En una sociedad donde la tecnología avanza a un ritmo frenético, anunciando un cambio drástico no sólo en el terreno laboral sino también en el modo de relacionarnos y casi de ser, contar con una voz profesional que arroje un poco de luz se impone como necesario.
La invitada de esta semana del pódcast En marcha con Nuria March es la idónea para hacerlo. Cuesta resumir su amplia trayectoria: experta en IA, Big Data y transformación digital, con más de 30 años de experiencia y liderazgo internacional en regulación tecnológica.
Fue secretaria de Estado de Digitalización en Inteligencia Artificial de 2020 a 2023, liderando la aprobación de la ley europea de esta materia, y cofundadora de Synergy Partners, primera startup de inteligencia de datos en Europa.
Actualmente, ocupa el cargo de Senior Fellow en Harvard y ha presidido el Consejo de IA de Naciones Unidas. Además, cuenta con la Gran Cruz del Mérito Militar, la Orden de Carlos V y la Gran Cruz al Mérito Civil. También es Top 100.
La primera cuestión que sale a luz, a modo de pregunta, es qué es exactamente la inteligencia artificial. Artigas responde: "Se trata de un conjunto de tecnologías que, básicamente, permite procesar muchísimos datos para poder sacar patrones de comportamiento y a partir de ahí hacer predicciones".
Nuria March y Carmen Artigas posan tras el encuentro.
Las máquinas están penetrando en terrenos que antes eran propios de las personas, siendo capaces "no solamente de identificar imágenes, sino también crearlas".
La interacción constante que tenemos con ella "modela el cerebro humano. Y hay cosas que ya no hacemos más". Menciona como ejemplos la pérdida de la atención para la lectura o del sentido de la orientación. "La mente se adapta, el ser humano también.... Empezamos a adaptarnos al lenguaje de la máquina", asegura.
Artigas reafirma el enorme proceso de cambio que instaura este nuevo panorama. "Con lo que hay que tener más cuidado es con la IA generativa, más que la tradicional. Aquella que es capaz de generar textos, voz, etcétera, y por tanto puede afectar a nuestra percepción", advierte.
"Cuando decimos que tiene un riesgo existencial para el ser humano no es porque venga un robot y nos mate, sino porque nos podemos volver todos locos, porque ya no creemos en lo que leemos, nos hace vulnerables, manipulables... Esto es lo que hay que proteger con la regulación, con las leyes", explica.
Es un hecho que la ética de las compañías no garantiza esta seguridad, porque, como explica Carme, cada vez que un usuario introduce datos en estas herramientas está convirtiendo su vida "en un activo empresarial. Y eso se monetiza, se hace negocio". Por eso los lobbies tratan de ralentizar la implementación de la regulación en aras de mayores beneficios de todo tipo.
Pero es que, además, estas tecnologías arrastran prejuicios desde la base misma de su creación. Dan respuestas diferentes dependiendo de si el que interactúa es hombre o mujer y tampoco tiene en cuenta otras consideraciones.
"Por ejemplo, si tú le dices a una herramienta que diseña imágenes que te dibuje una persona escribiendo, el 100% de las veces va a ser diestro. Nunca se va a poner a un zurdo. Sí, eso ya está sesgado. Ahora imagínate el resto", explica.
No sólo eso; los tentáculos van más allá y afectan al poder global en el mundo. En este momento, "la IA es la batalla por la geopolítica mundial, por el control de la energía". Y cita conflictos como el de Irán o Venezuela.
La realidad es que los centros de datos que necesita gastan muchísimo. La comparación que hace Artigas es muy gráfica.
"Alimentarlos consume como una familia de cinco personas durante 20 años a nivel de energía y de agua. Y el ser humano, en cambio, sólo necesita cuatro vasos y un bocata para mantener el cerebro abierto". Hay mucho que mejorar para que no tenga ese alto coste ecológico.
El discurso de la experta durante su conversación con Nuria March es entendible, práctico y sincero, algo que se agradece para poder comprender mejor un tema farragoso para el común de los mortales.
Deja claro que la IA abre una "nueva era del conocimiento", con beneficios importantes. Empezando por la democratización de la información: "Permite que una persona de 90 años o analfabeta, sólo con saber hablar, pueda acceder a ella".
También ofrece bondades al mundo médico y científico y a la sostenibilidad de la industria alimentaria, porque se puede lograr una mayor eficiencia de los cultivos, entre otras cosas. En el plano laboral, permite automatizar tareas mecánicas.
Pero advierte también del impacto negativo. Empezando porque puede afectar de manera importante a la percepción de la realidad, lo que impulsa "la polarización política". Sin olvidar su influencia en la seguridad física, el daño psicológico y la salud mental.
Cita la frustración, el aislamiento y el gran riesgo de "perder la identidad al confundir hablar con una máquina con hacerlo con un amigo. "Podemos delegar en la tecnología, pero no abdicar en ella. El control final tiene que ser el del ser humano".
Y, para terminar, lanza un mensaje: "Lo que nos enseña la IA es que lo importante no son las respuestas sino las preguntas. El ser humano no inventa al ser humano, descubre".
