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La primavera se levanta en Madrid de forma temprana y se cuela por todas partes, incluida la tienda de Flabelus en la inconfundible Calle de Serrano. Allí, la firma fundada por Beatriz de los Mozos se codea con nombres que, como el de su propuesta, resuenan internacionalmente.

Acceder al espacio es hacerlo a la mente de su creadora. Cuando la vallisoletana estaba iniciando el proyecto se lo contó a un amigo y este le dijo que le faltaba algo, el valor distintivo que hiciera de su propuesta algo único. "Faltaba mi mundo interior, que además está muy definido. Es el de la literatura".

Y así van apareciendo Alicia, en este peculiar mundo de las Maravillas. Pero también parejas románticas, como Darcy y Elizabeth. El universo de este mix and match de alpargatas y venecianas no se entiende sin la persona que lo creó, al igual que su éxito.

De los Mozos cuenta que sus diseños se pasean de Los Hamptons a Suiza a la par que explica que cuando arrancó 2026 contaban con 25 tiendas. Ahora la cifra llega a las 45 y esperan alcanzar las 60 en los próximos dos meses.

Flabelus empezó con una idea bastante concreta. ¿Recuerdas cómo era ese primer planteamiento, antes de que todo creciera?

Nunca se me olvidará. Los inicios para todos los emprendedores son muy especiales y cada uno tiene un proceso. En mi caso no lo planeé de esa manera, no tenía una idea establecida ni un business plan, sino que una serie de circunstancias me fueron llevando a donde estoy hoy.

Fue algo muy sencillo: el médico me dijo que no podía seguir llevando zapato plano y pensé que qué faena, porque mi calzado favorito era la veneciana. Entonces me puse a escribir a fábricas de allí porque aquí no lo encontraba para ver si podían hacerme un modelo con plantilla.

Pero la mayoría me dijo que no, así que lo que se me ocurrió fue hacerlo yo misma. Pensé en la alpargata española y a partir de ahí fue surgiendo todo.

Ahora, en Flabelus, no sólo se puede adquirir el calzado del momento, sino también prendas perfectas para divertirse en el día a día y llevar como invitada. Esteban Palazuelos

Cuando arrancaste, ¿tenías claro hasta dónde querías llegar o fuiste improvisando sobre la marcha? Porque cuando te dicen que no, el producto nace de una necesidad tuya.

Te diría que improvisación hay todos los días. Es la rutina de cualquier empresario. En mi caso, cuando comencé, no tenía claro hacia dónde iba, no estaba premeditado, simplemente fue surgiendo.

De repente, un verano, me llegaron los zapatos y me dije "tengo que venderlos". Al ver la cantidad de ventas del primer mes fue cuando empecé a darle forma a todo. Obviamente, yo sueño a lo grande.

Hay muchas marcas nuevas cada año. ¿Qué crees que hizo que Flabelus conectara tan rápido con la gente? Además, nació en 2020, una época muy compleja.

La verdad es que hubo algo de irracional que no se puede controlar, que es algo que se da en moda. A veces me siento con bancos o inversores y me hacen la misma pregunta, pero es algo que no se puede responder con datos.

Todo el mundo quiere tener la receta de la Coca-Cola, lanzar algo y saber al 100% que le va a funcionar y convertirse en un best seller, pero nadie tiene ni idea.

Creo que dimos con la tecla de lo que es el producto, la combinación ganadora de la alpargata y la veneciana. Nadie lo había hecho en el mercado y había un hueco grande en ese momento.

Era época de pandemia y a lo mejor no te apetecía llevar unas deportivas porque necesitabas algo más formal, pero tampoco un tacón o un zapato más arreglado porque no procedía. Flabelus fue el calzado, cómodo, fácil y formal que no existía pero se necesitaba. Es ese in between.

Beatriz de los Mozos, creadora de Flabelus: de abrir 20 tiendas desde que comenzó el año a conquistar Los Hamptons

El zapato plano ya no es solo comodidad. ¿Tú cómo lo vives: por practicidad, por estética o por las dos cosas?

