Veinte, veintiuno (Random House, 2023), es un falso diario. Parece un diario, pero en realidad es un ensayo, un texto literario. Escribí el primer capítulo (“Reales Dragones”) en las primeras semanas del confinamiento, y de inmediato se publicó en inglés e italiano. Como suelen los textos, hizo su propia vida: años después acabó ganando segundo lugar en el premio de ensayo de la universidad de Iowa, por ejemplo.

['Dama Blanca', el thriller que hizo realidad el sueño de su autora y ahora es uno de los más leídos]

Los textos—es un cliché, pero es cierto—son como botellas al mar. Así que mientras el texto “Reales Dragones” iba por ahí haciendo su vida, yo, en mi encierro, no dejaba de pensar en él. En cómo podría haber continuado si tan solo no lo hubiera echado al mar tan pronto... Es decir, que se me quedó el tono en la cabeza. 

El tono de un libro es, esencialmente, su personalidad. Extrañar el tono de un texto es como extrañar la voz de una persona que quieres: no hay otra igual.

Así que se me quedó el tono clavado y entonces seguí tomando notas. Pero como a escondidas de mí misma, porque tenía una beca para escribir otro libro, y un trabajo de tiempo completo, y estábamos en pandemia, y mi hija solo tenía tres años, etcétera. 

Tomé notas por un año entero. No sabía qué iba a hacer con ellas hasta que me contactó Audible para hacer un audiolibro y entonces por fin les di forma: ese es el mismo libro que ahora publicó Random House y que hoy quiero invitarte a leer.

Veinte, Veintiuno es un libro que escribí viviéndolo y viví escribiéndolo. Aunque me dedico a escribir desde hace más de veinte años, esta es la primera vez que escribo, digamos, sobre mí. Salvo un blog en mi adolescencia y una columna en El País, yo siempre había escrito ficción.

Veinte, Veintiuno, en cambio, es un libro de no ficción. O quizás de autoficción. 

(Aunque, como escribo en el libro mismo: En realidad, no tengo la más pálida idea de qué es la auto ficción. ¿Cuál es la diferencia entre la auto ficción y la no ficción? ¿O entre la auto ficción y la sí ficción? O es solo un error de dedo, un adorno churrigueresco, o un hallazgo accidental, como cuando, una tarde de 1994, mi primito corrió hasta mí para informarme que “Kurt Cobain se autosuicidó.)

El caso es que es un libro en el que escribo desde mí. Pero no es un libro sobre mí. Entonces, ¿de qué va este libro?

Lo primero que le digo a mis alumnas de taller es que no escriban por tema, por favor. Que eso no genera literatura sino panfletos. Por eso, me sería imposible decir de qué se trata exactamente este libro.

Trata de todo lo que me interesa. Pero funciona. Es cohesivo. Es hermoso. (Porque en arte no importa el tema, pero sí importan la coherencia y la estética.)

Veinte, Veintiuno trata de los idiomas como máscaras y del lenguaje como materia prima. De miedos y placeres y cómo se relacionan. De mi pareja y el idioma que inventamos juntos. De cómo, en la pandemia, nos volvimos omnipresentes y entonces también, casi, invisibles el uno para el otro. De mi hija que entonces estaba aprendiendo a hablar en inglés y en español al mismo tiempo. Y de cómo, os juro, aprendió francés solita viendo Peppa Pig mientras yo dormía la siesta.

Va de mi casa, de mi trabajo, de cómo vive una migrante que ha decidido dedicar su vida a juntar palabras en otro idioma. Una palabra detrás de la otra, con la esperanza de que esas palabras hagan algo, toquen a alguien, hagan sentir y pensar a alguien.

Va de la diferencia entre los “cuadernos del desahogo” y lo que escribimos para publicar. De la línea fluida y confusa entre lo público y lo privado. De lo que nos da vergüenza admitir y lo que nos da miedo mirar con franqueza. Va de velos y espejos y de cuentos que nos contamos en la noche para sentirnos más segura. Va de cómo, a veces, esos cuentos que nos contamos son los que nos mantienen pequeñas, o en peligro.

Va del país en el que vivo, Escocia, pero también de los otros países donde he vivido (Francia, Alemania, Estados Unidos, España) y quizás sobre todo: del país del que vengo. El país que dejé porque un día a lado de mí mataron a trece personas en treinta segundos y yo decidí que prefería vivir sola, que vivir con miedo. 

El país que me duele como duelen los miembros fantasma: México.

Va de mi otro trabajo, también. No de mi trabajo de escritora, sino de mi trabajo para otras escritoras. De cómo cuando no estoy juntando palabras estoy trabajando para que otras puedan dejar de silenciarse, ya sea como profesora de escritura o como life coach para escritoras. De cómo descubrí el coaching. De cómo lo estudié y de cómo me lo tomo tan en serio, aunque tiene ese nombre tan feo. 

Portada Veinte, veintiuno

Veinte, Veintiuno es un libro que nunca pensé que escribiría, pero del que estoy profundamente orgullosa, y sorprendida, y agradecida, de haberlo escrito y de que Random House lo publicara. 

Igual que un virus, me tomó por sorpresa y cambió mi vida. Espero que sea contagioso, que llegue a sus lectoras, que se lo pasen como un secreto a voces, como una recomendación entre amigas. 

Ya ha hecho buen camino: Jazmina Barrera lo ha llamado “un milagro” y Elena Medel “muy bello”. Latin American Literature Today lo recomendó a sus lectoras. Lo único que puedo desearle es que siga su viaje y haga su vida. 

Y que en ese viaje de contigo. Que lo levantes, lo abras, lo dejes tocarte. Hacerte pensar, hacerte sentir. 

Porque, aunque no lo sabía cuando lo escribí, para eso lo escribí: para ti.

*Laia Jufresa ha sido nombrada como uno de los escritores jóvenes más destacadas de México y de Latinoamérica. Ha escrito para El País, Netflix, BBC, Letras Libres, McSweeneys, Vogue, entre otros. Es la autora del libro de cuentos El esquinista, los libro álbum Camaleón y La apuesta, la novela Umami y el ensayo largo Veinte, Veintiuno. Su trabajo se ha traducido a diez idiomas y ha ganado, entre otros, el PEN Translates Award. Laia también está certificada como “coach transformacional”. Desde 2020 dirige un espacio en línea llamado Escribir es un lugar (www.escribiresunlugar.com) donde ofrece coaching, cursos y espacio para una comunidad entera de mujeres que desean priorizar su escritura en medio del mundanal ruido.