriló. Aunque quizás sea desconsiderado emplear tal verbo.

Puede que la pelirroja no se desviara del camino y que simplemente siguiera una pauta preestablecida a la que estaba abocada por exigencias desmedidas —más allá de las del guion—, expectativas exageradas y una presión mediática que desembocó, entre otras cosas, en un TCA.

Era 2006, con apenas 19 años, cuando la artista confesó en una entrevista con Vanity Fair que padecía bulimia, una enfermedad que estaba en el menú del día a inicios de los 2000. Entonces, la joven explicó que el trastorno se intensificó en 2005, coincidiendo con el rodaje de Herbie: A Tope (Angela Robinson, 2005).

Entonces acababa de romper con Wilmer Valderrama, un actor siete años mayor que ella que más tarde volvería a caer en ese mismo patrón de la diferencia de edad con Demi Lovato, un perfil similar al de Lohan. Igualmente, en esa misma entrevista admitió haber probado las drogas, algo que se volvería recurrente.

En aquella época, los medios en lugar de tratar sus problemas de salud física y mental desde el respeto utilizaron imágenes de la joven para publicar portadas que arrastrarían millones de dólares en ventas. Todo aderezado con la burla, el escrutinio y una serie de etiquetas de las que ha tardado años, un exilio y casi un desahucio del estrellato en deshacerse.

La joven en una escena de 'Herbie: A Tope'. IMDb

No obstante, Lindsay Lohan siempre fue mucho más que eso. Hoy en día sigue representando a la niña de nuestra infancia, la misma que nos llevó a Londres y California, y viceversa. La rarita y guapísima de una de las mejores comedias de los 2000, Chicas Malas (Mark Waters, 2004), y también la persona a la que se ha ido comprendiendo conforme han pasado los años.

Por otro lado, de forma indiscutible, la actriz también se convirtió en un icono de estilo en los 2000, esa época en la que el concepto de it girl estaba acuñándose.

Formaba parte de un escuadrón capitaneado por ella, las hermanas Olsen —en la actualidad a cargo de una de las firmas de moda más deseadas, The Row— o Hilary Duff, que igualmente está viviendo otro gran momento profesional.

En sus 40 años, desde Magas se hace un repaso a la artista como referente estético, pero también sobre el maltrato mediático que sufrió en su juventud, así como la evolución de los medios hacia ella a día de hoy y, por supuesto, un repaso psicológico del fenómeno de la niña Disney.

Lindsay Lohan cumple 40 años: la resurrección de la 'chica mala' y la presión mediática que devoró a la niña Disney Cristina Sobrino

Luces, cámara y acción

Cuando la industria empujó a Lindsay Lohan a los focos tenía sólo tres años. Fue entonces cuando la fichó la agencia Ford Models. Desde ese momento, su carrera ha seguido en activo, pero sin duda despegó después de hacer Tú a Londres y yo a California (Nancy Meyers, 1998), un clásico millennial para ver a los 10, 20, 30 o lo que surja.

Este quiere decir que de sus 40 años, los mismos que cumple hoy, 2 de julio, 37 los ha pasado expuesta ante el mundo, con sus pros y contras. Y durante una época, sin duda, la parte negativa sobresalía.

Además de las complejidades que la actriz atravesó en su vida debido a cosas tan normales como la adolescencia, se sumó el tratamiento que los medios hicieron de su figura, al igual que ha sucedido a lo largo de los años con otros nombres como el de Britney Spears o Christina Aguilera, iconos maltratados por revistas, televisiones, portales y radios.

Durante los 2000, muchas estrellas jóvenes sufrieron un acoso y derribo mediático que los castigaba —aunque quizás sería mucho más correcto hablar en femenino, ya que celebrities como, por ejemplo, Leonardo DiCaprio, siempre han estado fuera de la conversación— .

"Todas ellas fueron niñas que se hicieron adolescentes y luego adultas ante una prensa voraz y una sociedad que las creía de su propiedad", cuenta Laura Martínez-Jiménez, investigadora en Estudios Feministas de la Comunicación y la Cultura.

La actriz posando en el 'photocall' de un evento en 2008. Europa Press

La experta habla además de esa vía correctiva que pretendían ejercer los medios: "A mujeres como Lindsay Lohan se las juzgaba por desviarse de lo que se espera de una 'buena chica norteamericana', la llamada 'America's sweetheart'. Por ello recibían una suerte de castigo simbólico, con efectos muy reales en sus vidas".

De acuerdo a sus palabras, a través de esto, la finalidad de los tabloides que se alimentaban con los momentos más bajos de estas artistas no era otra que la de "exponerlas, humillarlas, manipularlas, exprimirlas, deshumanizarlas como productos de consumo masivo y, así, seguir alimentando la narrativa de las 'chicas malas'".

Foto policial de Lohan. Gtres

Sirva esto último como guiño a la propia película de la actriz, así como una loa al guion de Tina Fey. La profesional cataloga esta serie de acciones, repetidas además a lo largo de los años, como pura violencia mediática contra las mujeres.

"Esta lógica servía para disciplinarlas", añade, comentando que eran unas ideas que luego se extrapolaban a las chicas de a pie, que tenían que responder a una serie de cánones para ajustarse a una definición totalmente cliché de lo que supone ser buena.

Con olor a naftalina

No obstante, el regreso de la actriz a la palestra no ha servido sólo para que se convierta en una de las protagonistas favoritas de las comedias románticas navideñas de determinada plataforma o el recordatorio de que nuestra adolescente interior sigue ahí. También ha demostrado el progreso en los medios en cuanto a su tratamiento. Entornos donde ahora predominan además generaciones más jóvenes.

