La historia de Irene Martínez-Calcerrada es la de una mujer que ha sabido transformar la exigencia de la alta dirección en un ejercicio de honestidad. Con más de 25 años de trayectoria en el Banco Santander, se ha convertido en una voz clave para entender cómo ha cambiado la abogacía de los negocios y el papel de la mujer en las grandes corporaciones.
En este episodio del pódcast En marcha con Nuria March, la vicepresidenta del grupo de Asesoría Jurídica en la sede central de la compañía despliega no solo su visión estratégica sobre el derecho internacional, sino también una sinceridad desarmante sobre los peajes personales que se pagan al ascender.
Habla desde la experiencia pero con la cercanía de quien comparte confidencias. En esta amena conversación —que realmente es una charla entre dos amigas íntimas de hace décadas— la protagonista reconoce que el éxito no es gratuito, aunque lo asume con naturalidad: "He tenido que renunciar a tener una vida familiar más tranquila y casera", explica.
Para ella, no haber sido la madre que lleva a sus hijos al colegio cada mañana no era un motivo de culpa, sino una decisión consciente. Asegura que hubo un momento clave, hace unos 15 años, en el que aprendió a "perdonarse", dice, y a entender que la ambición no es un rasgo negativo, sino "una herramienta bonita" para alcanzar metas legítimas.
Y probablemente esta claridad de ideas sea la que la ha llevado a liderar la transformación de la asesoría jurídica de una de las entidades bancarias más importantes del mundo. Su misión es crear un sentido de pertenencia único entre abogados de culturas muy distintas, un reto que aborda con la misma pasión con la que defiende la igualdad de oportunidades.
Nuria March, conductora del programa, junto a la invitada de esta semana.
Insiste en que no hay fórmulas mágicas para la conciliación, pero sí cambios estructurales que marcan la diferencia.
Ambición y honestidad
La conversación con Nuria March la lleva a destacar un hito fundamental: la baja de paternidad obligatoria. Ella defiende esta medida como la verdadera palanca de cambio, ya que al igualar las ausencias de hombres y mujeres, el talento joven se valora por fin sin el sesgo de la maternidad: "Es maravilloso y es lo que tiene que ser", afirma rotunda.
Uno de los momentos más simpáticos del episodio aparece cuando explica cómo las mujeres han "humanizado" los consejos de administración. Cuenta con humor que, incluso en las reuniones más tensas y relevantes, la mujer directiva tiene una capacidad única para el multitasking mental: estar cerrando un acuerdo y, a la vez, acordarse de que falta leche en casa.
Esa sensibilidad, lejos de ser una debilidad, aporta una empatía y una eficiencia que, según ella, hace que las reuniones sean ahora "más cortas y eficaces". También relata con orgullo y emoción cómo crecer en una casa donde, en sus palabras, "se mamaba el Derecho" marcó su destino.
Hija de Luis Martínez-Calcerrada, magistrado del Tribunal Supremo, evoca la figura de su padre no sólo como un jurista de prestigio, sino como un hombre "disfrutón" y familiar que le inculcó la cultura del esfuerzo. "Las cosas hay que hacerlas para ayer", recuerda que le decía, una máxima contra la pereza que ella aplica tanto en su despacho como en su vida social.
Hay un momento en el que se sincera sobre su vitalidad inagotable. A pesar de los viajes y las jornadas maratonianas, confiesa que jamás dice que no a un plan con amigas: "Sin ellas soy como una flor que se marchita". Para ella, el cansancio nunca es excusa para perderse una celebración, demostrando que la energía se multiplica cuando se comparte.
Al hablar de las nuevas generaciones, Martínez-Calcerrada es franca: "Hay que tener paciencia". Les aconseja trabajar mucho y reclamar menos al principio, pero sobre todo, ser conscientes de que "no se puede tener todo al mismo tiempo" y de que para llegar lejos también "hay que hacer renuncias" que pueden ser maravillosas, porque a veces "todo no se puede".
Irene Martínez-Calcerrada, retratada en su visita al pódcast.
Entre sus anécdotas profesionales, recuerda la única vez que sintió un trato desigual en 30 años de carrera, cuando en Boston un directivo la confundió con una asistente. Una excepción que confirma la regla de una trayectoria brillante basada en el mérito. "En el resto de mis 30 años no he sentido ningún tipo de malestar; hombres y mujeres somos complementarios".
Tras tanta dedicación, ver cómo sus hijos han crecido siendo autónomos y responsables es para Martínez-Calcerrada la prueba más clara de que el ejemplo es la mejor educación. Su carrera en el Santander no solo ha consolidado su perfil como una directiva de referencia, sino que ha abierto camino para que la ambición femenina deje de ser un tabú.
