Marita Alonso
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“La española María Torrijo es la mejor oficial de regatas del mundo, sin excepción, sea hombre o mujer", dijo Bill O'Hara, The Ocean Race. Pionera y referente mandando en la vela, puede presumir de ser la única mujer del mundo en conseguir las titulaciones de juez internacional, árbitro internacional y oficial de regatas internacional.

Confiesa que le debe a su hermano su amor por el mar y por la vela. “De niños me decía que era un deporte muy divertido y que no me lo podía perder”, explica. Le hizo caso. Lo que entonces no sabía ninguno era que en ese momento comenzaba la historia de un referente del deporte.

Cuando terminó los estudios de química, encontró en la vela la manera de ganar algo de dinero los fines de semana. Es decir: su actual profesión era entonces, simplemente, su forma de mantenerse hasta encontrar un trabajo. “Pronto me di cuenta de que me gustaba mucho más estar en el mar que en un laboratorio”, dice entre risas.

¿Otro de sus hitos? En 2020 hizo historia al convertirse en la primera deportista en ocupar el cargo de oficial de regatas en la Copa América, pero basta con hablar unos segundos con ella para descubrir que en su barco no hay ego, sino humildad y cercanía.

La vela sigue siendo un deporte masculinizado. ¿Cómo van esos avances?

Cada vez hay más mujeres que navegan a nivel profesional, pero el porcentaje de ellas en los barcos rondará el 10% de la tripulación. Sin embargo, lo que me gusta es que están sobre todo en puestos clave, de poder. Ahí no prima el esfuerzo físico, sino la inteligencia. Se trata de comprender las reglas, de trazar estrategias, saber dónde ir de la forma más rápida…

¿Crees que puede estar relacionado con el hecho de que las mujeres tienden a escuchar más a los equipos?

Sin duda. Siempre comento que, cuanto mejor tratas a tu equipo, la gente dará lo mejor de sí misma. Me encanta que muchos compañeros quieran trabajar conmigo porque se sienten a gusto y no presionados. Como decía un amigo mío: "Con María trabajo el triple, pero con una sonrisa".

Por lo que veo, es una profesión en la que hay que dejar el ego de lado. Aunque tu voz es esencial, sin el equipo, no eres nadie.

Por supuesto. Yo sola desde mi barco no puedo hacer nada. Necesito tener ojos en todos los sitios para dirigir una regata, sobre todo en embarcaciones muy grandes. Mi objetivo es hacer la regata lo más justa posible.

Bill O'Hara señaló que, tradicionalmente, la vela tiene dificultades para quitarse de encima la idea de que es un deporte gris, masculino y rancio. ¿Crees que estáis logrando que eso desaparezca?

Nunca comprendo bien de dónde viene eso, porque yo, que lógicamente lo vivo desde dentro, puedo decir que nunca he necesitado comprarme un barco. Es decir: no he necesitado gastar mucho dinero para dedicarme a esto. La gente que se dedica a esto no es necesariamente megarica, pero el deporte de la vela siempre ha estado vinculado a esa imagen.

Yo tengo unos inicios muy humildes. ¡No olvidemos que empecé con solo ocho años! Nunca he necesitado que nadie gastara un dineral en mí. Supongo que como normalmente los reyes de todo el mundo navegan, se asocia a eso… Muchos piensan que es un deporte de ricos y esnobs, pero hay de todo.

Imagen de una de las regatas. Nicolás Martínez

¿Recuerdas un punto en el que vieras que las cosas realmente estaban cambiando?

Yo empecé a trabajar de árbitro y, desde entonces, siempre he recibido un trato perfecto por parte de los hombres. Han visto que me he mojado como ellos y que no me he quejado. Por eso, la gente aprecia mi trabajo y no tiene ningún problema conmigo.

A nivel de regatistas, creo que cuando se han empezado a hacer barcos conjuntos de ambos géneros es el momento en que realmente ha habido una evolución muy grande y han empezado las tripulaciones mixtas. En The Ocean Race, por ejemplo, han añadido mujeres, algo que antes era impensable.

Creo que es indudable que ha habido un cambio muy grande. En la vela, nuestro papel cada vez es más importante.

¿Cuáles crees que son los mayores obstáculos con los que a día de hoy todavía os encontráis?

En mi caso, el único que tengo es familiar y, por supuesto, no se trata de un handicap. Tengo una hija de 10 años e intento viajar menos por ella, pero nadie me dice que no la lleve.

La vela aúna la tecnología con esa vertiente casi analógica. ¿Cómo conviven ambos mundos?

