Elegir el vestido de novia es, para muchas mujeres, uno de los momentos más delicados —y emocionantes— de los preparativos de una boda.
No es una decisión que se tome a la ligera: el proceso puede alargarse durante meses entre pruebas, ajustes y retoques hasta que la prenda encaja como un guante y se convierte en una auténtica extensión del cuerpo. Un calendario que, sin embargo, se queda corto cuando hablamos del vestido de novia más caro jamás creado.
Esta pieza imposible, fuera del alcance de casi cualquier bolsillo, está valorada en 15 millones de dólares —unos 12,5 millones de euros al cambio actual— y requirió más de un año de trabajo artesanal.
Se tardó más de un año en confeccionar y lleva diamantes incrustados.
No es un diseño discreto ni pretende serlo: su espectacularidad es tal que convierte en foco absoluto de atención a quien lo lleva, gracias a los materiales preciosos que lo componen y a una ejecución pensada para deslumbrar.
Detrás de esta obra excepcional se encuentra el diseñador egipcio Hany El Behairy, uno de los grandes nombres de la alta costura nupcial en Oriente Medio. Su sello personal se reconoce al instante: vestidos exuberantes, cargados de pedrería, bordados imposibles y siluetas que realzan la figura femenina con una teatralidad muy estudiada.
El Behairy ha construido su reputación vistiendo a mujeres de la alta sociedad y a celebridades de los Emiratos Árabes, acostumbradas a diseños exclusivos y presupuestos sin límites. Aunque muchos de sus vestidos alcanzan cifras astronómicas, esta creación supera a todas las demás y ocupa un lugar especial dentro de su trayectoria. No solo por su precio, sino por la puesta en escena elegida para presentarla al mundo.
La revelación tuvo lugar en diciembre de 2019, la víspera de Nochebuena, coincidiendo con el desfile número 100 del diseñador. Para la ocasión, eligió uno de los hoteles más lujosos de El Cairo y reunió a cientos de periodistas internacionales. La iluminación, cuidadosamente diseñada, dejaba todo en penumbra para que el vestido brillara —literalmente— como la auténtica estrella de la noche.
El momento culminante llegó cuando la artista y actriz egipcia Mai Omar, una de las figuras más populares del país, apareció en la pasarela enfundada en el que ya se había coronado como el vestido de novia más caro del mundo.
¿El motivo de su precio desorbitado? Cada centímetro del traje está trabajado a mano y cubierto de diamantes y piedras preciosas, cosidas una a una, un proceso que explica los más de doce meses necesarios para completarlo.
Además, su diseño rompe con el esquema tradicional: por delante, la falda se acorta hasta la altura de la rodilla, mientras que por detrás se prolonga en una imponente cola decorada con joyas que multiplican el efecto visual.
A esta creación se suma un velo concebido como parte esencial del conjunto. El Behairy imaginó una pieza inspirada en un cielo nocturno, salpicado de estrellas formadas por miles de diamantes. Lejos de ser un simple complemento, el velo actúa como una prolongación natural del vestido, reforzando su carácter casi celestial y elevando aún más el conjunto.
Los diseños del modisto egipcio están pensados para novias que no quieren pasar desapercibidas y que aspiran a convertir su vestido en una pieza digna de museo. Auténticas joyas textiles reservadas para una élite capaz de asumir cifras que se miden en millones.
Otros vestidos nupciales
Este vestido no es un caso aislado en la historia de la moda nupcial. A lo largo de las últimas décadas, han surgido creaciones igualmente legendarias, como el vestido de diamantes diseñado por Martin Katz y Renee Strauss, valorado en unos 12 millones de dólares -unos 10,8 millones de euros-, o el fastuoso diseño que llevó la princesa Diana de Gales en su boda con el actual rey Carlos III del Reino Unido.
En su momento, el vestido de Lady Di fue considerado uno de los más caros jamás confeccionados debido a la complejidad de sus bordados y la longitud de su cola. Más allá de su función ceremonial, estos vestidos representan el extremo del lujo, donde la moda se cruza con la joyería y la artesanía alcanza niveles casi irrepetibles.
Piezas que no solo cuentan historias de amor, sino también de poder, estatus y una fascinación eterna por convertir el gran día en un espectáculo inolvidable.