No concibo una prenda que no sea funcional al llevarla. No planteo la moda así. Siempre uso y quiero propuestas cómodas, que fluyan, que te permitan lavarlas, que duren, que sean de buena calidad, que se hagan de una manera determinada... Todos esos son mis valores, que se reflejan también en los zapatos.

La primavera siempre presente en las propuestas de Flabelus. Esteban Palazuelos

Desde fuera, la marca tiene una identidad muy clara. ¿Te salió así de forma natural o fue algo que trabajaste mucho desde el inicio?

Primero de todo, yo no tenía ni idea de moda, así que, evidentemente, había una falta de conocimiento estético, algo que ahora está mucho más depurado porque tengo un ojo que hace seis años no estaba. Las cosas van mejorando a medida que tu equipo y tú lo hacéis.

Hay otro tema que es el presupuesto. No es lo mismo empezar con cero euros que como estamos ahora, ya que tenemos una capacidad mucho mayor a la hora de poder invertir en imagen. Esta está mucha más desarrollada, curada y centrada.

Sin embargo, sí hay una tercera idea que estaba desde el principio: desde el minuto uno, Flabelus se concibe como una marca con ciertos valores.

En principio, comenzó con la sostenibilidad y luego con el emprendimiento de la mujer. Mis clientas lo eran, yo lo era y mi equipo también. Además, creamos un club de emprendedoras desde el primer momento.

Siempre he acogido otros proyectos, más desarrollados o menos desarrollados, pero con la afinidad de que somos todas mujeres, da igual el país.

Y hay otra parte, que es la del color, del mundo literario y mágico, que surge antes que lance el negocio, al contarle a un amigo lo que iba a hacer y lo que había planteado.

Él me dijo "ya Bea, pero le falta trasfondo. Son todo palabras que no dejan de asociarse a un montón de marcas. ¿Qué es lo que te hace única?, ¿qué parte de ti hay en Flabelus?". Entonces vi que faltaba mi mundo interior, que además está muy definido. Es el de la literatura.

De ahí nace la propuesta de que cada zapato fuera un personaje. La primera colección comenzó con parejas: Dante y Beatrice; Darcy y Elizabeth.

La Calle de Serrano acoge el mundo de la firma. Esteban Palazuelos

Emprender también es renunciar, en muchos casos a una estabilidad. ¿A qué has dicho que no para mantener Flabelus como querías?

He cambiado completamente mi forma de vida, pero no me ha importado. Creo que me venía bien ese giro. Cuando algo crece como Flabelus, la renuncia es total y absoluta. No tienes fin de semana, no tienes tiempo libre, no ves a tu familia, no ves a tu marido, no estás con tus amigos, no sales, no lees, no vives. Sólo vives por y para el proyecto.

Y eso es una parte tuya que tienes que saber entender. Al principio me costaba un poco más, pero creo que también tenía un exceso de planes. El poder decir no me apetece salir, me quedo en casa, no hago ese viaje o sigo aquí el domingo por la noche, me ha hecho priorizar mucho más lo que sí es importante para mí.

Es como cuando tienes hijos. La gente me dice, ¡el cambio que te va a dar para entonces la vida! Y yo pienso que ya he vivido una transformación enorme.

¿Cómo decides qué modelos salen y cuáles no? ¿Hay más intuición o más números detrás?

Al principio era todo intuición, y ahora hay parte y parte. Lo que ya sabemos que funciona, lo mantenemos y repetimos o incluimos alteraciones, y con lo nuevo tienes que arriesgar. Ya más o menos entendemos qué le gusta y no al cliente, entonces no hacemos grandes apuestas.

¿Recuerdas la primera vez que viste a alguien por la calle con Flabelus sin conocerte? ¿Qué pensaste?

No recuerdo la primera vez pero sí una que me impactó especialmente. Fue en Los Hamptons e iba andando en verano. Entonces no tenía tienda, la apertura allí fue justo al año siguiente, así que hace unos tres años.

De repente me encontré con un grupo de niñas, cinco, que iban con Flabelus y y no me lo creía, así que las paré y les dije, "oye, chicas, ¿son Flabelus?" Y contestaron que sí y me puse a llorar delante de ellas. Me miraban como si estuviera mal de la cabeza y les expliqué que era mi marca.

