Óscar Casas es un cascabelillo: se ríe con la boca y con los ojos, con ternura casi infantil. Tiene un sonajero en la voz y mira el mundo con cierta candidez.
Eso es lo mejor de él y lo mejor de su hermano Mario, que es su amigo y referente (escribió para él Mi soledad tiene alas, que Óscar protagonizó): su insoportable humanidad.
La de ambos.
La verdad emocionante que se desata detrás de sus caras.
Hubiese sido fácil atrincherarse en el forracarpetismo, o dejarse avalar por esa legión de niñas enamoradas que les reducen al príncipe o al chulo, o reconcentrarse en la belleza paralítica a la que les condenan las fotos (la canónica, la epatante, la del museo de cera) o encomendarse a los bronceados férreos del cuerpo.
Pero han elegido otro camino.
Están en búsqueda de su mirada, de su sensibilidad. Están explorando todos los hombres que pueden ser.
Ahora Óscar acaba de presentar Ídolos, una película fresquita de corte adolescente en la que interpreta a un joven motorista consumido por la rabia... que se enamora de una tatuadora interpretada por Ana Mena... de la que se enamoró también en la vida real, durante el rodaje.
Empecemos hablando de la primera mujer de nuestra vida: nuestra madre. El protagonista de la película ha perdido a la suya . En tu caso, tu madre, Heidi, es el centro de tu vida. Lo has escrito en redes: “Te amo, tú eres el motivo de mi vida, felicidades, mamá”…
Sí. Ella es realmente una figura esencial dentro de nuestra casa. Dicho de una manera cómica, es nuestra gran matriarca, confiamos muchísimo en ella y en su criterio. Primero, porque nos ha criado y porque nos ha hecho tener unos valores intrínsecos increíbles.
Todavía veo cómo lo hace con mi hermano pequeño y flipo. Tiene mucha psicología, siempre está al pie del cañón, sabe que hay detalles en la vida de un niño que parece que no tienen repercusión pero sí la tienen...
¿Qué valores os ha inculcado?
Te podría decir muchos, pero esencialmente la valentía y la dignidad, que son cosas que mi hermano ya tiene, y mira que es pequeñito, que tiene sólo 11 años.
Pero nos cuenta situaciones del cole y me encanta cómo mi madre las afronta y le explica por qué algo está bien hecho y por qué no, y además se lo dice a él a solas, no delante de nosotros… son tantos detalles que se inculcan… sin ser reprimidos ni exigidos. Es asombroso, en serio.
Además mi madre lee nuestros guiones y sigue nuestras carreras a muerte, su opinión es importantísima en nuestras decisiones laborales, tiene mucha visión y mucho instinto para saber lo que nos viene bien. Toca muchos palos. Dices “dios mío, ¿cómo lo haces para llegar a todo y ta tanto?”. Ese es el amor de una madre que se desvive completamente por sus hijos aunque se quede ella sin vida.
Óscar Casas cuenta que la figura central de su vida es su madre, Heidi.
¿Cómo es el carácter de Heidi?
Es una persona muy valiente y muy sensible, con las ideas muy claras y muy honesta con ella misma y con los suyos. No miente. Yo a veces veo que algunas madres dicen a sus hijos “qué guapo estás” cuando no lo están, pero mi madre es muy clara: te dice toda la verdad sin elogios.
¿En qué te pareces y te diferencias de ella?
Me parezco muchísimo a ella y cada vez más , o cada vez me doy más cuenta: en esas cosas grandes como la sensibilidad o el arrojo pero también en cosas muy pequeñitas, en que somos bastante pesados y un pelín caprichosos. De todos los hermanos, el que más se parece soy yo, o eso es lo que hemos hablado en casa.
¿Qué hay de Sheila, tu hermana?
Sheila es la sinceridad. La vida corre a través de ella, y ella lo sabe y juega con eso. Ella disfruta de las emociones, de sentirse feliz, de llorar… pasa por todos los lugares.
Me encantaría estar así de liberada.
¡Y a mí! Es bonito, ¿no? Aunque tiene su cosas buenas y malas estar tan liberado emocionalmente.
"Me parezco a mi madre en la sensibilidad y en la valentía: también somos bastante pesados y un pelín caprichosos. Es el amor de mi vida"
Henry James dice que hemos venido aquí a sentirlo todo.
Me gusta. Ella es así. Un día hablando me preguntó qué quería en la vida, y le dije que ser feliz. Y le dije: “¿Y tú qué quieres?”. Y me dijo: “Sentir”. Es así, y es una gran lectora, se merienda cuatro libros a la semana, adora el cine y disfruta de la vida.
¿Qué tipo de niño fuiste? ¿Cómo te relacionabas de crío con las niñas, cómo mirabas entonces el universo de lo femenino?