Es un deporte en el que nos basamos en las condiciones meteorológicas y, al final, aunque tengamos partes, no deja de ser una predicción. Muchas veces sales al mar pensando que vas a encontrar unas condiciones perfectas para regatear y luego resulta que hay una nube más grande de lo que tocaba y, por eso, el viento no llega cuando tiene que llegar.

El océano no es como un campo de baloncesto en el que, aunque llueva, los horarios se pueden respetar siempre. Tenemos que ver si contamos con la suerte de que las condiciones sean las ideales para navegar. A día de hoy hay muchísimos avances tecnológicos. ¡Hay regatas que se arbitran desde una oficina con el ordenador!

¿Y cómo se gestiona a nivel mental esos cambios constantes, la imposibilidad de planificarlo todo?

No voy a negar que es algo que cuesta. Yo me despierto por la mañana y, como directora de los eventos, tengo a cientos de personas esperando a ver qué decido. Si vamos a salir al agua o esperamos… Es algo que me genera mucho estrés. Lo primero que hago cuando me levanto es mirar el parte meteorológico.

Por si fuera poco, hay que tener en cuenta que las predicciones dicen a veces cosas distintas y no sabes bien qué hacer. En ocasiones, me encantaría que alguien me dijera 'te vas a esperar’, y no tener que tirar tanto de la intuición.

¿Qué les dirías a esas mujeres jóvenes que quieren seguir tus pasos?

Que si lo sueñan, lo persigan. De verdad: ¡no es nada difícil! Yo estoy dispuesta a formar a cualquiera.

Hay exigencias mentales pero, ¿y físicas?

Yo no estoy en forma, aunque en algún momento lo estuve. Puede venir alguien que está todo el día en el gimnasio, pasar dos horas en un barco conmigo e irse agotado.

Has estado en varios Juegos Olímpicos, ¿qué te llevas de esas experiencias?

Es algo realmente especial. Sabes que tienes que hacer un trabajo lo más justo posible, porque el futuro de esos deportistas depende de las decisiones que tú tomas. En un momento dado puedo anular una regata porque creo que no está siendo justa, y estoy determinando quién va a ganar la medalla de oro. Tienes que pensar en lo que conlleva.

¿Alguna vez alguien se ha enfadado por tus decisiones?

Muchas veces, pero yo siempre digo lo mismo: tengo que hacer lo que yo creo que es lo mejor. Y si me equivoco, ¡a pedir disculpas! Los regatistas a la larga ven que eres una persona justa.

¿Hay alguna regata que recuerdes con especial cariño?

La America’s Cup de Nueva Zelanda fue muy emotiva para mí. Era una época en la que el país estaba cerrado por el coronavirus y decidieron contar conmigo, pese a que no era tan fácil hacer viajar a alguien para trabajar. Pasé cinco meses fuera de casa y me traje conmigo a mi hija.

Mientras que en España estaba todo cerrado, allí, después de hacer la pertinente cuarentena de quince días en un hotel, pude salir y ver a la afición, porque el deporte de vela es muy importante. Fue impresionante.

¿Cuál dirías que ha sido tu mayor éxito?

Estar en circuitos profesionales tantos años. Me gustaría que de mí se dijera que soy buena compañera y buena persona. El hecho de que la gente quiera trabajar conmigo es para mí un honor.

¿Cómo mantienes los pies en la tierra habiendo logrado tantas cosas?

A veces me pregunta mi pareja si soy consciente de dónde estoy, pero para mí es algo que he hecho toda la vida. Al final, me dedico a las regatas porque no sé hacer otra cosa. Hay veces que me dicen, incluso a nivel económico, que debería pedir más. ¡Pero es que yo estoy a gusto con lo que tengo!

¿Cuáles han sido tus referentes?

A todos los regatistas los admiro. A veces estoy en una reunión y, al mirarlos, pienso que son leyendas para mí. Es una sensación increíble.

Tienes los títulos de árbitro internacional, juez internacional y oficial internacional de regata. ¿Cuáles son las diferencias?

El oficial de regatas es quien la dirige en el mar, que principalmente es lo que hago más. El árbitro es como el de fútbol, que busca en el campo quién infringe y se le penaliza con banderas. Respecto a la parte de jueza, en realidad es como si fuera un juzgado. Ha pasado una incidencia y, luego en tierra, te la explican, tienes testigos y decides en base a ello. A mí es lo que menos me gusta, porque soy muy de acción y me gusta dirigirlo todo desde el mar.