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A veces la vida puede ser maravillosa, como cuando te despiertas en mitad de la noche, miras el móvil y descubres que aún te quedan tres horas de plácido sueño.

O cuando llegas a casa y te das cuenta de que no tienes que hacerte la cena porque aún tienes sobras del día anterior. Y, por supuesto, mientras buscas de forma desesperada las llaves en el bolso encuentras un billete de cinco euros olvidado.

También se da cuando naces en el seno de la familia Kennedy. Aunque quizás este condicionante sea el más peligroso de los enumerados. Nacer en la 'realeza' estadounidense es un arma de doble filo. Sin duda, el apellido está plagado de éxitos, pero también de tragedias.

Ahora que los nombres de John Kennedy —hijo de JFK y de Jacqueline Kennedy, antes Bouvier— y el de la que fue su esposa, Carolyn Bessette, vuelven a ser tendencia gracias a la última producción de Ryan Murphy, Love Story, aflora un miembro más de la saga: Kyra Kennedy.

¿Quién es Kyra Kennedy?

La protagonista de esta pieza llegó al mundo en 1995. Concretamente, el 22 de agosto. La joven nació del amor entre el actual Secretario de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos —que ahora se jacta de haber esnifado cocaína en tazas de váteres— y Mary Richardson, interiorista y filántropa.

Para comprender a los hijos, muchas veces hay que mirar con lupa a los padres. De Robert Kennedy Jr. se sabe más de lo deseado. De la madre, quizás menos. A lo largo de su vida, Richardson tuvo problemas de salud mental que desembocaron en su suicidio cuando Kyra tenía 17 años.

Antes de acabar con su vida, la interiorista había encontrado un diario privado de su marido en el que se recogían al menos 37 encuentros sexuales con otras mujeres en 2001, tal y como recogió el New York Magazine en 2013.

Sobre Robert Kennedy Jr. seguirán fluyendo los ríos de tinta debido a sus polémicas opiniones políticas y los enfrentamientos familiares que siguen provocando a día de hoy. De hecho, su primo, Jack Scholessberg, lo ha tildado en alguna que otra ocasión de "vergüenza familiar" y "peligroso".

Sin embargo, Kyra poco tiene que ver con la política —aunque todo sea política—. Sus intereses suponen más un tonteo con la moda que otra cosa. Se la podría tildar de nepo baby, pero ni siquiera tiene una profesión reconocida como tal. La información que pulula sobre ella son pinitos de modelo —comenzó de la mano de su amigo Andrew Warren— y que es socialité.

Acceder a su cuenta de Instagram es toparse con el manido concepto de aspiracional. También con la estética old money y con una vida que transcurre entre eventos de alto calado. Al echar un vistazo rápido a su feed, se reconoce de inmediato el patrón y la paleta de colores de Armani, a cuyo último desfile de alta costura acudió a finales de enero.

En su cuenta acumula 43.500 seguidores y colaboraciones con grandes firmas: joyería de Bulgari, diseños de Valentino, asistencias al Festival de Venecia o contenido de la mano de Harper's Bazaar Italia son algunas de las perlas que pueblan su perfil.

A pesar de no tener una posición en moda como tal, Kyra Kennedy sí que se interesó mucho por el sector desde su juventud. De hecho, una de sus grandes apuestas —y de su familia— fue participar en la ya icónica cita de Le Bal, ese baile parisino de debutantes que es tendencia en redes sociales.

El evento comenzó en 1994 y desde entonces ha presentado en sociedad a personajes como Lily Collins, hija de Phil Collins y actriz protagonista de Emily in Paris (Netflix, 2020); Lady Kitty Spencer, sobrina de Lady Di; Apple Martin, hija de Chris Martin, vocalista de Coldplay, y Gwyneth Paltrow; o Margaret Qualley, hija de Andie MacDowell e intérprete.

Cuando Kennedy hizo su debut, asistió a la cita con un diseño hecho a medida por Dior. En concreto, un vestido con escote palabra de honor y falda de corte princesa, jugando con el contraste del clásico tándem que forman el blanco y negro.