Mis mejores amigos siempre han sido chicas. Me he rodeado de chicas desde muy pequeño. Yo era un niño muy infantil, muy aniñado, me desarrollé muy tarde, con 17 o 18. Así que mis amigas de clase no veían más allá… ellas ya estaban más desarrolladas y buscaban chicos más viriles, más masculinos, más mayores. Yo era al que le decían “qué mono”.
Pero bueno, yo siempre disfruté de ese trato y de compartir sensibilidades. Prefería estar con ellas, no me gustaba el fútbol, me quedaba con las niñas hablando, siempre me lo he pasado mejor en su compañía.
Óscar Casas fue un niño amigo de las niñas, pero le costó sentirse visto por ellas.
¿Y cuando creciste?
Al hacerme un poquito más mayor sí me sentí más visto y me dediqué a jugar y a explorar, como todos y como todas.
Ya no quería seguir siendo sólo el amigo, me cansé un poco de eso (ríe). Quería conocer y sentirme de otra manera.
Viví esa curiosidad y ahora vuelvo a estar más relajado, claro, ya tengo 27 años. Pero mi mejor amigo es una chica, es Berta, y somos amigos desde hace ocho años, es la única persona con la que quedo regularmente, a la que veo y a la que le cuento todo, y que se ha vuelto esencial para mí.
"En el instituto, a las chicas les gustaban chicos más viriles y mayores, yo era su amigo y al que decían ‘qué mono’"
¿Crees que los hombres tienen conversaciones de menor calidad que las mujeres?
Bueno, te sorprendería. Creo que los chicos estamos mejorando. El 70% de las veces hablamos de cosas absurdas, vale, pero vamos provocando huecos y grietas… donde se abre un poco más la cosa, y entramos en conversaciones más grandes y profundas, porque también lo necesitamos y nos apetece.
Pero es verdad que yo los mejores consejos los cojo de mis amigas mujeres. No sé si se ha dado así o es que estoy rodeado de muchas buenas.
"Mi mejor amigo es una chica, Berta"
¿Quién fue tu primer amor importante?
Fue a los quince años, así que seguía siendo un poco niño. Era la chica con la que siempre estaba en clase, éramos mejores amigos. Y aunque yo salía del mundo adolescente y sentía algo más que amistad, ella siempre me vio como amigo.
Dudé, ¿sabes? Había momentos en los que creía que sí… recuerdo unas fiestas de mi pueblo donde ella me dijo “vamos a bailar bachata” y yo estaba emocionadísimo… y cuando llegué, ella se había puesto tacones y yo era muy bajito, la cosa quedaba rara.
Me dijo: “Soy más alta que tú, no podemos bailar bachata”. Después se fue con otro (ríe). Menos mal que di el estirón.
Casas antes creía que bailar bien significaba hacer bien el amor, pero ha cambiado de idea.
¿Ahora, con el éxito que tienes entre la grada femenina, crees que estás vengando un poco a ese chico?
(Ríe) No, no, vengar tampoco. Son sensaciones que está bien vivir. Luego viví en Irlanda tres años, desde los 15 a los 18, y ahí me sentí realmente pequeñito, estaba fuera de esas cosas. Cuando volví, al tiempo, pasé por ese pueblo y entré al instituto y dije “guau”. Era otro mundo. Y ya notaba que las chicas me miraban al cruzar. Noté un cambio de sensación. Ahora me siento más seguro.
¿En qué se parece el amor a las motos?
En la adrenalina. Cuando conoces a una persona que te está gustando… a mí me pasa, me tiembla la mano y el cuerpo, las hormonas y la dopamina pegan fuerte y es una sensación de velocidad brutal, como la de la moto.
"El amor se parece a las motos en la adrenalina: cuando conoces a una persona que te gusta, te tiemblan las manos y el cuerpo"
¿Y en qué se parece el baile al sexo?
Sigo creyendo que en la película la salsa no sirve absolutamente para nada y que es el padre quien la usa para reírse del hijo (ríe). Pero el baile tiene algo sensual, algo de conocer tu cuerpo, y a través del baile se puede transmitir erotismo y conexión. La bachata tiene mucho de eso. El baile y el sexo tienen en común que es el momento de unión entre dos personas.
¿Uno baila tal y como tiene sexo?
Eso dicen. Yo antes pensaba que si bailas bien, eres bueno haciendo el amor, pero realmente ya creo otra cosa: hacer el amor tiene algo muy emocional de conexión y no hace falta hacer virguerías ni acrobacias, ni dar tus mejores pasos. Es salir del mundo, estar con la otra persona, quedaros solos de verdad y que no exista nadie más que vosotros.
Óscar Casas confiesa que su manera de entender el amor ha cambiado mucho.
¿Cómo ha cambiado tu forma de entender el amor desde que tenías 18 años hasta ahora?
