María Muñoz Rivera
Publicada

Resulta molesto al adherirse a las suelas de los zapatos y en los bajos de pantalones y faldas. Sustenta, en definitiva, el origen de la vida al albergar raíces y cultivos, y es capaz de conectar cada punto del mundo, porque está presente en todos ellos. Existe cierta ironía en que una materia tan democrática como el barro se erija como un objeto de deseo para el coleccionismo de lujo.

La ceramista Lisa Allegra encontró en el moldeado de este material el medio que le permitía una autonomía total: pensar, modelar, producir y dar sentido a cada pieza sin intermediarios. Lo que comenzó como un proyecto fallido durante sus estudios se convirtió en una lección fundacional sobre paciencia y humildad, valores que hoy atraviesan un trabajo reconocido por firmas como Cartier o Hermès.

En un ecosistema de producción marcado por un pulso acelerado –y cada vez más digitalizado–, las imperfecciones que surgen al trabajar manualmente este material en sus diferentes fases cobran cierta belleza.

Retrato de la ceramista Lisa Allegre.

Es quizás porque en ellas habita algo así como un espíritu de autenticidad y de humanidad, casi de acto revolucionario frente a la perfección mecanizada e impoluta que impera en un diseño cada vez más homogeneizado.

Asimetrías, muescas o grietas se convierten en una especie de condecoración orgánica. Un sello que recuerda que detrás de una obra, existen las manos que la modelaron y, en definitiva, le dedicaron tiempo y presencia, dones escasos en estos días.

La personalización y la artesanía se están convirtiendo en una nueva forma de lujo. ¿Recuerda su primera experiencia relacionada con la cerámica? ¿Cuándo descubrió que quería dedicarse a ello?

Mi primera experiencia con la arcilla se remonta a mis estudios en Artes Decorativas. Había imaginado un mobiliario que combinara cerámica y plástico reciclado. La idea era realizar grandes superficies de barro, algo que, con las herramientas de las que disponía, resultaba muy complicado. Sin mencionar que obtener superficies amplias y perfectamente planas es una de las cosas más complejas en cerámica. El proyecto fracasó y me hizo entender inmediatamente que la cerámica, pese a su aparente accesibilidad, requiere paciencia y humildad.

¿Es ahí cuando puso toda su energía en la arcilla?

Tras algunos años en agencias de diseño y en Diptyque, creando vitrinas, sentí la necesidad de volver a la creación de mobiliario. Y, sobre todo, el deseo de una autonomía completa: concebir, producir, comunicar, vender. La arcilla se impuso como el material que me permitía ser independiente de principio a fin. Lo que me gusta es su versatilidad. Se pueden imaginar formas diminutas o monumentales, pensar tanto en un objeto como en un elemento arquitectónico. También me atrae su relación directa con el cuerpo: todo se hace a escala de la mano, del brazo, del ritmo del gesto. Es un material que ofrece una diversidad y una riqueza de modelado increíbles, y que además está literalmente bajo nuestros pies. Era el material que mejor correspondía a mi manera de trabajar y a lo que quería desarrollar.

Ha colaborado con marcas como Cartier o Hermès. ¿Cuáles son las tendencias actuales de las marcas de lujo en materia de decoración?

Como artista, las tendencias —sean de color, forma, etc.— me importan bastante poco. Intento sobre todo permanecer fiel a mi manera de concebir los objetos, con una estética minimalista pero también con una firma clara, que nace de una forma de trabajar sincera y no guiada por lo que está de moda. Lo que observo es que las casas de lujo recurren cada vez más a artistas y artesanos cuyo saber hacer exige tiempo, paciencia y una verdadera presencia en el gesto. En un mundo en el que las herramientas producen cada vez más rápido y de manera más eficiente, las piezas que llevan irregularidades, una parte de singularidad y el ritmo del cuerpo se convierten en un lujo aún más preciado. Creo que es esto lo que buscan hoy estas marcas cuando se interesan por prácticas como la mía.

¿Qué lugar ocupa la cerámica en el universo del lujo contemporáneo y por qué cree que ha adquirido tanta importancia en los últimos años?

La cerámica es un material a la vez proteico y profundamente cálido. Cuando uno está frente a una pieza modelada a mano, percibe inmediatamente lo distinta que es de un objeto manufacturado: la textura, el peso, las pequeñas irregularidades, la manera en que la materia reacciona a la luz... Todo ello crea una proximidad muy particular. Creo que esta es una de las razones de su regreso al universo del lujo: hoy buscamos objetos que lleven una presencia real, que conserven la huella de un gesto. Además, en los últimos años ha surgido una atracción por una estética más mediterránea, más mineral, que pone en valor la tierra y los procesos artesanales. La cerámica encaja perfectamente en esta búsqueda de calidez y autenticidad. Permite crear piezas muy diversas en su forma, pero que siempre conservan ese vínculo directo con la mano. Es esta combinación —la fuerza expresiva del material y su dimensión sensible— la que, a mi juicio, explica el lugar que ha recuperado en el lujo contemporáneo.

