Desde que la Copa del Mundo de 2026 diera el pistoletazo de salida el pasado 11 de junio, esta ha vuelto a situar al fútbol en el centro del mapa. Hasta exactamente dentro de un mes, 48 selecciones y 104 partidos se reparten entre Estados Unidos (EEUU), México y Canadá, en el primer Mundial de la historia con tres países organizadores y un formato ampliado.
Las cifras que maneja la FIFA son de vértigo: se esperan miles de millones de espectadores y un impacto económico global de decenas de miles de millones de dólares en turismo, transporte y servicios. Pero, mientras se afinan pronósticos deportivos, las organizaciones dedicadas a víctimas de violencia de género miran atentamente el calendario.
Desde hace años, distintos estudios e informes oficiales han apuntado a una realidad: los días de grandes partidos, sobre todo cuando juega la selección nacional o se disputa una final, aumentan las agresiones en el ámbito familiar. No se trata de una intuición aislada, sino de un patrón que se ha documentado en países muy diferentes.
Un problema estructural
Sin ir más lejos, en Inglaterra, por ejemplo, un estudio de la Universidad de Lancaster basado en datos policiales de las convocatorias de 2002, 2006 y 2010 reveló que estos incidentes podrían aumentar alrededor de un 26% cuando el equipo gana o empata, y hasta un 38% cuando es derrotada.
En América Latina, también hay datos que constatan que la violencia íntima de pareja se denuncia más en el contexto de los partidos. Ejemplo de ello es un informe realizado en Brasil, que reportó un aumento del 23,7% de las amenazas contra mujeres en días de juego en la Competencia Brasileña de Fútbol de 2015 a 2018.
Las denuncias por lesión llegaron a subir hasta un 25,9% cuando las selecciones jugaban en sus propias ciudades, siendo compañeros sentimentales los principales agresores. En otros países de la región también se reportan casos similares, con cifras de aumento de hasta un 30%, según el Banco Interamericano de Desarrollo.
Aunque cada estudio utiliza una metodología distinta, la fotografía general se parece: en los días en que hay encuentros deportivos de alta tensión se registran más denuncias en la pareja, más llamadas a teléfonos de emergencia y más ingresos hospitalarios por violencia en el hogar que en jornadas comparables sin fútbol.
En Costa Rica, informes del servicio de emergencias cifran en entre un 50% y un 70% el aumento de avisos al 911. Y en México, uno de los países anfitriones —y donde Amnistía Internacional denuncia que son asesinadas ocho mujeres al día—, las oenegés que gestionan refugios alertan de comportamientos similares en temporadas de liga y mundiales.
Imagen de archivo de una protesta contra la violencia de género en Puebla (México).
Los momentos clave
Los datos aportan detalles sobre cómo se produce ese repunte. En varios estudios se observa que, durante los 90 minutos que dura el encuentro, los incidentes tienden a bajar ligeramente. Pero es en los momentos previos —preparativos, desplazamientos, discusiones— y sobre todo posteriores al encuentro cuando las agresiones se concentran.
Con un pico entre 10 y 12 horas después del inicio del juego, en este fenómeno confluyen factores como el consumo excesivo de alcohol; las apuestas y presiones económicas que detonan conflictos familiares; o la intensidad emocional sostenida, cuando los agresores descargan la frustración o tensión del partido en casa.
Igualmente, como aborda UNICEF en un comunicado reciente, las normas sociales de masculinidad ligadas a la presión por defender a un equipo o a reaccionar de forma agresiva pueden reforzar estos comportamientos violentos injustificables.
La organización recuerda en estas fechas que el deporte no convierte en agresor a quien no lo era. La clave está en que el partido se superpone a relaciones donde muchas veces ya existen control, insultos o violencia económica. El Mundial sirve de amplificador: la derrota del equipo se vive como una humillación añadida en hogares en los que el hombre ya emplea agresividad para gestionar conflictos.
Por otro lado, no sólo se trata de derrotas: la victoria celebrada con exceso también puede desembocar en agresiones que después se minimizan apelando al subidón del momento. UNICEF recomienda: "No enfrentes a la persona que maltrata, escucha sin juzgar, comparte información, observa, recuerda y reporta".
En los testimonios recogidos por las organizaciones, los patrones se repiten. La oenegé británica Women's Aid, por ejemplo, daba voz en 2022 a Emma, una superviviente que confesaba que "siempre le tuve miedo a la temporada de fútbol, para mi ex era otra excusa para volverse loco y beber demasiado. Él me diría que es lo que hacen los muchachos".
"Para él era divertido, para mí significaba miedo. Miedo del estado de ánimo en el que estaría cuando llegara a casa, caminando sobre cáscaras de huevo sin saber qué abuso vendría después", proseguía el relato, compartido en una campaña titulada He's Coming Home y lanzada con el objetivo de alertar del incremento del abuso doméstico en estos eventos.
Imagen de archivo que ilustra el drama de la violencia de género.
La organización afirmaba que los grandes torneos no provocan por sí solos esos episodios agresivos, pero sí aumentan la frecuencia y gravedad de aquella que ya existe. También recordaba que, según investigaciones internas, casi el 24% de los adultos creían que hay casos en los que es aceptable que las multitudes deportivas canten cánticos groseros sobre las mujeres.
