Valencia
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De manera inesperada, pero con la pasión que desprende por lo que hace, Rocío Botella (36) se ha convertido en una empresaria de referencia gracias al proyecto que empezó cuando apenas tenía 23 años.

Desde un pequeño cuarto de su casa, donde diseñaba prendas para su grupo de amigas, creó THE-ARE, la marca valenciana, por excelencia, de ropa de fiesta e invitada para chicas que ha facturado 25 millones de euros en el último año.

Este 2026 abrirá una tienda en Chile, en el Grupo Falabella, y otra en la cadena Liverpool, en México. Además, prevé que aumenten los beneficios en un 20% gracias a su extensa red de 42 tiendas que tiene repartidas en España y otros puntos de la península, como Lisboa u Oporto.

También cuenta, con ilusión, la próxima reapertura de uno de los espacios emblemáticos de la firma, situado en el barrio de Salamanca de Madrid, y que tuvo que echar el cierre a causa de la pandemia.

"Seis años después, por fin vamos a volver a aparecer en esa zona que, para nosotros, forma parte de nuestra historia", confirma Rocío a este diario.

Magas se adentra en sus oficinas de Manises (Valencia), aunque pronto cambiarán de ubicación a una sede propia, también en el mismo municipio, pero más grande, de 1.500 m2.

Por ahora, el espacio donde trabajan sigue siendo amplio para que los diferentes equipos se coordinen con fluidez. Telas, prendas colgadas, recortes... allí todo está listo para idear las próximas colecciones.

Las patronistas crean el diseño de manera digital, con las proporciones y medidas correctas para pasar después a la fase de corte y confección; mientras las costureras, al fondo, hacen pruebas para el fitting room, el espacio donde se decide si la prenda finalmente se sacará a la venta.

Rocío Botella revisa las prendas de su marca The-Are con parte de su equipo. Biel Aliño

Y todo esto, a pequeña escala. Porque Rocío cuenta con un entramado que jamás pensó que llegaría a construir, y que se ha dado con una progresión "orgánica" y un esmero admirable.

"Yo sabía que por mí misma iba a empujar la marca todo lo que pudiese, pero no que me iba a hacer un hueco en la industria de la moda, que es muy complicado. Ese no era mi objetivo", indica.

Como explica, "orgánicamente éramos una empresa de ropa, de logística y de distribución, pero llega un momento en el que te das cuenta de que tu valor no está en preparar el paquete, sino en saber qué producto y servicio quieres ofrecer al cliente".

El almacenaje lo tienen externalizado y, además, cuentan con alianzas con empresas de transporte que les garantizan que el pedido "llegue en menos de 24-48 horas".

Pero para llegar a este punto, -el de una maquinaria que funciona con 180 empleados, teniendo en cuenta el punto de venta, lo que en números se traduce a 40 trabajadores en oficina y el resto repartido en la red de retail-, la fundadora de THE-ARE empezó cosiendo ella misma la ropa.

Inicios

Tras terminar la carrera de Diseño de Moda, y con el propósito frustrado de estudiar el máster en Central Saint Martins (CSM), la prestigiosa universidad pública de arte y diseño en Londres, al que no logró acceder, sus ideas no quedaron en vano.

"Yo llevaba una base técnica muy comercial y allí era totalmente abstracto y creativo. La ropa, en el extranjero, cuanto menos ponible, mejor", apunta.

Los "fracasos" iniciales le sirvieron para repensar el que sería, más adelante, su proyecto.

Ya de vuelta a Valencia, un desfile en la Fashion Week para talentos emergentes le catapultaría a lo que después tomaría forma como THE-ARE.

"Es un poco trampa decirle a un joven diseñador que participar en un concurso de esos le va a cambiar la vida, cuando es todo lo contrario. No le va a reportar ningún beneficio", opina, desde su experiencia.

Rocío Botella cuelga una de sus prendas. Biel Aliño

Pero todos esos 'no' que recibió le hicieron entender "de donde nace la inspiración para no caer en lo normativo": "Con las telas que tenía me propuse hacer ropa para mis amigas, hacerla ponible. Hice un formato showroom y también un pop-up".

Fue exactamente en el año 2013 cuando descubrió Instagram, donde ya aparecían los perfiles de las primeras bloggers.

La primera modelo que trabajó con ella fue Miren Alós; otras como Teresa Andrés y María Pombo colaborarían con Rocío más tarde.

Pero si a día de hoy piensa en alguna famosa a la que aspira vestir, nombra a Kendall Jenner, Bella Hadid o Hailey Bieber. "Estamos ahí", afirma.

Con una sesión de fotos, una buena difusión en redes y el prototipo 'chica lifestyle', Rocío irrumpió en Valencia.

La joven emprendedora compraba la tela, cosía, empaquetaba y enviaba los pedidos por Correos. Al principio, no tenía para hacer reposiciones, por lo que eran prendas sueltas, prácticamente únicas.

