Pepe Herreros Cristina Pérez-Hernando
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    Compartir armario ya no es una anécdota ni un gesto puntual robado a la comodidad del domingo, herencia del padre o préstamo del novio de turno. Esta temporada, los matching looks salen a la calle y se convierten en una declaración estética que entiende la moda como diálogo, no como espejo.

    Vestirse en pareja no va de uniformarse, sino de encontrar un punto común desde el que cada uno siga hablando en su propio idioma. Y ese lugar, ahora mismo, se sitúa entre la oficina y el afterwork, entre el rigor del día y la ligereza de la tarde que se alarga sin pedir permiso y que hace que la vida sea mucho más ligera. Un mix and match perfecto que es una representación total de los extremos de la vida. 

    Los códigos formales se relajan, pero no desaparecen. Suponen una evolución de los clásicos infalibles. Blazers estructuradas conviven con pantalones de caída fluida; camisas que antes solo veían luz artificial de terroríficos fluorescentes se combinan ahora con tejidos gustosos.

    [Minimalismo, fe y rebeldía, los ingredientes que hacen de la moda modesta la tendencia más viral en las redes y la calle]

    Los tonos otoñales —camel, burdeos, verde bosque, azul noche— colorean una paleta compartida que funciona casi como un Excel bien ordenado: hay columnas de auténticos must y filas dedicadas a guiños urbanos que actualizan el conjunto sin romperlo. Todo encaja, todo suma. 

    El terciopelo aparece como valor añadido que eleva el estilismo sin hacerlo impostado. Es una fórmula inherente a esta época del año. En una americana, en un pantalón casual o en pequeños detalles, aporta una sofisticación discreta que se alinea con una forma de vestir que huye del exceso, pero no renuncia a algo que la haga especial.

    En estos tándems, ella y él se mueven en el mismo relato visual, aunque cada silueta tenga su propio ritmo. Uno en el que los pasos de ambos se marcan al compás. 

    La moda de pareja ya no responde a la idea de complementariedad clásica, sino a una horizontalidad estilística en la que ambos participan desde el mismo nivel. Se acabó la cursilería que antes acompañaba a estas duplas.

    Ahora, no hay uno que lidere y otro que siga; hay acuerdos implícitos, elecciones compartidas y una mirada común hacia las tendencias. De la jornada laboral a la cita improvisada al caer la tarde, estos looks funcionan porque entienden el contexto y se adaptan sin esfuerzo. Al menos no de forma obvia. 

    Al final, vestir a juego es una excusa para hablar de algo más amplio: de cómo se trazan las relaciones con la ropa, con el tiempo y con quién tenemos al lado. La vida en clave de dos sigue estando de moda. 

  • Dos looks para el día

    Dos conjuntos para moverse por la ciudad sin rigideces. Ella lleva un polo sin mangas beis, pantalón palazzo azul marino y bolso, todo de Loewe. Pulsera Serpenti Viper en oro blanco con pavé integral de diamantes (c.p.v.); pulsera B.zero1 en oro amarillo (c.p.v.); el reloj es el modelo Serpenti Tubogas con caja en acero inoxidable y bisel en oro rosa con diamantes engastados (c.p.v.). Todas las joyas son de Bvlgari. 

    Él luce un total look de sobrecamisa, pantalón y jersey beis anudado en los hombros, todo de Tod's.

  • Un acierto seguro

    Bien sabido es que el traje constituye el must-have que todo armario masculino debería incluir, sencillamente porque no pasa de moda. Este look se conforma de una americana negra de terciopelo, camisa blanca y pantalón negro, todo de Giorgio Armani. El reloj Chronometerwerke, mecánico de cuerda manual en acero con caja de tipo Tonneau, es una edición limitada de la firma Wempe.

  • Terciopelo para la noche

    ¿Y cómo podemos ir a juego nosotras para una salida nocturna? Por ejemplo, con este vestido de terciopelo morado, de Dior; y collar de la colección Trinity realizado en oro amarillo, blanco y rosa, de Cartier (c.p.v.). 

  • Estilo bajo la lluvia

    Este look masculino es perfecto para los días pasados por agua compartidos en pareja, esos en los que el plan es sencillo pero especial: refugiarse del frío para tomar un café y alargar la conversación sin mirar el reloj. La gabardina beis aporta elegancia, la camisa azul cielo ilumina el conjunto y la corbata gris equilibra el conjunto con sobriedad. Todo de Dior, en una combinación atemporal que demuestra que incluso bajo el paraguas, el estilo también acompaña a los pequeños momentos. ¿Lo mejor? Que tanto él como ella podrán recrearlo sin dificultad.

  • Elegancia funcional para diario

    Este look de ella está pensado para acompañar el ritmo real del día a día. Ideal para esas jornadas que comienzan en la oficina y se alargan hasta un almuerzo especial juntos, combina elegancia y funcionalidad a partes iguales. La modelo luce camisa azul clara con cinturón y pantalón verde botella, todo de Tod's; y anillo H Booming en oro amarillo con cuarzo rosa, de Hermès.

  • 'Cozy' fuera de casa

    En su versión masculina, el estilismo apuesta por una elegancia relajada que dialoga de forma natural con el estilismo de ella. El jersey de cuello vuelto beige con estampado de cuadros —uno de los patrones que ya marcan 2026— aporta carácter y textura al conjunto, mientras que el pantalón verde refuerza esa conexión cromática entre ambos looks. Una propuesta pensada para el día a día compartido, perfecta para pasar de la rutina a un plan especial sin necesidad de cambiarse. Ambas prendas son de Hermès.

  • Sofisticación sin excesos

    Para la tarde-noche, este conjunto de ella eleva la propuesta hacia un estilo chic depurado y atemporal, siendo una opción perfecta para salir a cenar por la ciudad. Si te ha conquistado, toma nota: total look de top y falda de tubo en lana gris, de MaxMara; y bolso de Loewe. Pulseras y anillos de oro y diamantes, todo de Rabat.