Victoria Hart tenía 33 años y tres hijos que eran su mundo. Dos mellizas de siete y un niño de 11 crecían junto a una madre que se desvivía por ellos, que se mostraba orgullosa de todo lo que lograban, ya fuera sobre unos patines o jugando al fútbol, y que había hecho de la maternidad el eje de su vida.
El sábado 24 de enero, esa familia se desmoronó de golpe. La madre fue asesinada presuntamente a manos de su expareja, Juan Antonio, con quien había estado casada, en su vivienda de Alhaurín el Grande (Málaga). Sus hijos estaban dentro de la casa y fueron testigos de un episodio extremo de violencia machista.
Nació en Solihull, en la región británica de West Midlands. Allí pasó su primera infancia, hasta que con solo ocho años se trasladó a España junto a sus padres y su hermana. Creció bajo el cielo azul del sur, en un pueblo que acabaría moldeando su personalidad, disfrutando como pocas de un vestido de flamenca, y donde forjó amistades fieles que la acompañaron hasta el final y más allá. Ellas no están dispuestas a soltar de la mano a los tres pequeños.
"Teníamos 13 años cuando aprendimos lo que era sentirnos vivas, en España, con la música saliendo por las puertas abiertas y todo el pueblo atento a nosotras”, escribió su amiga Maxine Thomas en redes sociales para recordarla.
Este retrato de adolescencia habla de una joven vital, luminosa, de risa fácil, que atraía todas las miradas sin pretenderlo. “Tú siempre fuiste nuestro latido”, añade. Ella era el pulso que sostenía a un grupo de íntimas que hoy reclama justicia por su querida Victoria.
Esa energía de la que hablan no se apagó con los años. Se transformó. Victoria creció, formó una familia y se convirtió en madre junto a Juan Antonio, con quien llegó a casarse por la iglesia. Y, según quienes la conocían, fue entonces cuando sacó a relucir su versión más fuerte.
“De algún modo, en medio de todo el caos, te convertiste en algo aún más valiente. Madre. Guerrera”, continúa el texto. Dos palabras que se repiten una y otra vez entre quienes hoy la lloran y que fueron consciente del calvario que vivió al lado de su verdugo.
Victoria Hart, en una foto de archivo.
En sus redes, la fallecida se mostraba tal y como era. Fotografías en la feria del pueblo, celebraciones de cumpleaños, tardes sencillas con sus hijos. Imágenes que transmitían normalidad, alegría y afecto. La presencia del hombre que acabaría con su vida era mínima, limitada a alguna felicitación puntual o a fotografías familiares. La mayoría de las publicaciones giraban en torno a sus tres pequeños, su universo.
Victoria trabajaba como peluquera. En Alhaurín el Grande era conocida y apreciada por su profesionalidad y su trato cercano. “Era única en lo suyo”, aseguran vecinos y clientas. De esas personas que escuchan, que cuidan y que convierten un oficio en un espacio de confianza. Por eso, cuando en la mañana del sábado 24 de enero empezó a conocerse la noticia, el pueblo entero quedó paralizado.
A las 11:40 horas, el 112 recibió varias llamadas alertando de lo que estaba ocurriendo. Tras escuchar gritos de auxilio, una persona logró acceder a la vivienda y encontró a la víctima ensangrentada en el suelo, con un cuchillo de cocina a su lado. Los primeros agentes de la Guardia Civil observaron heridas en el cuello y los servicios médicos solo pudieron confirmar su fallecimiento.
Horas más tarde, el presunto autor se entregó en la prisión de Alhaurín de la Torre. Según fuentes penitenciarias, lo hizo con frialdad, manifestando que había hecho “algo muy malo” y reconociendo que había apuñalado a su expareja delante de sus hijos.
Fue el mayor quien consiguió alertar a los vecinos para pedir ayuda para su madre, asegurando que su padre la había matado. Un detalle que ha conmocionado profundamente al municipio y que resume la brutalidad de lo ocurrido.
Para garantizar un futuro a los tres, el entorno más cercano de Victoria ha impulsado una campaña de crowdfunding que ya ha recaudado cerca de 60.000 euros. El objetivo es cubrir las necesidades básicas de los menores hasta que puedan acceder al apoyo institucional correspondiente.
La violencia que acabó con la vida de Hart no fue un hecho aislado. En marzo de 2024, denunció a quien era entonces su pareja por un delito leve de amenazas, según informó el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. El hombre fue condenado a 31 días de trabajos en beneficio de la comunidad, a la prohibición de portar armas de fuego y a una medida de alejamiento de cuatro meses.
Tras cumplir la pena, la pareja reanudó la convivencia familiar, ya que ella no quería que sus hijos se quedaran sin su padre, hasta los hechos ocurridos el 22 de octubre de 2025. Ese día, volvió a denunciarlo por haberle propinado una patada en la cadera, haberla amenazado de muerte y haberla insultado de forma reiterada, según recoge el TSJA.
El minuto de silencio.
Al día siguiente, el Tribunal de Instancia número 2 de Coín le impuso la prohibición de aproximarse a menos de 300 metros de la víctima y de cualquier lugar en el que se encontrara, además de prohibirle comunicarse con ella por cualquier medio. La jueza concedió a Victoria el uso de la vivienda familiar junto a sus hijos y fijó una pensión para la manutención de los menores.
El procedimiento quedó pendiente de juicio por vejaciones, amenazas y maltrato. Sin embargo, el hombre quebrantó la orden de alejamiento y el 3 de diciembre fue condenado a cuatro meses de cárcel por ello. Desde el TSJA precisaron que asumió los hechos y se conformó con la pena, quedando el ingreso suspendido durante dos años con la condición de no delinquir.
Para parte del entorno de Victoria, esta decisión permitió que el acoso continuara hasta el fatal desenlace. De haber entrado en prisión, aún seguiría con ellos. Una vecina resume el sentir general del pueblo: “Descansa en paz. El sistema ha fallado contigo. La violencia nunca debe ganar”.
Otro conocido compartía una reflexión que se ha viralizado en redes sociales: “Siempre le digo a mi hija que los monstruos no existen, pero tristemente la verdad es que caminan entre nosotros. Lobos con piel de cordero para el mundo exterior”.
El impacto en el municipio fue profundo. Decenas de vecinos se concentraron en los alrededores de la vivienda tras conocerse el asesinato. El Ayuntamiento decretó un día de luto oficial y convocó un minuto de silencio al que acudieron incluso los tres hijos de Victoria, arropados por familiares y amigos. Su despedida llenó un cementerio que se quedó pequeño ante tantas muestras de cariño.
Victoria Hart es ya oficialmente la quinta mujer asesinada por violencia machista en lo que va de año. Una cifra más en una dolorosa estadística. Una larguísima lista de nombres. Pero para quienes la conocieron, no es un número. Es la adolescente que bailaba con su mejor amiga, la mujer que sostenía a los suyos en los momentos difíciles y la madre que protegió a sus hijos hasta el último instante.
“Eras alegría. Eras fuego. Eras amor en su forma más feroz. Y siempre serás recordada por lo intensamente que viviste”, escribió su amiga Maxine Thomas para despedirse de ella. Así es como quieren recordarla en Alhaurín el Grande. Por cómo vivió. Por cómo amó. Por la amiga y madre que fue. Y por la luz que dejó, incluso después de la tragedia.