Uy, muchísimo. También imagino que me quedará mucho por cambiar. Pero pienso en quién era yo con 18 años y en quién soy ahora y veo dos mundos. Con 18 vas un poco en falso… vives el amor según te lo han contado, según cómo te han hecho ver que tienen que ser las relaciones y las cosas que debes esperar. O sea, es ficción, es algo imaginario. Yo creo que con 27 vivo el amor con más peso, me interesa más la confianza y el entendimiento.
Hablemos de Ana Mena. En la película, ella te sabe llevar, te ayuda a encauzar tu ira (en fin, la del protagonista), celebra tus éxitos… pero, ¿qué pasa en la vida real? ¿Qué aprendes tú de Ana y cómo te cambia?
Pues muchísimas cosas, peor hay algo que me asombra cada día de ella y es su honestidad. Es la persona más honesta que he conocido nunca, es honesta con ella misma y con los demás. No miente ni se miente.
"Supe que estaba enamorado de Ana Mena porque era muy feliz con ella y de repente me puse muy triste pensando en perder esa felicidad"
Mira de frente a la verdad de la vida, y eso es muy difícil, es difícil encontrar gente honesta con uno mismo y con el resto. Intento aprender de Ana lo máximo posible, ella tiene dones que quiero en mi vida, yo lucho por esa honestidad. Pienso que la mentira es una creación del ego que elabora uno mismo por miedo a afrontar las cosas, y Ana es una tía que afronta las cosas. Su padre es igual. Lo lleva intrínseco de casa.
Creo que os encandilasteis en Roma, en un restaurante malo pero en una cita fantástica. ¿Cómo supiste que estabas enamorado de ella? ¿Cuál es para ti el síntoma?
No es un momento específico… ¿no? Es algo que te vas encontrando, algo que se construye. Pero yo sé que estoy enamorado porque soy muy feliz con ella y de repente me pongo muy triste pensando en perderla, te asalta un momento de muchísima infelicidad por miedo a perder esa felicidad, ahí dices “vale, está ocurriendo, me estoy enamorando”.
¿Qué piensas de eso que canta Aitana de que no es fácil enamorarse de una súperestrella?
(Ríe) No, mola muchísimo. Ana es increíble y su profesión también, ella la ama y es admirable. De cierta manera, es arte, y nos entendemos muy muy bien. Yo nunca había tenido cerca a nadie como ella y me fascina ver su creatividad, cómo trabaja sus álbumes, cómo hace las letras… y cómo delante de tantas personas se pone a cantar y se transforma… siento una enorme admiración por Ana que encima se agranda cuando la veo como artista, cuando veo esa dimensión suya y veo a tantas personas cantando sus canciones.
Óscar Casas quiere ser un hombre que tenga una mezcla de su madre y de su padre.
¿Algo de celos? Una chica tan radiante debajo del foco…
No, no, soy un chico poco celoso y además Ana no me hace preocuparme de absolutamente nada. Tiene las cosas muy claras y yo también.
¿Qué tipo de hombre quieres ser tú? ¿Cómo definirías tu masculinidad? Tu hermano Mario, por ejemplo, ha salido mucho de ese rol impuesto del tío bueno y ha demostrado el enorme actor que es, se ha lanzado como director, hizo ‘Mi soledad tiene alas’ que tú protagonizaste… ¿cómo ha cambiado la forma de ser hombre?
Siento que me queda muchísimo viaje para entrar en el hombre que deseo y que pienso que quiero ser. Mi modelo de hombre perfecto es una mezcla entre mi madre y mi padre. Quiero que mis hijos se sientan protegidos y entendidos y poder hablar con ellos de emociones y de amor. Pero queda mucho para convertirme en la mejor versión de mí.
¿Mito erótico de la juventud?
Miley Cyrus o Hannah Montana, no sé cuál de las dos, las dos personalidades me encantaban. Es espectacular.
"Mi mito erótico de la adolescencia… Miley Cyrus o Hannah Montana, no sé cuál de las dos, las dos personalidades me encantaban"
¿Actriz favorita?
Penélope Cruz. Es la actriz española por excelencia, es toda racialidad y verdad, desprende lo español por todas partes, me encantan su naturalidad y su verdad y su locura. Me han flipado todas sus personalidades. Tiene una carrera increíble.
¿Escritora favorita?
Mercedes Ron, que escribe de manera adolescente pero sus películas son enormes y ha llegado a millones de personas, me encanta cómo conecta con la juventud de hoy en día.
¿Política favorita?
Ahí paso palabra.
¿Cantante favorita?
Ana Mena, claro. Pero después de ella, Ariadna Grande (¡me cuesta mucho no elegir a Lady Gaga…!). Es una tía muy interesante que rebosa arte por todas partes, en voz, letras, a nivel actoral, todo, cualquier palo que toca es impresionante. Es una gran artista.
