El último emperador de la moda ha muerto. Valentino Garavani, más conocido como Valentino, ha fallecido este martes 19 de enero, tras varios años retirado de las pasarelas, aunque siempre atento a lo que los directores creativos hacían con su firma.
Ha sido Roma la ciudad que le ha visto despedirse. La misma que le vio nacer como empresario para llevar su arte a todo el mundo. La que tantas veces fue escenario de su talento y que vio cómo su rosso lo inundaba todo al margen de tendencias. Tras de sí, deja un legado que poco tiene que ver con el devenir de las temporadas y mucho con una seña de identidad que no necesita de presentaciones.
Su nombre nació de la admiración que su madre tenía al actor del cine mudo Rodolfo Valentino. Nació el 11 de mayo de 1932 en Voghera, una pequeña localidad de la provincia de Pavía (en la región de Lombardía) al norte de Italia.
Cuando salía del colegio, ayudaba como aprendiz a su tía, que era modista, y a una diseñadora de su misma ciudad llamada Ernestina Salvadeo. De ahí nació su amor por una profesión en la que llegaría a hacer historia.
Al cumplir 17 años, se muda a París para estudiar en la École des Beaux-Arts y en la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne. Hace prácticas con Jean Desses (autor del traje de novia de la que luego sería la reina Sofía de España) y Guy Laroche.
Una década después, en 1959, vuelve a Italia para, en 1960, abrir su propia casa de modas, pero no en su ciudad natal, sino en Roma, en la elegante Via Condotti. Cuenta con el respaldo económico de su padre y de un socio de este.
La maison Valentino no se diferencia apenas de las casas de alta costura parisinas, pero el modisto, más dotado para la creatividad que para la gestión financiera, empieza a tener problemas económicos. Por esas mismas fechas conoce al que sería su pareja y socio, Giancarlo Giammetti, quien tomará las riendas de la firma.
Eso permitirá al diseñador centrarse en la parte creativa y en la expansión internacional de la marca. En 1962 organiza en Florencia su primer desfile para la prensa internacional. Y sólo dos años después, se produce un hecho que cambiará su vida.
Jackie Kennedy, viuda de JFK, contacta con él a través de Diana Vreeland, mítica directora de Vogue USA. Le encargará seis modelos en color negro para vestir el luto, y comenzará así una relación de amistad cuyos frutos darán la vuelta al mundo.
El momento de mayor difusión en la historia de la firma se produce cuando Valentino realiza el traje de novia de la ex primera dama para su boda en Grecia con Aristóteles Onassis, en la isla privada de Skorpios, el 20 de octubre 1968.
Jackie Kennedy y Onassis, el día de su boda, junto a la hija de ella, Carolina.
La propuesta, minifaldera y sin velo, creó una tendencia para las novias de medio mundo y formaba parte de una colección al completo en color blanco firmada por el italiano. A partir de ese momento, las colecciones monocromáticas o bicolor serán seña de la casa.
Habían pasado cinco años de la muerte de su marido, y la nueva boda de la llamada viuda de América puso al diseñador en el mapa internacional.
Valentino aprovecha ese tirón mediático y viaja frecuentemente a Nueva York, donde conoce a Diana Vreeland, predecesora de Anna Wintour, y a Andy Warhol entre otros.
Durante los 70, Valentino hace famosa la V de su logo, que coloca tanto a la vista como de forma discreta en prendas y accesorios. Se adapta a las tendencias de la época, pero sigue conservando su gusto por las prendas bien hechas y por la alta costura.
La opulencia y barroquismo de los 80 encontrarán en Valentino a su mejor intérprete. En esta época la actriz Jackie Collins, protagonista de la serie Dinastía, es una de sus mejores clientas. Mujeres de todo el mundo quieren asistir a las fiestas vestidas con sus trajes de cóctel.
Animados por su amiga Elizabeth Taylor, Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti crean L.I.F.E., una asociación de apoyo a los enfermos de SIDA. Para ayudar a financiarla, organizan exposiciones en la Accademia Valentino, diseñada por el arquitecto Tommaso Ziffer e inaugurada en 1990.
Según los expertos, "el estilo de Valentino" es inclasificable: si en sus comienzos bebe de Balenciaga y moderniza la moda como André Courrèges, a lo largo de sus casi cinco décadas puede resumirse como una continuación sin rupturas con la tradición de la alta costura del siglo XX. O una elegancia, en sus propias palabras "con glamour y con sentido del decoro".
