Siempre quiso ser alcaldesa de su pueblo, desde niña, cuando “aún no sabía que las mujeres también podían ocupar ese lugar”. Mientras otros soñaban con ser médicos o astronautas, Uxía Oviedo tenía claro que su horizonte estaba en Maceda, su pueblo natal, un concello de cerca de 3.000 habitantes en la provincia de Ourense.
En 2023, aquella pequeña cumplió su sueño y con 23 años hizo historia al convertirse en la alcaldesa más joven de España. No fue una casualidad ni un gesto impulsivo, sino la consecuencia natural de una vocación temprana y de una vida atravesada por la política municipal.
La decisión de presentarse se gestó un año antes, en 2022, cuando el entonces candidato del Partido Socialista de Galicia anunció que no volvería a concurrir a las elecciones. Era su padre, Xabier Oviedo, que había ocupado el cargo entre 2007 y 2015.
La estética tan personal de Uxía Oviedo es también su seña de identidad.
La posibilidad empezó a tomar forma entre conversaciones con compañeros y una intuición persistente. “Los trenes no pasan siempre”, pensó. Y se subió.
El despacho y la memoria
La noche electoral es uno de esos momentos que siempre permanecerán en su memoria, y se percibe en la emoción que transmite al contarlo, como si lo estuviera viviendo de nuevo. Tampoco olvida el primer día al frente de la alcaldía.
Sentarse allí le devolvió imágenes de su infancia: “Aquellos días sin colegio acompañando a mi padre, durante las campañas electorales, en conversaciones con vecinos. Entrar en ese despacho fue, de algún modo, sentirme en casa”.
Tras tomar el bastón de mando, Uxía insiste en que no ha cambiado como persona. Sigue siendo la misma joven que disfruta de su familia, de sus amigos y de su pueblo. Lo que sí ha cambiado es su vida.
“En un concello pequeño, la alcaldesa está disponible las 24 horas del día. Siempre puede surgir una urgencia y hay que estar. Asumirlo forma parte del cargo y también de un proceso de crecimiento personal que define esta etapa de mi vida”, asegura.
Juventud, mujer y poder
Reconoce que convertirse en primer edil a una edad tan temprana y unido a ser mujer “no es fácil”, sobre todo al principio. Durante la campaña escuchó que era “demasiado joven” para gobernar, un argumento utilizado explícitamente para disuadir el voto.
Ya en el cargo, ha tenido que demostrar que está ahí por méritos propios. “Al principio, muchos seguían asociándome a mi padre, como si él tomara las decisiones en la sombra cuando no era así. Tuve que recordar, en más de una ocasión, que la alcaldesa soy yo, con mis propios criterios y mi propio equipo”.
En sectores especialmente masculinizados, como el de las obras, Oviedo relata que la escena se repetía: “La gente se dirigía al concejal antes que a mí”. Con el tiempo esto ha cambiado, “a día de hoy me llaman directamente y reconocen mi autoridad. Más allá de que se comparta o no mi gestión, hoy percibo la confianza de mi pueblo”.
Ser una misma
También tuvo que reconciliarse con su propia imagen. Al principio intentó adaptar su forma de vestir a una idea preconcebida de lo que “debe ser una representante política". Pronto entendió que se estaba disfrazando y que no era ella. “Si confiaron en mí siendo como soy, no había nada que cambiar”, dice con aplomo.
Reivindica que hay que romper con los cánones preestablecidos, especialmente los estéticos: “Es un mensaje que quiero lanzar, sobre todo a niñas y jóvenes, para que vean que hay muchas maneras de liderar. No hace falta repetir modelos heredados para ejercer el cargo de alcaldesa”.
La alcaldesa, en uno de sus actos.
“El futuro pasa por el rural”
Gobernar un concello rural en pleno 2026 es para ella uno de los grandes retos políticos. Maceda fue históricamente cabeza de comarca, con comercio y servicios fuertes. Hoy, como en tantos otros lugares, fijar población es complicado.
Oviedo defiende que el futuro pasa por el rural y por garantizar servicios públicos sólidos, como educación, sanidad, cultura, deporte y conciliación. Cree que las ciudades se están volviendo cada vez más hostiles y que los pueblos pueden ser una alternativa real si se hacen bien las cosas.
Reconoce que la legislatura no empezó de forma fácil. Obras heredadas con deficiencias, un ayuntamiento con recursos limitados y decisiones difíciles que obligan a priorizar. Pero nada la marcó tanto como los incendios del pasado verano.
Líder contra el fuego
“Cuando entré en la alcaldía, uno de mis miedos era que hubiera un incendio grande, como ya había ocurrido años atrás, y no saber cómo gestionarlo, no estar a la altura”, asegura. El verano de 2025, con el fuego llegando a las casas de Maceda, la necesidad de decidir qué hacer y qué priorizar en medio del caos, pusieron a prueba su liderazgo.
Desde casa, viendo arder el monte, activó todos los recursos posibles. Coordinó a la Xunta, al distrito forestal, a la UME, al personal municipal y a los vecinos que defendían sus casas y las de otros.
En medio del temor colectivo tuvo que transmitir calma sin sentirla. De esa experiencia extrae una lección que no olvida: “La enorme solidaridad de los vecinos que se vio en esos días fue, pese a todo, algo hermoso”. También una reivindicación clara: “La necesidad de una prevención eficaz para que no vuelva a ocurrir”.
Y en los momentos más duros descubrió que sí tenía esa capacidad de liderazgo de la que había dudado y de gestión en situaciones límite. “Entendí que gobernar también es saber apoyarse en quienes conocen el territorio, en los vecinos que han visto arder su monte muchas veces y saben leer el fuego mejor que nadie”.
La gallega volverá a presentarse a las elecciones municipales.
Un deseo
A la pregunta de cómo le gustaría que la recordaran sus vecinos, Uxía Oviedo lo tiene claro: “Como una persona cercana, que hizo todo lo que pudo con lo que tuvo, y que lo hizo con cariño. Así es como siento que estoy haciendo las cosas”.
Entre sus referentes, además de su padre, cita a mujeres como Ana Pontón, por haber reconstruido el BNG desde abajo; Inés Rey y Carmela Silva en el ámbito local; Carmen Alborch, a la que llegó a través de sus libros; y Paula Alvarellos, la fallecida alcaldesa de Lugo, con quien compartió un tiempo de trabajo intenso y fructífero.
A las chicas jóvenes que dudan sobre si implicarse en política porque sienten que “no es un sitio para ellas”, Uxía les lanza un mensaje claro: “Si quieren formar parte del cambio, hay que estar dentro. La política —dice— sigue siendo una herramienta poderosa para transformar la realidad, aunque esté desprestigiada”.
Las anima a dar el paso, a ser ellas mismas, a no callarse y a defender sus ideas. Cree que ellas están ampliando la agenda política con debates que antes no tenían espacio, desde el feminismo al medio ambiente.
De cara al futuro, su intención es volver a presentarse a las próximas elecciones municipales. Quiere seguir trabajando para Maceda, desde el gobierno, si sus vecinos renuevan la confianza en ella, o desde la oposición.
“Hoy por hoy, aunque no quiero cerrarme puertas, no me planteo una carrera política ascendente. La política municipal, a pesar de ser la más dura, creo que es la más gratificante y es el lugar desde donde todo cobra sentido”, confirma.
