Nacida en Israel, pero con raíces argentinas, Dana Erlich comparte su historia con Women in a Legal World.
Creció entre dos mundos que hoy forman parte esencial de quién es: "Mi familia es israelí, pero también profundamente argentina. La identidad latina es una parte fundamental de quién soy: en casa hablamos español mezclado con hebreo", cuenta con una sonrisa.
Su camino hacia la diplomacia no fue lineal. Estudió Bellas Artes y, durante un intercambio en el Politécnico de Valencia, empezó a tontear con la idea de adentrarse en este mundo.
La embajadora, durante la entrevista.
Todo empezó con comentarios que le hacían los que entonces eran sus compañeros: "Eres la primera judía que conozco" o "nunca había hablado con una israelí".
Entonces vivió en primera persona la gran cantidad de clichés, ignorancia y desconocimiento que rodean al pueblo judío, pero también descubrió que tenía la posibilidad romperlos. "Con una simple conversación podía cambiar ideas que parecían verdades absolutas y romper mitos", recuerda.
Ahí fue donde se encendió una chispa en ella: "Con todo mi amor por las Bellas Artes, sentí que tenía la obligación de representar a mi país, veo la diplomacia como mi vocación".
Y añade, con una convicción tranquila: "En realidad, cualquier israelí es embajador de su nación. Somos un estado pequeño; todos tenemos esa responsabilidad".
Sus primeros pasos fueron en el consulado de Nueva York, donde estuvo tres años aprendiendo el oficio diplomático antes de formarse académicamente en Israel. "Un mes después ya estaba en mi primer puesto como vicembajadora en Costa Rica", recuerda.
Después llegarían Reino Unido e Irlanda. Una de las cosas que más le gustan de esta carrera es, precisamente, tener la oportunidad de vivir en sitios diferentes y descubrir sus culturas e idiosincrasias; incluyendo la gastronomía, una de sus grandes pasiones.
Marlen Estévez, presidenta de Women in a Legal World, junto a Dara Erlich.
Llegó a España a finales de julio del año pasado y volver al lugar donde surgió todo le hace especial ilusión: "Es un honor". Y lo es pese al contexto especialmente delicado para las relaciones bilaterales que reinaba (y reina) cuando aterrizó, poco antes de que el Gobierno llamara a consultas a su embajadora en Tel Aviv.
Habla del tema con claridad: "Estamos en un momento difícil con el Gobierno. No estamos de acuerdo con iniciativas que se han llevado a cabo y que no son propalestinas, sino antiisraelíes".
También expresa su preocupación por el aumento del antisemitismo: "No compartimos la manera en que se están gestionando las cosas. Pero, incluso así, para nosotros la conversación sigue. Queremos mantener los puentes, los lazos, sobre todo con los ciudadanos y con las instituciones".
"La pregunta que nos hacemos es ¿qué se necesita de nosotros?, ¿en qué podemos ayudar? Juntos podemos colaborar y ese es nuestro foco", explica.
Erlich reconoce que están viviendo uno de los peores momentos en la historia del pueblo judío, pero afirma que precisamente eso hace que se sienta aún más orgullosa de representarlo: "Vemos cómo se repiten eslóganes simplistas y términos legales sin entender de verdad lo que está pasando. Se manipula la información y la conversación".
Y en eso tiene mucho que ver las redes sociales que, pese a tener ventajas como "ser una plataforma que te da voz", tiene sus peligros. "Yo le pido a la gente que dude, que pregunte, que busque más información, que no forme su opinión por vídeos de 20 segundos", aconseja.
Para ella, la diplomacia consiste en recuperar algo que cree que se está perdiendo: el debate real. "Echo de menos las discusiones profundas, el intercambio de argumentos. Parece que hoy en día no se profundiza en nada", asegura.
En lo personal, admite que su identidad profesional y personal están profundamente entrelazadas: "Es difícil separarlas. No sólo por mi rol, sino por quién soy. Sé que, para muchas personas, quizás yo sea la única israelí que conozcan". Esa responsabilidad pesa, dice, pero también la impulsa a dar lo mejor de sí cada día.
No todo ha sido fácil. Durante su etapa en la embajada Irlanda vivió una campaña de odio dirigida contra ella. "A veces pienso que ese discurso no habría sido igual si yo fuera un hombre —reflexiona—. Pero sé que es por la voz que tengo. Y esa voz me da fuerza".
La abogada Marta Polvorosa Infesta, con la embajadora.
Sus referentes están claros: "Vengo de una familia de inmigrantes que tuvo que crear una nueva identidad y un nuevo hogar mientras huía. Mujeres fuertes y luchadoras. Ellas son mi ejemplo".
Sobre la posición de la población femenina en Israel, Marlen Estévez, presidenta de Women in a Legal World, recuerda un dato que suele sorprender: "En 1969 Israel tuvo la primera mujer primera ministra en Oriente Medio y la tercera en el mundo: Golda Meir".
Y matiza: "No debemos compararnos con Oriente Medio. Somos la única democracia de la región. Nuestra comparación es con Europa".
Añade un ejemplo que considera significativo: "Somos el único país de Oriente Medio que celebra el Mes del Orgullo. Y para nosotros es un orgullo, nunca mejor dicho".
Dana Erlich también ha hablado de otros temas como el servicio militar obligatorio en su país: "Yo lo veo como algo positivo. Son dos-tres años donde uno tiene la oportunidad de conocer gente diferente, tomar decisiones, trabajar en equipo, asumir responsabilidades y adquirir otras habilidades importantes para la vida adulta".
Se despide recomendándonos dos libros: Rehén, sobre un israelí secuestrado en los túneles de Gaza, "una historia de superación y de inspiración"; y Startup nation, que ejemplifica en la historia del pueblo de Israel los valores de resiliencia y espíritu crítico que ella tanto admira.
