Greta Alonso es un nombre que hasta ahora existía solo en las páginas de sus novelas. Durante años, su voz literaria circuló sin rostro, dejando que sus historias hablaran por sí mismas.
Con El asesino de invierno (Planeta, 2026), su tercera novela, irrumpe por primera vez en la escena pública: una obra intensa y valiente que explora la memoria, la herida y la oscuridad humana, consolidando su talento como narradora sin filtros.
Esta obra no sólo marca un momento decisivo en su carrera literaria, sino también su primera aparición ante el público: por primera vez conocemos a la escritora, que decide enfrentarse a su miedo y mostrarse, en un acto de valentía y exposición que revela la persona que hasta ahora permanecía en las sombras.
¿Qué te llevó a decidir finalmente revelar tu identidad como autora y no seguir usando un seudónimo?
En 2020, cuando Planeta me ofreció publicar mi novela, sentí un vértigo enorme. Para mí, la escritura siempre fue algo sacralizado; los escritores me parecían semidioses. No me sentía preparada para dar la cara y ver mi nombre y rostro asociados a la obra, así que usé un seudónimo como escudo.
Con mi segunda novela, La dama y la muerte, no la sentí mía. Pensaba que me perdía algo muy importante y que no estaba haciendo lo suficiente por mi novela ni por mis personajes. También sentía rabia al ver que otros autores podían mostrarse y hablar de sus personajes y de sus tramas, mientras yo no podía.
Con el tiempo, ese miedo se extendió a otras áreas de mi vida que siempre había manejado con solvencia. Por eso, hace tres años decidí que si escribía otra novela y se publicaba, no quería repetir la experiencia anterior.
Greta Alonso presenta 'El asesino de invierno' (Planeta, 2026).
¿El pánico a presentarte ante el público se debía al vértigo de publicar tu historia?
Para mí era una exposición enorme. Decir "esto lo he escrito yo" era mostrar algo muy personal: estos personajes los he creado con mis vivencias, con lo que he visto. Tenía la escritura tan, tan sacralizada… Me aterrorizaba. No me veía como escritora y, de hecho, todavía me cuesta. No sé si seguiré siendo escritora.
Esto también es una prueba para mí. Si avanzo, si veo que puedo sobrellevarlo, seguiré. Y lo necesitaba a nivel personal: demostrarme que puedo hacerlo, que dispongo de herramientas. Llevo tres años preparándome para lanzarme.
¿Crees que el anonimato crea una relación más pura entre el texto y el lector? ¿Temes que tu visibilidad cambie esa percepción y que el lector te juzgue de otra manera al verte?
A mí me da más miedo cómo me va a ver la gente que ya me conoce. Creo que los lectores seguirán conociéndome por mis novelas, por mis personajes y tramas; no creo que les importe tanto quién soy. Pero mis vecinos, compañeros de trabajo… Ahí sí siento temor de si me van a ver con otros ojos. La faceta de Greta escritora estaba oculta; nadie lo sabía.
¿También tu familia?
No, mi familia lo sabe. La gente cercana también.
¿Y los vecinos?
Con ellos he ido poco a poco los últimos meses. Era una faceta de mí que no quería mostrar. Ahora doy un paso: revelar algo que no sabían, aunque realmente no tenía por qué ocultarlo, porque forma parte de mí. No se puede vivir a medio gas; yo estaba haciendo eso. Esto me pertenece legítimamente. He escrito esto y estoy orgullosa.
¿Síndrome de impostora, quizás?
Suelo sentirlo bastante y soy muy insegura, pero con esta no lo estoy y eso nunca me había pasado. Tengo claro que es una gran novela. Mi familia se sorprende de esta actitud, porque no suelo ser así, pero en este caso sí: sé que es buena.
La autora, fotografiada en las instalaciones de Planeta en Madrid.
¿Te sientes más fuerte ahora?
Sí, y creo que he madurado. Me daba mucho miedo el tema de la prensa, los medios y los lectores. Con las entrevistas telefónicas y telemáticas que hice por mis dos primeras novelas, he ido perdiendo algo del miedo. No es lo mismo una cita presencial con cámaras o fotografías, pero he visto que este mundo no es tan aterrador como lo percibía.
Tenía la idea de que los escritores viajaban continuamente y apenas estaban en casa, pero ahora veo que puedo mantener mi vida y compaginarla con entrevistas puntuales o momentos de exposición. Incluso creo que puedo llegar a disfrutarlo.
Has tenido tu primer club de lectura. ¿Es algo que sentías que te estabas perdiendo? ¿Cómo lo viviste?
Lo viví con mucha ilusión. Los lectores conocían a los personajes incluso más que yo misma y descubrieron aspectos que yo había descrito de manera inconsciente. Me hizo muy feliz ver que empatizaban con ellos y captaron los mensajes que siempre intento transmitir: crítica social y salud mental siempre presentes en sus vidas.
Entonces es una decisión tuya, no narrativa ni editorial. ¿La tomaste tú misma?
Me preguntaron: "¿Lo tienes claro? ¿Quieres salir a la luz?" Y respondí que sí, que tenía que hacerlo. El miedo me estaba devorando. Incluso hubo un momento en que una compañera de trabajo me recomendó mi propio libro. Me sentí muy mal.
Estábamos varias personas y luego la seguí y le dije: "Mira, te lo tengo que decir: yo soy la autora del libro, yo soy Greta Alonso". Se quedó muy impactada. Me vi como una auténtica impostora, una estafadora, y eso me hizo sentir mal. Me preguntaba: ¿Por qué yo no puedo vivir esto?