"La popularización del feminismo en la última década ha conseguido avergonzarnos por el trato mediático que dimos a las mujeres y a determinadas cuestiones que atraviesan particularmente nuestras vidas", explica Martínez-Jiménez.

Sin embargo, la investigadora señala que esos sesgos, formas de explotación, juicios, castigos y controles sobre ellas no se han erradicado, sino que se ha sofisticado:

"Podemos decir que Lindsay Lohan ha conseguido rehabilitarse mediáticamente y seguir así siendo visible y rentable gracias a otro gran cliché popular que adoran los medios: protagonizando un oportuno regreso —comeback— habilitado particularmente por su cambio de imagen —makeover".

De acuerdo a sus palabras, los peajes de esta redención —que llega además a lo social— "parecen tener poco que ver con su supuesto bienestar en la madurez y más con una cuidada reaparición como madre, esposa, empresaria y, sobre todo, beldad juvenil".

Lohan en una foto de estos últimos años con una imagen que se podría calificar como más depurada y tolerable por los medios. Gtres

Para Martínez-Jiménez hay una conclusión clara: "Que se haya ganado el respeto y el derecho a denunciar la violencia que ejercieron contra ella ahora que es, y parece, una 'chica buena' dice mucho de las lógicas que continúan ordenando las industrias culturales, mediáticas y también nuestras sociedades".

En línea con esto se pronunciaba hace unos meses la psicóloga Ana Sánchez para Magas, analizando el fenómeno de la niña o chica Disney, encarnado también por la dualidad de Miley Cyrus y Hannah Montana.

Entonces comentaba que este concepto no es un diagnóstico clínico, sino un término social que se traduce en que ser adorable y perfecta es sinónimo de ser querida y exitosa. La profesional comentaba que la técnica consiste en seguir esa línea cuando las mujeres van pavimentando su camino, pero sin desviarse demasiado:

"Has de ser fuerte y segura, pero no mucho. No puedes resultar amenazante ni agresiva", añadía. Aquí, de acuerdo a Sánchez, entra también en juego la cuestión de la autoexigencia.

Helena López-Casares, doctora en Neurociencia y profesora de la Universidad Europea, señalaba también cómo se suele dar un efecto rebote en estos casos: "Estos chicos y chicas tienen una sensación de infancia robada". De ahí, su conclusión es que la persona termina anteponiéndose al personaje, muchas veces de forma totalmente opuesta a la imagen que se había transmitido hasta el momento.

It girl original

Corrían los nada tiernos 2000 cuando comenzaron a aflorar una nueva saga de referentes de estilo. Si en los 80 y los 90 las conocidas como Top Models marcaron el ritmo, con el nuevo siglo aparecieron ellas.

En sus looks el layering era un must; vestidos de Versace, tops de Blumarine, bolsos de Hermès y complementos de Chanel en sus armarios. En sus dietas, pocos platos de comida, menos horas de sueño y muchas de fiesta.

Como señala Laura Martínez-Jiménez, el regreso de Lohan ha estado protagonizado por un cambio de imagen, ya que la suya estaba muy marcada por su anterior contexto.

No obstante, ya entonces se erigió como uno de esos iconos de la época en el apartado de moda. María Novo, directora creativa y CEO de Sight Management habla al respecto:

"Representó una forma muy espontánea de entender el lujo. Mientras otras celebridades proyectaban algo mucho más construido, ella mezclaba un bolso Birkin de Hermès o un acolchado de Chanel con unos vaqueros desgastados, unas bailarinas o una camiseta básica".

A esto, Jesús Reyes, periodista especializado en moda y lujo, estilista y autor de Leonor. Estilo de una Borbón y Ortiz o la guía Alter Ego, destaca que "antes de que existieran las redes sociales, cada fotografía suya saliendo de un aeropuerto o de un restaurante se convertía en una referencia estética".

Gustavo Ardón, diseñador de moda, fundador y director creativo de Gustavo Ardón Couture, difiere un poco en la afirmación de que Lohan fuera un icono de estilo como tal: "Fue más un fenómeno de cultura popular que un referente de moda en el sentido creativo del término".

Según el profesional, "su influencia estuvo ligada al consumo de grandes marcas y al nacimiento de la cultura paparazzi, donde un bolso de lujo acababa teniendo más protagonismo que el diseño en sí".

Todos ellos aportan además una visión de cómo ha sido su regreso en clave fashion. Para Novo, la línea que marcó Lohan en su juventud sigue presente en la actualidad inspirando campañas y editoriales.

Además, añade que "lo más interesante no es que vista mejor, sino la coherencia entre su imagen y el momento vital que atraviesa".

Reyes, a diferencia de Ardón, la señala como una especie de propulsora del quiet luxury, pero desde su propio desconocimiento, algo que se hacia palpable cuando llevaba quizás looks menos recargados, con un armario más reducido y elementos básicos, pero con prendas y accesorios mucho más reconocibles.

Bajo su criterio, ha protagonizado en la actualidad una de las transformaciones más inteligentes de Hollywood.

Llegar a los 40 años no ha borrado el pasado de Lindsay Lohan —afortunadamente—, pero sí la forma en la que la miramos. Su historia es una de tantas que obliga a la reflexión de cuánto hubo de caída y de empujón colectivo.

Su mayor logro no está en llegar a una edad u otra, sino en la de ocupar una posición más generosa de la que mediáticamente se le otorgó durante su juventud.

En cualquier caso, el contexto obliga a que los medios se mantengan vigilantes, ya que plagas como el abuso de fármacos como el Ozempic están funcionando como una especie de máquina del tiempo que no lleva, precisamente, a un pasado mejor.