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Muriel Pemberton fue una mujer apasionada del arte en todas sus formas. Se movió con la misma naturalidad entre los lienzos, los figurines de moda y las aulas, construyendo una trayectoria que la convirtió en una de las educadoras más influyentes del siglo XX en el ámbito del diseño.

Nació el 8 de septiembre de 1909 en Londres, en una familia de clase media con inclinaciones artísticas que alentó desde temprano su curiosidad creativa. Desde pequeña asistió a escuelas locales, donde comenzó a demostrar un talento precoz para el dibujo, las manualidades y la observación minuciosa de las personas y sus vestimentas.

A los 15 años, en 1925, ingresó en la Burslem School of Art, siendo la estudiante más joven admitida en el centro. Allí se formó en dibujo académico, diseño aplicado y técnicas vinculadas a la tradición ceramista y textil, consolidando una base sólida para su futuro profesional.

Tras tres años de estudio, obtuvo una beca y el premio mayor que le permitieron continuar en la School of Painting del prestigioso Royal College of Art, en Londres.

Durante estos años formativos, destacó en dibujo técnico, ilustración de moda y técnicas de tejido, muy marcadas por el modernismo y las líneas depuradas de los años 20.

Los comienzos del Sistema Pemberton

En 1931 se graduó como la primera estudiante oficial en diseño de moda en la historia de la escuela, abriendo una puerta académica que hasta entonces no existía para esa disciplina.

A pesar de su corta edad, comenzó enseguida a impartir clases de dibujo de moda en St. Martins School of Art, donde su capacidad para unir teoría y práctica llamó rápidamente la atención.

Su progreso profesional fue tan sobresaliente que, solo un año después, se le confió la tarea de fundar el primer departamento de moda del Reino Unido dentro de la propia facultad, asumiendo la dirección y diseñando desde cero el plan de estudios.

Ese mismo año concibió el llamado Sistema Pemberton, un método de enseñanza revolucionario que se oponía a la educación abstracta y puramente teórica dominante.

Propuso una formación basada en la experiencia directa, donde los pasos que se aplicaban eran: realizar un dibujo técnico claro de cómo se ve la prenda, cortar y construir el molde real, confeccionar la pieza a máquina y, por último, estudiar los orígenes históricos y culturales de ese diseño para comprenderlo en profundidad.

A partir de esta innovación fue nombrada examinadora gubernamental del Board of Education, lo que le permitió viajar por todo el Reino Unido acreditando cursos de moda que adoptaban su sistema.

Gracias a esa labor, su enfoque se extendió a otras escuelas y consolidó un estándar de calidad que combinaba creatividad y dominio técnico. Entre sus alumnos más destacados se encuentran Katharine Hamnett, Bill Gibb, Bruce Oldfield y Zandra Rhodes, nombres fundamentales de la moda británica que reconocen la impronta de su formación.

Artista incansable

Su vida, sin embargo, no se limitó a las aulas ni a los talleres de confección. Paralelamente, mantuvo una producción constante como artista plástica, dedicando muchas horas a la pintura.

Realizaba retratos que funcionaban casi como extensiones de su mirada de diseñadora, centrados en el cuerpo, la postura y la ropa, así como en naturalezas muertas inspiradas en los jardines y entornos cotidianos que la rodeaban.

En sus lienzos adoptó un estilo neorromántico británico, con figuras alegres, flores vibrantes y composiciones de carácter casi onírico, materializadas principalmente en óleo, acuarela y pasteles de trazo grueso.

Esa combinación de color intenso y dibujo hizo que sus obras fueran reconocidas en los circuitos artísticos, y hasta la década de 1980 se exhibieron de manera regular en los Royal Academy Summer Shows, una de las vitrinas más importantes para artistas del Reino Unido.

Con el paso del tiempo, su trabajo pictórico ha seguido circulando y encontrando nuevos públicos. En la actualidad, galerías especializadas como Barewall y Chris Beetles, en Inglaterra, se encargan de continuar su legado mediante la venta de obras originales y ediciones impresas, lo que demuestra el interés por su faceta como pintora.

La huella que dejó trasciende con creces su jubilación en 1975 y llega hasta nuestros días. El departamento de moda que creó y dirigió se convirtió en el programa estrella de Central Saint Martins, hoy considerada una de las instituciones líderes a nivel mundial en diseño.

Una herencia eterna

Desde ese núcleo surgieron generaciones de creadores que cambiaron la industria, y su enfoque pedagógico sigue presente en los planes de estudio contemporáneos.

Muriel Pemberton falleció el 30 de julio de 1993, a los 83 años, dejando una contribución decisiva en la evolución de la enseñanza especializada en moda.

Su labor influyó de forma directa en genios como John Galliano y Alexander McQueen, que pertenecen a esa élite global de diseñadores formados en la tradición académica que ella ayudó a construir.

En la actualidad, su figura vive un merecido redescubrimiento en redes sociales como Instagram y TikTok, donde se la presenta como una pionera olvidada del diseño británico y una referencia para quienes buscan unir arte y moda con una mirada crítica.

Ese doble legado de la pintura neorromántica y el método pedagógico que forjó eminencias de la moda confirma su lugar permanente en la historia y la sitúa como un puente entre la experimentación artística y la formación de nuevas generaciones creadoras.