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Ana Merino, poeta, dramaturga y novelista, es una de las voces más destacadas de la literatura española contemporánea. Ganadora del Premio Nadal en 2020, su obra explora las emociones humanas y las relaciones que nos definen.

En El camino que no elegimos, reflexiona sobre el desamor, las sendas no elegidas y la fuerza de reinventarse, mostrando cómo incluso lo inesperado puede abrir nuevas luces en la vida.

La novela transforma las pérdidas en semillas y los afectos desordenados en oportunidades de crecimiento, invitando a enfrentar lo inesperado y descubrir luz en medio del desorden.

Ana Merino habla de las rupturas y los nuevos caminos en su libro. Alejandro Meter.

El camino que no elegimos... A veces uno no sabe si debe ir hacia la derecha o hacia la izquierda, pero en este caso parece que no es solo eso, ¿verdad?

No, se trata de cómo el amor y el desamor te arrastran hacia lugares inesperados. Y en el camino que elijas, tienes derecho a equivocarte, a cometer errores, a compartirlos, a dialogar sobre ellos y a reflexionar.

Es una historia coral, en la que los personajes se dejan llevar por las circunstancias. Algunos buscan el amor desesperadamente, otros tratan de entender por qué se ha acabado o disfrutan de la vida, las pasiones y las segundas oportunidades, que son muy importantes.

Empiezas la historia con un momento devastador. ¿Por qué decides abrirla con esta ruptura? 

Es el punto de inicio que desencadena todo. Quería explorar esa gran pregunta: ¿qué sostiene realmente un matrimonio? ¿Qué hace que las parejas duren?

En muchos casos, el amor se va apagando poco a poco, pero, en esta ocasión, se da una ruptura abrupta, una verdad que se dice de manera valiente. La novela comienza con esa confesión porque refleja la importancia de reconocer cuando algo ya no funciona y se ha agotado. 

Decidir sincerarse, aunque doloroso, es el primer paso hacia la reconstrucción y muestra cómo el desamor puede ser un proceso de crecimiento. Además, en las relaciones, cuando las expectativas ya no coinciden o las personas no evolucionan al mismo ritmo, es cuando esa separación se vuelve inevitable.

Las plantas y el invernadero se repiten como metáforas. ¿Qué papel tienen?

La naturaleza para mí es un eje fundamental. Los elementos que mencionas funcionan como símbolos de atención, fragilidad y transformación.

En su silencio, las plantas actúan como testigos de los procesos afectivos, mientras que el invernadero enfatiza la necesidad de cuidado y de preservar lo que importa. Juntos, conforman un marco que refleja cómo crecen, se sostienen o se desgastan los vínculos. Para mí, las plantas son testigos de la vida y del amor.

En la obra aparecen secretos familiares y relaciones intergeneracionales. ¿Buscas explorar cómo el pasado influye en las decisiones?

Sí, porque eso condiciona nuestra forma de percibir la soledad, el miedo y la identidad. Explorar la historia familiar —la propia y la heredada— permite entender cómo ciertos patrones, expectativas y silencios moldean las decisiones presentes.

La herencia generacional no es solo biográfica: también es emocional y social, y entenderla ayuda a comprender de dónde vienen nuestras dudas, nuestras cargas y nuestras formas de estar en el mundo.

Muestras también que el abandono no significa ruptura, sino reorganización.

Exacto. Toda forma de abandono implica ruptura, pero también obliga a crecer. Incluso cuando una decisión llega de manera abrupta, hay un proceso de reajuste: reordenar lo vivido, asumir lo que cambia y encontrar un modo de seguir adelante. Esa transición, aunque dolorosa, también es un espacio de maduración.

No es un hecho aislado: más que una gota que colma el vaso, es la decisión después de muchas señales previas...

A veces lo más difícil no es el hecho puntual, sino asumir que ha llegado el momento de decidir. Ese instante puede ser brusco, pero en realidad suele venir de un proceso largo, silencioso y acumulativo.

¿Qué crees que duele más: que nos dejen o no haberlo visto venir?

Es una pregunta compleja. A menudo duelen ambas cosas: la pérdida y, al mismo tiempo, la sensación de no haber interpretado a tiempo lo que estaba ocurriendo. El abandono abre un vacío, pero también una confusión sobre cómo nombrar lo que se siente.

En esos momentos, el apoyo de otros y la propia comunidad emocional son fundamentales para sostenerse y empezar a explicar —o siquiera entender— ese desorden interior que deja el desamor.

¿Qué papel tienen los límites en la vida de las personas? 

Los bordes representan momentos de cambio que aceleran la maduración interna. Son instantes inesperados que obligan a reflexionar y a comprender mejor a los demás. La comprensión mutua es fundamental: no se puede exigir ser entendido si uno mismo no se entiende.

¿La comprensión es clave en los lazos humanos?

Sí. Incluso los vínculos más cercanos requieren aprendizaje para escuchar y entender.

¿Existe un momento en la vida en que no se pueda evitar un camino no elegido?

Los caminos no elegidos aparecen constantemente y a veces nos arrastran. La responsabilidad frente a los demás o frente a situaciones imprevistas puede conducirnos por rutas que no habíamos planeado, pero que necesitamos asumir.

¿Qué papel tiene la culpa?

Forma parte del proceso emocional, pero no debe paralizar. La verdad y las decisiones son más importantes: reconocer la culpa y de dónde viene permite avanzar sin dejar que destruya. Comprenderla ayuda a asumir responsabilidades sin quedarse atrapado.

¿Qué te llevó a escribir esta historia?

Surgió de una imagen potente y de un impulso emocional. La escritura nace de lo que se percibe con intensidad: escenas, atmósferas y emociones que necesitan explorarse. Es un proceso de seguimiento, de descubrir lo que ocurre y lo que se siente, dejando que las ideas tomen su curso natural.

¿Te condujo por caminos inesperados?

Sí, explorar el dolor, la negación y los lugares emocionales que no esperaba fue inevitable y necesario. Lo importante es dejarse guiar por ese impulso interno, por ese pálpito que permite profundizar en lo esencial de la experiencia humana.

¿Qué te rodea?

Lo que me conecta con la vida y la naturaleza: la fascinación por las plantas y los bosques, que ofrecen calma, reflexión y un sentido de pertenencia.

¿Has seguido alguna vez un camino no elegido?

Sí, la vida me ha llevado por rutas que no elegía. Pero esas experiencias, aunque inesperadas o difíciles, me han permitido descubrir cosas hermosas, aprender y madurar. Creo que esos caminos nos enseñan, nos hacen más sabios y nos acercan al bien común y al afecto. Lo inesperado es una forma fundamental de crecimiento.

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