Valentino en el Valentinoshow de París, en 2019.
Y su pasión por el rojo dará lugar a que se le identifique con un color, al que se denomina "rojo Valentino" en su honor y que él confiesa haber descubierto en nuestro país. Enamorado de España, ese tono, los lunares y las toreras estarán presentes en muchas de sus colecciones, como inspiración.
Se dice que es el más francés de los diseñadores italianos y el más italiano de los franceses. Bajo el mando férreo de Giancarlo Giammetti, a la marca Valentino la seguirán Valentino Garavani, Valentino Roma y R.E.D. Valentino. Una segunda línea, Oliver, tomará su nombre y su logo de uno de los seis perros pug o carlinos del diseñador y su favorito hasta que falleció.
En los 90 se convertirá en el favorito de las royals. Además de vestir, entre otras, a la reina Sofía, muchas novias de la realeza y la aristocracia le escogen para diseñar su traje de novia: Sibilla Weiller y Torlonia, en 1994, para su "sí, quiero" con el príncipe Guillermo de Luxemburgo; Marie Chantal Miller, en 1995, para casarse con Pablo de Grecia; Máxima Zorreguieta, en su enlace con Guillermo de Orange, en 2002.
En 1998, Valentino vende su empresa a HdP (conglomerado italiano controlado por Gianni Agnelli), pero seguirá al frente de esta hasta que, una década después, pone fin a 46 años de carrera con un histórico desfile en París, el 23 de enero de 2008, en el Museo Rodin.
Para acompañarlo en su adiós a la moda, acudieron muchas de las famosas top models de los 90: Naomi Campbell, Claudia Schiffer, Nadja Auermann, Eva Herzigova, Karolína Kurková y Karen Mulder.
Unos meses antes, Valentino había decidido dejar su marca en manos del tándem Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli, quienes, tras la marcha del diseñador, son nombrados directores creativos de Valentino a cargo de todas las colecciones, desde el Prêt-à-Porter hasta la Alta Costura.
Un año antes, en 2007, el Ayuntamiento de Roma le dedica un homenaje con una exposición retrospectiva en el impresionante Ara Pacis del emperador César Augusto (un monumento construido entre el año 13 y el 9 a.C.) y la ciudad eterna anunció que el Museo Valentino se ubicaría en un edificio en vía San Teodoro.
Una imagen de la exposición retrospectiva de Valentino en Ara Pacis.
Pero el diseñador no sólo es profeta en su tierra. En 2006, el presidente de Francia, Jacques Chirac, le otorgó la distinción de Chevalier de la Légion d'honneur. Y en 2008, recibió también la Medalla de la Ciudad de París por sus servicios a la moda en la ciudad donde se formó como diseñador.
Es amigo de las intérpretes de todas las generaciones, a las que ha vestido para recoger el Oscar. En 1982 Jane Fonda, nominada como Mejor Actriz Secundaria, no se hizo con la estatuilla, pero subió al escenario, vestida de él, a recoger el reconocimiento de su padre por su papel en El estanque dorado.
Ese mismo año, el Museo Metropolitan de Nueva York, del que Diana Vreeland es asesora en el Instituto de Vestuario o Costume Institute, le invita a exponer sus prendas.
Al año siguiente, en 1983, Jessica Lange recoge el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por su papel en Tootsie con un vestido verde agua de la casa. En 1991, Sofia Loren recogió su Oscar honorífico envuelta también en una propuesta del creativo, del que es íntima amiga.
Dos años después, Elizabeth Taylor aceptó el premio humanitario Jean Hersholt por su labor a favor de las víctimas del SIDA, con una apuesta del italiano, al que conoció en los años 60, cuando Roma era un gigantesco plató de cine en el que se rodaban grandes producciones estadounidenses. Desde entonces y hasta la muerte de la actriz fueron inseparables.
En 1994, Sharon Stone, lanzada dos años antes al estrellato por la película Instinto Básico (1992), cierra el desfile de primavera-verano de la firma con un look de novia formado por un minivestido, medias de encaje, botines y un original tocado.
Y, en 2001, Julia Roberts dio la campanada al subir a recoger su Oscar enfundada en un modelo vintage de Alta Costura, blanco y negro, de 1982 que fue recuperado de los archivos de la casa y cuya imagen dio la vuelta al mundo.