Vase La Poche APPAREL by Lisa Allegra.

Sus piezas combinan funcionalidad y una fuerte identidad escultórica. ¿Cómo encuentra el equilibrio entre el objeto cotidiano y la obra de arte?

Para mí, el punto de partida siempre es la funcionalidad del objeto. Es ella la que fija el marco. La forma se construye después alrededor de esa base, se afina hasta encontrar una coherencia entre el gesto cotidiano y la presencia escultórica que busco. Creo que la riqueza se sitúa precisamente en ese equilibrio. Un objeto que utilizamos cada día puede convertirse en un compañero visual o en un paisaje interior. Debe ser ergonómico y evidente en su manejo, pero también puede ofrecer algo más: cierta poesía o un diálogo con el espacio que abra un imaginario. Esa doble dimensión es la que me interesa: piezas que no se limitan a cumplir una función, sino que acompañan nuestra vida, que crean una atmósfera. El objeto se convierte casi en un umbral entre lo cotidiano y algo más sensorial. Sigue siendo útil, pero porta en sí una intensidad, una presencia que supera el uso. Es en ese intersticio entre lo útil y lo sensible donde se sitúa mi trabajo.

¿Cómo define el lujo en el contexto del diseño artesanal y qué elementos considera indispensables para que una pieza forme parte de ese universo?

Para mí, en el diseño artesanal, el lujo está ligado al tiempo que se dedica a la elaboración de una pieza. Trabajar la arcilla es muy accesible (eso es lo que admiro del material), pero tender hacia una maestría perfecta es una búsqueda infinita. El tiempo, la atención, la precisión del gesto y la sinceridad del proceso constituyen, a mi entender, la verdadera definición del lujo. Una pieza realizada a mano lleva en sí una densidad que no puede obtenerse de otro modo: conserva la huella del cuerpo, del ritmo, de las decisiones que moldearon su forma. Considero esencial esta presencia, pero también el lugar que se deja a lo imprevisto, a lo vivo. Una pieza entra en el universo del lujo cuando ofrece una experiencia —visual, táctil, casi emocional— y nos invita a ralentizar y mirar de otra manera.

Sus obras se producen en series limitadas y con variaciones únicas. ¿Por qué es importante la exclusividad en su trabajo?

Más allá de la dimensión exclusiva, en mi estudio cada pieza se fabrica por encargo. Esto crea inmediatamente un vínculo particular entre el objeto y la persona que lo espera. Desde las primeras etapas del modelado, la pieza ya lleva una historia y un destino. El trabajo manual permite también crear variaciones y, cuando el proyecto lo requiere, llegar al hecho a medida. Adaptar una forma o una proporción a un espacio concreto forma parte de lo que hace que cada pieza sea aún más singular. La exclusividad no está solamente ligada a la rareza, sino a esta relación directa entre mi trabajo, la pieza y el coleccionista. Es esta dimensión íntima y precisa la que considero valiosa y deseo preservar.

Durante años, el lujo se asoció al exceso y la ostentación, pero parece que hoy se orienta hacia el minimalismo: lo vemos en la moda con el quiet luxury, en la belleza, la arquitectura, la decoración...

Se habla mucho de minimalismo y de quiet luxury, pero vivimos en un mundo atravesado por deseos contradictorios. Es una estética que seduce, sí, pero si observamos la cantidad de productos que se ofrecen, incluso por parte de las casas de lujo, no se puede decir que la tendencia real sea la sobriedad. El verdadero minimalismo no se reduce a una paleta neutra o a líneas depuradas. Implicaría producir menos, consumir menos. No podemos fabricar ni poseer siempre más. Exige otra manera de pensar los objetos, su utilidad, su duración de vida. Si el lujo quiere ser coherente con esta idea, debe ir en esa dirección. Cuando abrí mi estudio, rápidamente tracé una línea: no buscar el crecimiento a toda costa. Para evolucionar, prefiero profundizar: desarrollar proyectos más a medida, más ambiciosos en su intención, en lugar de multiplicar los objetos o correr tras la novedad. Es mi manera de conciliar creación y responsabilidad sin entrar en una lógica de expansión permanente.

Lisa Allegra afirma que los coleccionistas valoran "el tiempo y el saber hacer dedicados a cada pieza, así como por sus particularidades". Cedida

¿Qué tipo de coleccionistas o espacios buscan hoy objetos con la presencia escultórica que caracteriza su trabajo?