Porque, además de no aparecer físicamente, también firmas con un seudónimo.
Sí, lo mantendré porque los lectores ya me conocen con este nombre y así separo un poco mis dos facetas.
¿Crees que el miedo, cuando no se enfrenta, puede terminar limitando nuestra vida y nuestra libertad, incluso en cosas cotidianas?
Creo que esto puede ayudar a mucha gente. Cuando dejamos de hacer algo por miedo, a corto plazo nos sentimos protegidos, pero a medio o largo plazo el miedo crece y empieza a dominar.
Por ejemplo, antes conducía por una zona de Cantabria con viaductos sin problema, y ahora voy tensa, con el corazón agitado y opresión en el pecho. Esto es por no enfrentar otros miedos. Van cerrándote; hay gente que acaba totalmente recluida en su casa.
La escritora se deja fotografiar por Magas para la entrevista.
La ansiedad te puede devorar si no te enfrentas a ella. La terapia habitual es de exposición. ¿Has empezado por ahí?
Sí, he empezado por aquí. Mi mayor miedo era estar ahora y decir: “Yo soy la autora de este libro". El día que puse mi foto en Instagram, en el coche, dije: lo tengo que hacer ya. Lo hice y sentí un alivio enorme.
Salí del coche y me había quitado un peso de encima. Me siento ligera. Venía a Madrid pensando: bueno, una experiencia; la voy a vivir. Ya decidiré si sigo o no, pero esta vivencia es mía.
¿Y vas a dedicar los libros?
Sí, por fin. Para mí es muy importante, y también conocer a los lectores cara a cara. Hasta ahora la única interacción ha sido por redes sociales, que es fría.
Vamos con El asesino de invierno. ¿Cómo surge la idea?
La idea nació de una noticia que leí hace más de 10 años, que está ligada al desenlace. La novela comienza con la aparición de un cadáver cuyo rostro está envuelto en un retal antiguo con corteza, hojas y piedras, formando un rostro monstruoso.
El inspector Martín Benot, de Tesalia, está en Madrid por el funeral de su madre y descubre el cuerpo. Surgen más víctimas vinculadas a ritos paganos de invierno. A medida que avanza la historia, un giro conecta todo con aquella noticia.
Tesalia… ¿Qué significa para ti?
Es una ciudad ficticia en Cantabria, idealizada con elementos de otras del norte: Santander, Torrelavega, Reinosa… Es una localidad industrial venida a menos, entre montañas y cerca del mar. Tomé elementos reales y los ficcioné.
¿Te interesa más comprender por qué alguien cruza ciertos límites o mostrar las consecuencias?
Me interesaba comprender por qué se cruzan estos límites, pero he entendido que las mentes normales no podemos comprender ciertas mentes depredadoras. Hay maldad que es mal por el mal; hay personas que gozan con el dolor ajeno. Eso no nos cabe en la cabeza.
Alonso posa con su nuevo título.
¿Se nace con ese mal o se aprende? Tú estudiaste psicología.
Sí, aunque no he ejercido. La psicopatía es una forma de personalidad y no se puede revertir; se cree que en un 80-90% es innata. Luego, el entorno puede precipitar conductas: educación, economía, sociedad.
¿Crees que una comunidad puede compartir una culpa?
Sí. Hay mucho silencio en ellas. A veces preferimos no saber la verdad porque nos puede estremecer. Hay cierta complicidad social.
¿Quién tiene más culpa: el asesino o la sociedad que mira hacia otro lado?
El brazo ejecutor es el asesino, pero una sociedad madura podría parar esto. Hay cierto grado de responsabilidad del entorno.
En un mundo donde la salud mental y las heridas de la infancia son cada vez más visibles, ¿cómo quisiste que en esta novela se reflejaran ambas cosas?
Ahora, de la salud mental se habla mucho, pero en la novela intento normalizarla. Mostrar que personas con las que convivimos a diario, que parecen estar bien, pueden tener un trastorno y aprender a convivir con él. A veces, la fortaleza que muestran sólo sirve para ocultar o sobrellevar esos problemas. Y creo que un porcentaje muy alto de nuestra vida se determina en la infancia.
Ahora que te has abierto al público, ¿qué parte de tu identidad sigue perteneciendo sólo a la escritura?
Mi auténtica identidad la mantengo. No hay nada autobiográfico en mis novelas; a lo sumo, algunos rasgos de los personajes pueden parecer míos, pero no hay un alter ego. Soy muy observadora y empatizo mucho. Imagino personajes incluso cuando no estoy escribiendo: estoy en una terraza, viendo pasar gente, y pienso en cómo serán sus vidas.
Ellos toman las riendas de la novela mientras los escribo; van surgiendo y desarrollándose, y a veces me sorprenden. Pueden tener alguna característica mía, pero son creaciones, y a menudo tienen cualidades que yo no tengo y me gustaría tener. Son interesantes y jamás me aburriría. Para mí, escribir es diversión. La creatividad es una fuente de disfrute.
Greta Alonso frente al objetivo.
¿Y los miedos?
Siempre hay, pero este ya no existe. Son más pequeños ahora. Lo importante es tener valor para enfrentarlos y saber que el temor no nos va a derrotar. Puede haber una crisis de ansiedad o un momento de pánico; es un rato, pero no nos vamos a morir.
¿Lo has superado sola?
No. He tenido muchísima ayuda de mi familia y de mi marido, a quien le dedico la novela porque es la persona que más me ha apoyado, y de grandes y muy buenos amigos.
Debe de ser una satisfacción enorme verte ahora y haber logrado todo esto.
Sí, muchísimo.