Me hizo mucha ilusión porque me pregunté que cómo había llegado hasta allí. Me pasó algo parecido en un aeropuerto en Suiza de un pueblecito pequeñito. En esos me digo "ahora esto es verdad", vas a diferentes partes del mundo y están, es una marca global.

A día de hoy me sigue llamando la atención y me alegro cada vez que veo a cualquier persona con ellas.

Algunos de los modelos de este 'mix and match' de alpargatas y venecianas. Esteban Palazuelos

¿Cómo se llega a estar en Los Hamptons?

En nuestro caso es el boca a oído. Nuestros clientes nos recomienda mucho. Y además, primero, están en Instagram, una herramienta que ha abierto fronteras para todas las marcas, porque ya te pueden ubicar desde China y eso no pasaba antes.

Las páginas web son el segundo paso, porque tienes capacidad para enviar a todo el mundo, que también es algo reciente. Hemos avanzado un montón en los últimos seis años con todo eso.

Por otro lado, nuestro cliente viaja; se pasea por París y ve la tienda. En Londres sucede lo mismo... Hemos abierto muy rápido en posiciones estratégicas como estas dos ciudades además de París y Lisboa, lo que nos ha ayudado mucho a la internacionalización.

No todo sale bien en una marca. ¿Hay algo que lanzarías distinto si pudieras volver atrás?

No me gusta cambiar pasados, por así decirlo, porque todo me ha servido para aprender. De lo que nos sale bien normalmente no extraemos nada, pero de lo contrario, muchísimo. Y yo necesito eso para no meter la pata en el futuro. Al final, a medida que creces, los problemas suelen agrandarse.

¿Cómo es un día normal para ti ahora? Si es que existe algo así.

Mi vida la verdad es que normal no es. Me levanto a las seis de la mañana, esté donde esté, y desde entonces estoy operativa. Igual me he dormido a la una o a las dos, depende del día, pero intento ponerme a todo con todo.

El equipo me habla por WhatsApp y es una faena, porque en cada país se comunican de una manera, pero lo que es internacional es esa aplicación. Es lo que veo 100%. Mi prioridad es irme a dormir al menos con las bases importantes contestadas.

Cuando el proyecto crece, también cambia tu papel. ¿Qué es lo que más te ha costado soltar?

He tenido fases. A mí lo que me encanta son ventas y fue lo primero que tuve que delegar porque retail me necesitaba mucho más que ventas, porque encontrar a una persona buena en apertura internacional es más complicado. Así que me metí en ello.

También he llevado la parte de operaciones y financiera, pero lo dejé el año pasado con mucha felicidad. El reto es cómo tú te vas adaptando a Flabelus en el momento. Ahora por ejemplo estamos en un proceso de cambio y eso es un esfuerzo para todos. Es algo que dura cuatro o cinco meses y luego vuelta a empezar.

Creo que es más un proceso personal, el estar preparada para la nueva empresa que se ha montado. Cuando empecé el año teníamos 25 tiendas, ahora 45 y esperamos llegar a las 60 en los próximos dos meses. El tipo de liderazgo varía y yo como líder ya no puedo estar en todo.

Ir confiando en las personas adecuadas es fundamental, tener un buen equipo. Se lo trasladé a ellos. Necesitamos a gente maravillosa.

La esencia del calzado clásico se fusiona con diseños rompedores. Esteban Palazuelos

¿Cómo crees tú que ejerces ese liderazgo tan necesario?

Creo que soy una persona cercana lo explico todo mucho, bajo al detalle. Soy muy pesada a veces, pero he aprendido en Flabelus a ser estructurada, es importante marcar procesos, fechas, fines de proyectos y tener un programa anual. Entonces, hago que se cumplan todo eso.

Por otro lado, me pueden contactar fácil y estoy disponible todo el día hablando con mi equipo, desde la becaria a la Senior Manager. Doy feedback de todo, pero no soy la típica jefa intensa. Les dejo sus espacios y cuando veo que a alguien no le va bien, voy la primera.

Luego hay una parte importante de cómo animarles, ubicarles, dejarles que cada uno esté donde tiene que estar.