A menudo se trata de arquitectos y decoradores que buscan piezas con una fuerte presencia escultórica, especialmente para hoteles, residencias privadas o marcas que dan una gran importancia a los materiales naturales y a una dirección artística afirmada. Del lado de los coleccionistas, lo que más valoro es el respeto que tienen por el tiempo y el saber hacer dedicados a cada pieza, así como por sus particularidades. Se interesan tanto por el proceso como por el resultado, y la relación suele construirse en el intercambio y la curiosidad por lo que hace que cada objeto sea único. Son personas o lugares que privilegian pocas piezas, pero piezas que cuentan.

La cerámica suele caracterizarse por sus imperfecciones. ¿En qué medida la imperfección artesanal puede considerarse un signo de lujo en un mercado saturado de productos uniformes?

Lo que se busca en la imperfección es la presencia del gesto y la prueba de que detrás del objeto hay un ser humano. En cerámica, además, está la etapa de la cocción, donde lo imprevisto puede desempeñar un papel importante: un esmalte que reacciona de forma distinta, una marca de la llama, una ligera deformación. En un mundo donde se puede producir todo a la perfección y a gran escala, esta parte aleatoria se vuelve preciosa. Da a la pieza un carácter único, casi mágico, que contribuye plenamente a su valor.

Barcelona se ha convertido en su base de trabajo. ¿Qué le aporta la ciudad y cómo dialoga su estudio con la tradición artesanal local?

Mi llegada a Barcelona marcó un nuevo capítulo en mi vida. Cambiar de entorno, cultura, clima y lengua me permitió salir de un marco familiar y experimentar de otra manera, a la vez que me reencontraba con lo esencial: la creación. Es una ciudad con un patrimonio artístico inmenso: Gaudí, Picasso, Miró, Tàpies... Su presencia está en todas partes, y creo que, incluso de forma inconsciente, ha aportado más redondez a mi manera de abordar la forma. Barcelona también es un lugar donde sopla un verdadero viento de libertad.

¿Qué le inspira?

El respeto por las diferencias, la apertura a la diversidad sexual y de género, los avances en los derechos de las mujeres han alimentado mi evolución, tanto personal como profesional. En cuanto a las tradiciones artesanales locales, lo que más me influencia aquí es la estética mediterránea: materiales minerales, una luz estructurante y una simplicidad constructiva heredada de la arquitectura vernácula. Las superficies mates, los volúmenes gruesos y las irregularidades asumidas revelan una relación directa con el gesto y el clima. Esta sobriedad cálida ha enriquecido mi mirada

¿Cómo percibe la creciente demanda de obras escultóricas en los proyectos de interiorismo de alta gama?

Hoy, las tendencias en decoración se renuevan con mucha rapidez y la gran distribución propone objetos que acaban por uniformarse. Los proyectos de alta gama buscan alejarse de ello, creando interiores singulares. Ahí es donde las obras escultóricas adquieren todo su sentido: estructuran un espacio y generan una atmósfera que da una identidad fuerte al lugar. Esta demanda creciente surge de la necesidad de objetos que lleven un gesto, una historia, una presencia. En entornos a menudo muy controlados, estas piezas aportan una respiración y algo más sensible. Permiten construir espacios que no buscan la perfección lisa, sino una personalidad más encarnada.

Según su experiencia, ¿qué distingue una obra realmente excepcional de un simple objeto decorativo?

Una obra realmente excepcional se distingue por su capacidad de perdurar y atravesar los años. Lleva una intención que le da una identidad propia y que, con el tiempo, adquiere aún más valor. Es un objeto a la vez atemporal y testigo de una época. Una pieza excepcional no se limita a acompañar un interior o a ocupar un espacio: lo transforma. Se inscribe en una continuidad, crea un vínculo entre las personas y los lugares, y se transmite de generación en generación. Es esta combinación —presencia, sentido y durabilidad— la que, para mí, la distingue claramente de un simple objeto decorativo.

¿Qué consejo daría a alguien que quiere comenzar a coleccionar objetos decorativos de alta gama?

Creo que lo primero es dejarse tocar por el objeto de manera intuitiva y sensorial. Antes de cualquier consideración de estilo, valor o tendencia, hay que sentir que una pieza genera una resonancia, que tiene una presencia que nos habla. En segundo lugar, me parece importante interesarse por la persona que la ha concebido y comprender su enfoque, su relación con el material, su exigencia, la manera en que fue hecha la pieza. Comenzar una colección es, de algún modo, construir un diálogo entre uno mismo, las obras y quienes las crean. Es ese encuentro el que, en mi opinión, da todo su valor a una pieza.