Del televisor a quien informa
Más allá de los salones de las casas también se producen otras formas de violencia. Las periodistas que cubren los partidos denuncian desde hace años acoso en estadios y fan zones: tocamientos en directo ante las cámaras, besos no consentidos, irrupciones en plano con comentarios sexuales o insultos.
En las redes sociales, muchas comunicadoras relatan cómo se disparan los mensajes machistas y las amenazas cuando intervienen en retransmisiones o expresan su opinión del juego. Algo parecido dicen árbitras, entrenadoras y comentaristas: el aumento de la audiencia multiplica también la exposición a conductas que, en otras fechas, pasan más desapercibidas.
Por ejemplo, en esta Copa del Mundo ya se ha registrado un caso de este tipo. La reportera Montserrat Gómez, que cubría un partido de la selección mexicana en Ciudad de México, fue tocada por la cintura sin su consentimiento por un aficionado que se le acercó por la espalda mientras esta hacía su trabajo delante de la cámara.
La informadora ha denunciado lo ocurrido en la grabación, reabriendo el debate sobre la seguridad femenina en estos eventos. "Muchos me dicen que él estaba festejando; no, estoy acostumbrada a tener a la afición gritando e incluso a que me interrumpan y es muy diferente a que venga alguien y me toque", denunció en declaraciones al medio Record Mexico.
"Me están tirando con todo. Que si la culpable fui yo porque debía dejarme y quedarme callada; que si no quiero que me toquen, me tengo que quedar en casa porque si salgo a la calle lo van a hacer... Me estoy dando cuenta del nivel de machismo que existe y a mí, desgraciadamente, no es la primera vez que me ocurren estas situaciones", lamentó la informadora.
Tampoco es la primera vez que una escena así queda registrada. En 2022, antes de un partido de Copa Libertadores en el estadio Maracaná, la policía brasileña detuvo a un hincha acusado de acoso sexual por besar sin consentimiento a una periodista mientras hacía un directo para televisión; esta declaró que el hombre la había insultado y tocado repetidas veces.
En 2025, la reportera de Globo Duda Dalponte sufrió tirones de pelo en tres ocasiones mientras informaba en vivo rodeada de aficionados del Flamengo, un episodio que fue retransmitido por varios canales y que la profesional describió como una agresión deliberada. "Es una situación lamentable; me entristeció mucho haber vivido esto y que siga sucediendo", dijo a su medio.
Cómo ayudar a tiempo
La coincidencia de todos estos factores ha llevado a varias agencias de la ONU a poner el Mundial de 2026 bajo lupa. En México, UNICEF, UN Women y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) han lanzado con apoyo del Gobierno la campaña nacional 'En equipo contra la violencia familiar' para prevenir agresiones contra mujeres y menores.
Del mismo modo, la iniciativa pone el acento en la corresponsabilidad del entorno. Su objetivo es que vecinos, familiares y amistades aprendan a reconocer señales de alerta, reportar situaciones de riesgo a tiempo y entender que no es necesario tener certeza absoluta para pedir ayuda.
Señales de alarma
En su objetivo de concienciar sobre esta problemática, UNICEF enumera algunos signos a los que vale la pena prestar atención:
1. Gritos, golpes o ruidos violentos repetidos en una casa vecina, especialmente durante o después de los partidos.
2. Llantos prolongados o silencios sospechosos después de discusiones intensas.
3. Niñas, niños o adolescentes con miedo de que llegue cierta hora, como el momento del partido.
4. Cambios bruscos de comportamiento en mujeres, niñas, niños o adolescentes como retraimiento, miedo, ansiedad, aislamiento o tristeza.
5. Marcas físicas que no tienen explicación.
6. Insultos, amenazas, humillaciones o control constante en casa.
7. Niñas, niños o adolescentes que evitan volver a casa o justifican constantemente el comportamiento violento de una persona adulta.
"A veces, las víctimas no pueden pedir ayuda directamente. Por eso, el que la comunidad actúe a tiempo puede marcar la diferencia. La violencia dentro del hogar no es normal ni inevitable. La pasión por el fútbol no justifica gritos, golpes, amenazas, control, humillaciones ni agresiones", recuerdan desde UNICEF.
Más allá de esta campaña, las autoridades y redes de refugios de los tres países sede han anunciado medidas concretas. La Red Nacional de Refugios de México ha reclamado refuerzos presupuestarios y de personal para garantizar plazas en refugios y atención telefónica 24/7 durante el Mundial.
En paralelo, la ONU en México ha presentado una agenda social del torneo que incluye más de 100 actividades en torno a igualdad, derechos humanos y prevención de violencias, desde acciones en escuelas hasta puntos informativos en fan zones y zonas turísticas.
En EEUU y Canadá, oenegés como la National Network to End Domestic Violence y Women’s Shelters Canada han lanzado mensajes similares. Entre las medidas anunciadas figuran refuerzos en unidades policiales especializadas, coordinación entre refugios de los tres países anfitriones del Mundial y campañas de sensibilización dirigidas a aficionados.
En España, el teléfono 016 (número gratuito y confidencial que no deja rastro en la factura), así como las consultas en línea a través del correo 016-online@igualdad.gob.es, el canal de WhatsApp a través del 600 000 016 y el chat online, accesible desde violenciagenero.igualdad.gob.es, funcionan las 24 horas, todos los días de la semana.