"Me iba a Londres con una maleta gigante vacía para comprar las telas a buen precio y traérmelas", recuerda.

De un cuarto de su casa tuvo que mudarse a un piso, donde instaló su estudio. Tras lanzar una colección de monos de graduación, THE-ARE despegó: "No paraban de llamar al telefonillo. Si suben, igual es que nosotros tenemos que bajar, pensé".

Una costurera de The-Are confecciona una prenda. Biel Aliño

Tres años más tarde, en 2016, abrió la primera tienda física en la calle Grabador Esteve de Valencia.

Todo avanzó más rápido de lo esperado y tuvo que contratar a dos costureras. Más tarde, comenzaron a colaborar con talleres de una o dos personas, hasta evolucionar hacia líneas de producción con unas 30 personas en cada una.

Buena parte de la fabricación actual, de hecho, se realiza en Barcelona y Madrid.

"Los que empezaron con nosotros han crecido con nosotros. Aquí hemos creado una red local porque fue en Manises donde encontramos dos talleres. En Valencia estaba muy muerto todo el tema de la industria textil", señala.

En palabras de la empresaria, "hemos hecho una red a base de pelear y pelear y dar trabajo".

Chica THE-ARE

Pero si algo caracteriza a la firma es pensar en el "momento vital" de las chicas jóvenes. Rocío partió de prendas para graduación hasta llegar a confeccionar una colección de invitadas de boda que sobrepasó a los tops de fiesta que triunfaban antaño.

"Nos veíamos capaces de hacer prendas más perfectas porque, al fin y al cabo, yo no soy patronista y no lo hacía bien. Cuando empecé a contar con profesionales, todo fue rodado", reconoce.

Junto a Rocío, también maduró la marca y el producto: ahora vende ropa de estilo casual, pensada para llevar en el día a día.

"Nuestra idea es acompañar a la chica desde que se despierta hasta que vuelve a casa, para que pueda ir a la universidad o a trabajar con el total look THE-ARE. Queremos desencasillarnos de los eventos y que se nos asocie a la vida diaria", afirma.

Asimismo, contabiliza que la nombrada colección "está creciendo una barbaridad, sobre un 400%": "Le vemos mucho potencial, gusta mucho. Yo testeo lo que le gusta a mis clientas, porque al final son las que deciden".

Rocío enseña una falda de su marca The-Are. Biel Aliño

Sobre su inspiración a la hora de crear los diseños, se guía por lo que ocurre a su alrededor.

"Me gusta mucho vincularlo a momentos reales que estén sucediendo, como la Feria de Sevilla o el hecho de que la primera del grupo de amigas se casa. Porque así es la vida misma: es algo que, en algún momento, una de nosotras va a vivir", asevera.

"El hecho de contar una historia que no sea únicamente vender ropa hace que la persona que tienes al otro lado se emocione con la narrativa", asegura la fundadora.

Respecto a la venta internacional, concreta que "está despegando muy fuerte desde hace un año", cuando comprobaron qué tal reaccionaban los mercados, de los que han recibido una respuesta "muy positiva".

"España ya es un mercado en sí mismo. Es nuestro foco. Pero vamos a explorar otros, como Portugal y Francia".

Familia y trabajo

A sus 36 años es madre de dos pequeños, y junto a su marido -que también es su socio-, forman el tándem perfecto que les ha llevado a cosechar grandes éxitos empresariales: "Él lleva la parte empresarial y yo la creativa, y nos complementamos muy bien".

"Ser madre me ha ayudado a relativizar más, a tener más perspectiva con respecto al trabajo del día a día y ahí estoy, en la búsqueda de ese equilibrio: quiero atender a mis hijos todo lo posible, pero la marca también es un niño", corrobora.

Porque llevar una empresa familiar, "sin ningún tipo de inyección de capital", no es sencillo; y menos aún, trabajar en algo que, considera, "también es tu vida".

"Mis conocimientos con 23 años no tienen nada que ver con los de ahora. Ahora soy capaz de darle a la marca una visión, una estrategia y un fondo que no le daba", agrega.

Se refiere a aspectos de cómo escalar el negocio, cómo profesionalizarlo o cómo tomar decisiones en el día a día o gestionar un equipo; capacidades que ha ido adquiriendo tras 13 años de trayectoria.

"Han pasado muchas cosas. Me sigo sintiendo muy alineada con la marca, pero no sé si le diré bye en algún momento".

Preguntada por cómo visualiza THE-ARE dentro de cinco e incluso diez años, la ve "muy, muy internacional". "Evidentemente desde Valencia, que es nuestra casa, pero la veo en el otro lado del charco, quizá abriendo una flagship nuestra -tienda insignia- en una ciudad en el extranjero", zanja.