Su formación tuvo lugar en el Fashion Institute of Technology de Manhattan. Más tarde, recaló en la maison que la vistió a los 21 años en Francia para hacer unas prácticas.

Un capítulo controvertido

En los albores de la cultura pop actual —corría el 2013—, cuando aún no se examinaban con lupa los desfiles de Victoria's Secret y Vanessa Hudgens iba camino de convertirse en la reina de Coachella, Kyra se vio envuelta en un caso de ciberacoso en el que ella, junto a varios miembros de su grupo de amigos, fue la bully.

Lo más impactante de la situación quizás sea que se dio en contra de una periodista de The Cut, que además puso el foco en ello a través de un artículo que escribió a continuación en el propio medio.

¿Cómo surgió todo? Allie Jones, la redactora, había publicado previamente una pieza sobre su pandilla, a la que bautizó como Pack. En sus propias palabras, eran chicos de unos 22 años muy privilegiados que se dedicaban a disfrutar de las bondades de Nueva York y a compartirlo todo a través de Snapchat.

"Son los hijos y las hijas de familias como la Matisse, Kennedy y Trump", escribía entonces la comunicadora.

El artículo original ahora parece que no existe, el enlace no dirige a ninguna parte, pero provocó que estos jóvenes descargaran su ira sobre ella a través de comentarios en su perfil de Instagram. Andrew Warren, el amigo diseñador de Kyra Kennedy, fue uno de los autores de los mensajes.

La hija de Robert Kennedy Jr. llegó a escribir "I can play games too, bitch" —de la coma del vocativo prescindió, eso sí—, es decir, "Yo también sé jugar a esos juegos, puta".

Love Story

Hace décadas que los Kennedy se convirtieron en leyenda. El asesinato del que fuera presidente de Estados Unidos sirvió de escenario perfecto. Desde entonces, una dinastía de gente guapa y perteneciente a la clase política ha seguido allanando el camino para mantener un estatus que trasciende generaciones.

Uno de los últimos coletazos de actualidad de la familia es la serie de Ryan Murphy que se ha estrenado este pasado viernes día 13, Love Story.

La producción se centra en la historia de amor —idealizada de forma exagerada por la sociedad— entre John Kennedy y Carolyn Bessette. El matrimonio formó una de las parejas más admiradas de finales de los 90. Lo tenían todo, incluida la maldición de un apellido que lleva cargando con este lastre años.

Su relación, plagada de buenos looks, fotos preciosas, gente guapa, drogas y titulares, se truncó en el verano de 1999, cuando la avioneta en la que volaban, pilotada por él, se estrelló cerca de Martha's Vineyard. En la aeronave también viajaba Lauren, la hermana de Bessette.

El accidente —la muerte de los tres—, lejos de hacer que los fallecidos cayeran en el olvido, logró que se convirtieran en un mito, en una especie de icono.

Cuando Carolyn y John comenzaron a salir, la joven se convirtió en una especie de nueva novia de América. De hecho, su vestido de novia, por ejemplo, sigue siendo toda una referencia para muchas chicas que buscan el diseño perfecto para darse el "sí, quiero".

Las presiones debido a la sobreexposición de la relación terminaron minando la misma, que acabó apenas tres años después de la boda.

A veces la vida puede ser maravillosa. Pero otras, no tanto. Porque hay apellidos que pesan más que un bolso lleno de llaves, más que un vestido de alta costura a medida, más que un asiento de front row en cualquier desfile.

Kyra Kennedy nació hace 30 años, pero, sobre todo, nació como una Kennedy. Y eso implica heredar algo más que una genética cincelada por los dioses o una agenda repleta de invitaciones.

Supone convivir con la épica y con la tragedia. Con el glamour y con el escándalo. Con la fotografía perfecta y con el titular incómodo. Con un escrutinio constante. Es sinónimo de la imposibilidad de ser simplemente Kyra porque el apellido siempre llega antes. Y, en este caso, los movimientos de su padre.