Matéo Dutfoy
Publicada

Primera parada del calendario internacional, la Fashion Week de Nueva York nunca es anecdótica. Abre la temporada, marca el ritmo y establece las primeras líneas de un relato que continuará en Londres, Milán y París.

Para el otoño/invierno 2026-2027, la ciudad impone una visión clara: una feminidad estructurada y segura de sí misma, pero profundamente matizada.

En esta ocasión, la jugada no consiste en apostar ni por el exceso espectacular ni por el minimalismo radical. Nueva York elige el equilibrio. Una elegancia construida con sentido al milímetro, pero sensible. Un armario que ofrece una especie de coraza sin olvidar la creatividad.

Sobre las pasarelas de Carolina Herrera, Proenza Schouler, Tory Burch, Ralph Lauren, Khaite, Coach o Michael Kors emerge un hilo conductor común: la mujer deja huella ocupando espacio sin renunciar a una parte más emocional.

Silueta arquitectónica

La primera señal viene de la mano de las líneas estructuradas. Los hombros se ensanchan, los abrigos se alargan, los blazers ganan volumen. El tailoring se convierte en la columna vertebral de la temporada.

En Carolina Herrera, las formas son precisas, casi gráficas. Las cinturas se marcan a la par que los vestidos conversan con abrigos impecablemente cortados. La elegancia es disciplinada, pero nunca rígida.

La visión de Wes Gordon para la casa. Ángel Colmenares EFE

Khaite lleva esta lógica hacia un minimalismo más denso, menos obvio: abrigos largos monocromáticos, siluetas depuradas y una construcción sutil del cuerpo. La fuerza nace de una especie de contención.

Incluso Michael Kors, fiel a su glamour urbano, adopta una estructura más marcada con chaquetas cuadradas, pantalones amplios y superposiciones cuidadosamente equilibradas.

Esta arquitectura del vestir funciona como una armadura contemporánea. En un contexto incierto, la moda construye presencia. Esta nueva mujer no es frágil, sino que se reafirma desde la calma y la serenidad.

Los tonos tierra

El marrón, desde el chocolate intenso hasta el coñac luminoso, se impone como color dominante. Ralph Lauren lo convierte en emblema, combinando el tweed, cuero y terciopelo en una gama cálida y envolvente.

El marrón en Ralph Lauren. IG vía @ralphlauren

Las tonalidades arcilla, beis profundo y camel funcionan de forma conjunta, creando una atmósfera acogedora. Coach también se adhiere a esta estética de nostalgia americana, con cuero envejecido y matices otoñales.

Sin embargo, el invierno neoyorquino no renuncia a la energía. Tory Burch introduce acentos vibrantes de la mano de los naranjas intensos y rojos cereza, que rompen la neutralidad. Estos destellos aportan tensión visual y recuerdan que la temporada no es estática.

La paleta de colores de Tory Burch. Angelina Katsanis Reuters

El diálogo entre tonos tierra y propuestas más eléctricas refleja un equilibrio emocional entre la estabilidad y el deseo que demuestra que, quizás, al menos sobre la pasarela, todo es posible.

Apuesta por la materia

Si la silueta otorga estructura, la materia se encarga de la narrativa. El otoño/invierno 2026-2027 es el gran aliado de las texturas.

Tweed grueso en Ralph Lauren, cuero flexible en Coach, drapeados fluidos en Proenza Schouler y lanas envolventes en Khaite: cada firma reivindica la dimensión sensorial del vestir.

Proenza Schouler explora los contrastes entre tejidos suaves que acompañan el movimiento y superficies más firmes. El resultado es una feminidad compleja, urbana y abierta a la reflexión.

Ralph Lauren opta por la riqueza: terciopelos oscuros, bordados metálicos y capas superpuestas que aportan profundidad visual.

Los materiales de Ralph Lauren. IG vía @ralphlauren

En una era dominada por lo digital, la moda responde con textura, potencia y realidad.

Todo por los accesorios

Otra evolución notable es el protagonismo de los complementos. En Tory Burch, por ejemplo, los broches inesperados, los collares singulares y los cinturones trenzados añaden una dimensión casi lúdica. El detalle se convierte en intención.

Las propuestas de Tory Burch. Angelina Katsanis Reuters

Ralph Lauren refuerza el acto dramático con cadenas metálicas, guantes de cuero y detalles brillantes que intensifican la narrativa visual. Coach, por su parte, revaloriza el bolso estructurado con aire vintage, otorgándole casi valor patrimonial.

El accesorio deja así de ser complemento para transformarse en firma personal en un armario cada vez más consciente. Estos elementos actúan como signos de identidad.

Romanticismo en claroscuro

Aunque las estructuras se imponen, las líneas suaves también han tenido su momento de gloria durante la semana.

Carolina Herrera mantiene, como de costumbre, una elegancia femenina sofisticada, donde el volumen convive con tejidos delicados. La teatralidad está presente, pero siempre controlada.

Ralph Lauren imagina una heroína moderna entre tradición y aventura. Corsés menos asfixiantes, terciopelos suntuosos y juegos de superposiciones que entretejen una historia protagonizada por el glamour.

Michael Kors, por su parte, introduce una sensualidad más propia de la cotidianidad. Esa, además, que es capaz de adaptarse a las necesidades del 9 to 5 y del 5 to 9: vestidos fluidos bajo abrigos estructurados y faldas combinadas con jerséis amplios. El romanticismo ha de encajar en los ritmos de la vida real.

El aire romántico en la colección de Michael Kors IG vía @michaelkors

La feminidad adquiere un nuevo significado de la mano de estas propuestas. Demuestran que no se trata de un concepto lineal, sino que sus vaivenes oscilan entre el poder y la delicadeza.

Punto de equilibrio

La Fashion Week de Nueva York confirma su papel como medidor cultural. Se hace eco de las tensiones del presente, del contexto, y las transforma en siluetas.

Volúmenes firmes que se deslizan con facilidad por las horas del día. Paletas cálidas en contraste con acentos vibrantes. Materias ricas y accesorios cargados de intención. Romanticismo del siglo XXI y estructuras que otorgan protección.

El otoño/invierno 2026-2027 no busca la ruptura radical. Prefiere la construcción. Una moda que busca el punto de equilibrio sin renegar de sus raíces, pero con una mirada vanguardista.

En Nueva York, la elegancia se presenta como la única constante.