En 2005, Cate Blanchet recogió el suyo por su interpretación de Katherine Hepburn en El Aviador, con un espectacular vestido amarillo. Pero también han sido muchísimas las actrices que, aunque no iban vestidas al recibir la dorada estatuilla, sí lo hicieron para pisar la alfombra roja de Hollywood.
Jane Fonda, Julia Roberts y Cate Blanchet recogieron el Oscar vestidas por Valentino.
También Frances McDormand recogió su Oscar por Tres anuncios en las afueras (2017) con un modelo rosa de Valentino. Y en 2021, Carey Mulligan (que estaba nominada) y Zendaya, que entregó un premio, asistieron vestidas por la firma: la primera con una propuesta dorada y la segunda con un vestido amarillo inspirado en Cher.
Dada su estrechísima vinculación con el mundo del celuloide, no resultó extraño que le pidieran hacer un cameo en El diablo se viste de Prada (2006) ni tampoco que en 2009 se estrenara una película en la que es el indiscutible protagonista.
Valentino: The Last Emperor (Valentino: El último emperador) es un documental producido y dirigido por Matt Tyrnauer, corresponsal de la revista Vanity Fair. En él, acompañamos al creativo y a su círculo íntimo a varios eventos, incluido el que celebraba sus 45 años de carrera.
En 2002, HDP vende la empresa Valentino S.p.A. a Marzotto Apparel y desde 2012 es propiedad de Mayhoola for Investments S.P.C., un holding de inversores privados de Qatar. La firma está presente en más de 90 países, a través de 160 boutiques Valentino operadas directamente y otros 1.300 puntos de venta.
También confiarán en la casa para dar el "sí quiero", tras la salida del diseñador "jefe", Elisabetta Rosboch, en 2014, para su enlace con Amadeo de Bélgica; Tatiana Santo Domingo, ese mismo año, para la ceremonia religiosa de su unión con Andrea Casiragui; igual que un año después hizo, para su boda civil con Pierre Casiraghi, la periodista Beatrice Borromeo.
Una de las últimas royals en casarse vestida por la firma fue Anunciata de Liechtenstein, en septiembre de 2021. Pero no será la última.
Entre las 'reinas' del celuloide, escogieron a Valentino desde Elizabeth Taylor en 1992 para unirse a Larry Fortensky, a Jennifer López (para su boda con el bailarín Cris Judd en 2001), pasando por Anne Hathaway en 2012 y y Sophie Hunter (para su enlace con el también actor Benedict Cumberbatch en 2015).
También vistieron a Nicky Hilton para su boda en 2015 con James Rothschild y a Gwyneth Paltrow para su segundo matrimonio (con el productor Brad Falchuk en 2018). Y ese mismo año se casó Marta Ortega con Carlos Torretta, vestida por Pierpaolo Piccioli.
La última celebrity en confiar en la firma ha sido Nicola Peltz, para su enlace con Brooklyn Beckham, en abril de 2022.
Tras la marcha de María Grazia Chiuri a Dior, el 7 de julio de 2016 —maison que abandonó en 2025— la casa nombra a Pierpaolo Piccioli único director creativo de Valentino. Este diseñador ha sabido conservar y hacer crecer el legado de su predecesor, acercándolo a las generaciones más jóvenes.
Para marcar su impronta personal, en la colección otoño-invierno 2023, Piccioli diseñó 81 looks en el tono rosa característico de la firma, que fue registrado como Pink PP por el Instituto Pantone del Color, y cuya imagen es la actriz Zendaya.
A la izquierda, Zendaya, imagen del color 'PP Pink'; y a la derecha, Selena Gomez.
Tras la salida de Piccioli del atelier, su sucesor fue Alessandro Michele, que aún ostenta el cargo de director creativo. El italiano previamente había dejado su impronta —ecléctica y teatral— en Gucci, donde permaneció a lo largo de 20 años.
Valentino se ha ido, pero no se apaga. Su legado permanece en cada costura impecable, en cada silueta pensada para perdurar y no para pasar. En cada guiño al rojo.
Fue testigo y protagonista de casi un siglo de moda, sin renunciar nunca a una idea muy clara de elegancia, ajena al ruido y fiel a sí mismo. En un sector marcado por la prisa, defendió el tiempo, el oficio y la belleza entendida como actitud.
Hoy la moda pierde a uno de sus grandes nombres, pero gana algo más duradero: una herencia estética y cultural que seguirá hablando de él sin necesidad de presentaciones.
Si quieres repasar en imágenes la historia de Valentino, puedes acceder a esta fotogalería de su trayectoria.
