Publicada
Actualizada

Con el calor del verano, la lavadora parece no descansar. Cambiamos la ropa con más frecuencia, las toallas pasan continuamente por el cesto y aprovechar que todo se seca en pocas horas hace que los lavados se multipliquen durante esta época del año.

En muchas viviendas, además, la lavadora está instalada en una galería, una terraza o incluso en el balcón para ganar espacio dentro de casa. Una solución muy habitual que, sin embargo, puede convertirse en motivo de conflicto si el aparato genera ruido o vibraciones que terminan molestando al resto de vecinos.

Y es que el problema no suele ser tener la lavadora en el exterior. Lo que realmente puede dar lugar a sanciones es utilizarla de forma que incumpla las ordenanzas municipales sobre ruido o provoque molestias continuadas en la comunidad.

Precisamente durante el lavado es cuando apenas suele haber problemas, pero todo cambia cuando comienza el centrifugado. Es precisamente en ese momento cuando la lavadora alcanza su mayor nivel de ruido y también transmite más vibraciones al suelo.

En verano esto se nota todavía más. Las ventanas permanecen abiertas durante buena parte del día y de la noche y cualquier sonido llega con mucha más facilidad a las viviendas colindantes.

Según la mayoría de ordenanzas municipales, el descanso nocturno está especialmente protegido en estos casos. Y es que, aunque cada ayuntamiento fija sus propios límites, durante la noche los niveles de ruido permitidos suelen situarse entre los 25 y los 30 decibelios.

Una lavadora funcionando puede superar fácilmente los 70, sobre todo durante el centrifugado.

No solo importa el ruido

Pero las molestias no siempre tienen que ver con el sonido. Una lavadora mal instalada también puede provocar vibraciones que se transmitan al techo del vecino de abajo o incluso pequeños problemas de humedad si la evacuación del agua no está bien resuelta.

Además, en algunas comunidades de propietarios también existen normas que limitan la instalación de determinados electrodomésticos cuando quedan visibles desde la fachada del edificio.

No ocurre en todos los casos, pero conviene revisar los estatutos antes de hacer cualquier modificación.

Qué puede hacer la comunidad de vecinos

Lo más habitual es que todo empiece con una conversación entre vecinos. Si el ruido se repite cada noche o resulta especialmente molesto, normalmente el primer paso consiste en avisar al propietario para intentar solucionar el problema sin necesidad de llegar más lejos.

Cuando esto no funciona, la comunidad puede intervenir. El presidente está facultado para requerir por escrito el cese de la actividad apoyándose en el artículo 7.2 de la Ley de Propiedad Horizontal, que prohíbe realizar actividades que resulten molestas para el resto de residentes.

Solo si la situación continúa y las molestias son reiteradas pueden iniciarse acciones judiciales.

Multas de hasta 3.000 euros

Al margen de la comunidad, también puede intervenir el propio ayuntamiento si existe una denuncia por exceso de ruido.

En estos casos, la Policía Local puede realizar mediciones para comprobar si realmente se están superando los límites permitidos por la ordenanza municipal. Si se confirma la infracción, las sanciones varían según cada municipio.

Las más leves suelen comenzar alrededor de los 100 euros, aunque cuando las molestias son importantes o existe reincidencia, algunas ordenanzas contemplan multas de hasta 3.000 euros. Por eso, antes de poner la lavadora durante la noche o instalarla en un balcón o terraza, conviene comprobar tanto las normas de la comunidad como la regulación municipal.

En muchas ocasiones basta con cambiar la hora del lavado o mejorar la instalación para evitar problemas con los vecinos y también con el bolsillo.